miércoles, 29 de abril de 2009

Werther y lo trágico

Hace ya algunos años me leí el Werther de Goethe. Tanto escuchar las excelencias del autor alemán al final sucumbí.

El werther nos narra la historia de un joven de espíritu libre, alegre y noble, un joven culto, sensible y bello, que se enamora apasionadamente de una chica, no menos virtuosa claro. La malignidad del destino había hecho, empero, que esta chica ya estuviera comprometida. Por lo cual, aunque ambos jóvenes se amaran locamente y en silencio, se vieron incapaces de dar rienda suelta a su amor, que era puro. Werther, apelando a su condición de hombre y por tanto a su constitución más fuerte, decide cargar con todos los dolores y las renuncias, pidiéndole a la chica que se olvide de él y sea feliz con su esposo. De esta guisa, pues, el joven busca mil formas de renunciar a su amor, y de alegre pasa a desesperado y sombrío. Al final, empero, no pudiendo ni olvidar ni renunciar se suicida.

Esta obra conmocionó a los jóvenes contemporáneos de Goethe ¡Más de uno se suicidó! A mí me puso enfermo tanta frustración ¡Qué anemia emocional! Pero en seguida tomé el Satiricón de Petronio y me olvidé de toda esa dulzonería literaria romántica con un poco de dulce depravación literaria romana.

Por otro lado, Schopenhauer fue uno de los primeros filósofos modernos (entre los antiguos tenemos a Aristóteles por ejemplo) que habla sobre la tragedia. Dice, que la tragedia es el arte supremo porque representa la esencia misma de la vida ¿Qué significa eso? A su entender la tragedia representa la condición mortal y desgraciada de la vida humana: por el simple hecho de haber nacido estamos condenados a perecer y no sólo eso, sino que estamos condenados a sufrir permanentemente por querer vivir, o sea, por ser felices.

Comparando la tragedia griega con la moderna (Shakespeare, Calderón de la Barca, Goethe, etc) Schopenhauer dice que la tragedia griega de Esquilo, Sófocles y Eurípides era inferior a la moderna porque los griegos no eran pesimistas ¡Porqué ante las miserias de la vida los griegos, los muy masoquistas, aún seguían queriendo vivir!

Los modernos, en cambio, gracias al cristianismo dice Schopenhauer, al comprender la esencia de la vida (que la vida es una mierda: no tiene sentido y nunca llegaremos a ser completamente felices) comprenden que la actitud vital de un hombre superior, es decir su ética, consiste en renuncian a la vida ¡Renunciar a la voluntad de vivir!

Es cierto que luego llegó Nietzsche y ante semejante espectáculo tachó al infeliz de Schopenhaeur de cristiano y al cristianismo de haber intoxicado la vida humana con su predicación y promoción de la renuncia y el no querer, generando con ello, después de siglos de disciplina, el tipo hombre moderno: el hombre nihilista, idealista, objetivo e incapaz de querer y decir sí a la vida, o sea, al horror, a los padecimientos, a las miserias humanas.

Cuando yo leo a los trágicos griegos, en especial a Esquilo que lo siento como mi alma gemela, "entiendo" qué significaba para ellos la tragedia: un sacrificio
. De hecho, el término tragedia se traduce como "el canto del cabrón" y procede de la matanza de un macho cabrío para ofrecer su sangre a Dionisios, Dios de las desbocadas fuerzas irracionales de la naturaleza encargadas de la fertilidad y el devenir del mundo. Es decir, para esos hombres vitales y apegados a la vida como la ruda vid está apegada a la rocosa y seca tierra, entendieron que, para alcanzar los estados de mayor plenitud vital, los estados más alegres, festivos y justos era necesario, antes que nada, aportar los más grandes sacrificios humanos. El sacrificio a Dionisios era en nombre de la fertilidad o sea, la felicidad: una nueva forma de vida superior.

Esta emntalidad de sacrificio se puede apreciar en las obras tanto de Esquilo como Sófocles: la desgracia del héroe comporta, paralelamente, un nuevo estado de las cosas mejor. Por ejemplo en edipo rey: para que la ciudad se cure de una espantosa enfermedad que la asola se precisa del sacrificio y la desgracia del más noble y feliz ciudadano, el mismo rey Edipo.

