lunes, 9 de marzo de 2009

Roma y fiesta pagana

Paski me ha enviado algunas fotos que nos hicimos en carnaval. Fuimos invitados en una de esas fiestas privadas de Barcelona en donde, a decir verdad, no te encuentras con "mala" gente.

Aquí estamos algunos de los que íbamos: Paski y Gouns de guardia pretoriana, yo de Julio César y Nuria de... bueno, se puso algo para disfrazarse:


Era una fiesta privada bastante típica: tres ambientes, cuarto oscuro, sala de drogas y barra libre. Recuerdo cuando hace ya algunos años las preparábamos nosotros. Al final la gente acaba bastante beoda, drogada y manoseada. De esas fiestas ha salido un Dj algo famoso a nivel mundial.

Cuando Gouns y yo dejamos de montar fiestas dejamos a la vez de hacer el imbécil, o sea, de emborracharnos, drogarnos y lanzarnos sobre las primeras tetas que se nos ponían a tiro. Seguramente este cambio en ambos se debió por motivos harto parejos, aunque no llegamos a tales motivos, ni mucho menos, por la misma vía ¿Cual fue 'ese' motivo? Simplemente lo aborrecimos. Ciertamente superas algo cuando ya no te hace ni fu ni fa. Yo, por ejemplo, no cambio el agua por una mañana con resaca... o con taquicardias y sudores fríos.

¿Cómo llegué a este motivo? Creo que fueron muchas cosas, algunas grandes y otras pequeñas. Por ejemplo, descubrí que todo ese rollo me molestaba para llevar a cabo otras tareas que, por decirlo de forma comedida, me interesaban más. Otro factor importante fue mi orgullo, que actuó, como mínimo, en dos sentidos:
Primero, me di cuenta que evadirse y dejarse ir con alcohol, drogas y sexo es vulgar... hoy por hoy cualquier pringao lo hace. Antaño, por lo menos, eso requería de cierta exclusividad. Segundo, mi amor propio se zafó conmigo al inquirirme: ¿por qué tienes que evadirte? ¿Por qué tienes que dejar que algo o alguien te domine? Así fue como me dije: Aquí estoy yo y yo mando.

Debo añadir a todo eso, que susodicho cambio fue en cierta forma gradual, tuvo sus momentos cruciales: primero dejé de fumar; luego dejé el café y la Cocacola (y dejar estos dos 'inofensivos' tóxicos no fue trivial)... luego el alcohol y lo demás. Y sin darme cuenta el mundo de la noche empezó a aburrirme.

Así ando ahora... no encuentro fiestas a mi gusto. Mi gusto, mi criterio, mi capacidad perceptiva ha cambiado tanto que ya no disfruto con lo que tantos disfrutan. Para mi todo esto está más que superado... ¡Yo busco sensaciones distintas!

En fin, soy raro. Y cuanto excita a muchos a mi no me hace ni reír ni llorar: siento la más grande de las indiferencias. Incluso alguno me llegó a comentar, con esos ojos achinados por la embriaguez -Macho, te has convertido en un tío soso-. Pero los que me aburren son ellos.

Creo que una de las tareas que debo llevar a cabo consiste en montar un nuevo tipo de fiestas. A fin de cuentas, la máxima expresión de la libertad de un "individuo" se muestra con su capacidad por llevar a cabo nuevas formas de regocijarse de la vida hasta llegar a afimar -Joder, vale la pena-.

A fin de cuentas, la vida puede ser muy cruel con nosotros si no aprendemos a reirnos y regocijarnos con fiestas... nuestras fiestas.

No hay comentarios: