lunes, 10 de noviembre de 2008

Jorge Luís Borges

Olvido con facilidad la cara de quienes no me han proporcionada nada interesante; ya sea para bien ya para mal. Y estos son muchos.
Hace años que no sé nada de David Platja. Se fue de viaje a la India y vete a saber por donde anda hoy. Creo que la nuestra fue una relación a la antigua usanza; quizás diría muy griega, pero eso conllevará suposiciones equívocas. En cualquier caso fue un lazo muy viril, de hombre a hombre, forjada en la potencia de la lógica, de los razonamientos incluso del conocimiento. La compañía de las mujeres, en cambio, suele propiciar otra clase de placer en la medida que, desengañémonos (y quien no quiera verlo es su problema), hombres y mujeres no manifiestan las mismas condiciones intelectuales.
David Platja ha sido un grato oponente para mí ¡Cuántas horas de ágiles, agresivas e inocentes discusiones compartimos! Me acuerdo un día que nos pasamos de las 6 de la tarde, después de tropezar por casualidad, hasta las 8 de la mañana departiendo sobre los diálogos de Platón! Nunca me había sentido espiritualmente más despierto, más excitado, más desvelado... En cambio, cinco minutos tragándome a ciertos tontolabas me resultan suficientes para pillar migraña, fastifio y agobio ¡Especialmente si me hablan de Platón! Lo confieso, soy harto caprichoso: no me como lo que no me gusta ¿Seré cruel e injusto? Sí.

Fue él quien me descubrió a Borges -Éste es el mejor libro que tengo, lo guardo como si una reliquia- Me confesó al prestarme con entusiasmo las obras completas de Borges. La verdad es que empecé las lecturas con esperanzas... pero me decepcionó. Me supo a poco... Retorica refinada, sí, pero poca fuerza, poca decisión intelectual, algo de mareo lógico al flirtear con el infinito y una simbología que me sabía empalagosa y suntuosa -Borges aún anda encallado en Kant; aún cree en los fenómenos y en los datos immediatos de la experiencia- Presentí. Cierto es que, instintivamente, prefiero a los autores naturales y directos; los cuentos son para las mujeres y los niños. Y demasiada artificialidad y parafernalia me agobia como los postres cargados de azúcares y grasas. Repito, todo esto es para mujeres y niños.

Borges no es bastante duro para mi gusto. Flaquece de razón. Es nihilista, no sabe qué pared toca, naufraga y cree que con la simbología calmará su vacío al dar rienda a su imaginación ¡Como si nuestra imaginación pudiera salvarnos! Su escritura no es más que una forma de evasión. Y no me gusta la evasión, el abandonarse me resulta repulsivo, ya sea emborrachándome ya fumando porros ya reprimiéndome ya leyendo este tipo de literatura. Control y dominio son mi lema... todo lo demás me sabe a impotencia y debilidad.

Nuestros gustos nos descubren

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