Así pues, la muerte o la desgracia del héroe trágico era, para el griego, el sacrificio necesario para alcanzar la felicidad en la tierra: un nuevo y más fuerte estado de la cosas -En la tierra toda felicidad pide un alto precio- Pensaba el griego antiguo.

No en vano, después del drama trágico en donde se exponía la desgracia del héroe y el advenimiento de un nuevo orden de las cosas venía la sátira trágica, en donde aquellos hombres se regocijaban del mundo y la crueldad incesante de su devenir al representar cómo los comodones, tan torpes y sobrados, son engañados y asaltados por los avispados.

Los griegos sabían vivir... Sencillamente porque eran más fuertes ¡Estaban curtidos en más batallas!

domingo, 26 de abril de 2009

Algunos apuntes sobre relatividad

Es sabido que la teoria de la relatividad de Einstein no es para nada intuitiva ¡Todo lo contrario! Presupone:
a) La existencia del vacío
b) Que en tal medio, la luz viaja de forma perfectamente rectilínea y a velocidad constante.

Intuitivamente, empero, se observa que la luz, en el espacio, no sólo se curva sino que se acelera y relantiza; si más no se observa que la luz modifica sus frecuencias y longitudes de onda. Para intentar representar, aunque fuera superficialmente, semejante suceso la solución propuesta por Einstein fue, si bien complicada, efectiva. Consideró que lo que se curva y por tanto, 'hace parecer' que la luz se acelera y descelera es una "entidad" aempírica: la geometría espacio-temporal. Ciertamente ésta era una solución harto inteligente, pero también peligrosa. Pues pone en duda cuanto experimentamos de forma más directa: nos hace creer que nuestras sensaciones más primarias nos dan apariencias e ilusiones y que sólo mediante la razón encontramos la estructura del mundo. Einstein era un confesado racionalista; no me extraña que Poincaré lo despreciara intelectualmente.

Sin embargo, como ya escribió Poincaré en 1902, cuando todo esto de la relatividad se estaba cociendo, la naturaleza carece por completo de geometría, sin embargo le podemos imponer cualquiera. El único requisito para decidirnos es que al "unir" la geometria escogida con las leyes físicas se conserven las "relaciones" de las medidas que hacemos. Porque medir, señores, no es más que establecer relaciones y proporcionalidades ¡Porque las medidas no nos indican ni la geometría de la naturaleza ni la ley que siguen estas medidas! Todo esto lo tenemos que "deducir racionalmente" mediante probabilidad.

Poincaré fue el padre del principio de inercia de la relatividad especial. Demostró que las transformadas de Lorentz eran un grupo. En otras palabras más senzillas, Poincaré demostró que mediante las leyes electromagnéticas de Maxwell la luz podía actuar como "punto" de referencia fijo entre distintos sistemas en movimiento relativo entre sí. O sea, Poincaré observó que con Maxwell en mano se podía definir un movimiento relativo entre dos cuerpos aislados, no mediante un hipotético espacio absoluto y fijo, sino mediante una leyes absolutas de la luz -La velocidad y la dirección de la luz pueden usarse para pautar el movimiento relativo entre dos cuerpos aislados- Demostró el francés en 1904.

Hace algunos meses yo me entretuve en representar el principio de relatividad especial considerando que la velocidad y la dirección de la luz en el vacío no es universalmente fija y absoluta, sino que cada observador ve su propia perspectiva del suceso; tal y como parece demostrarlo los experimentos, por ejemplo, el de Michelson-Morley.

Tomando, pues, la velocidad y la dirección de la luz como dependiente del observador (cada observador ve un comportamiento distinto de un "mismo" fenómeno), apreciamos como ya no tenemos porque aceptar una dilatación geométrica del espacio-tiempo. El espacio-tiempo se toma como fijo en cada observador y carece de sentido buscar una comparativa entre ambos.


Matemáticamente mi representación y la de Einstein-Poincaré son completamente equivalentes. Sin embargo, mientras en la de Einstein-Poincaré se niega una velocidad de la luz variable en el vacío, en la mía se observa como no hay ningún problema en que la velocidad de la luz sea superior o inferior a 300.000 Km/s. Esto no significa que no haya restricciones y que la velocidad de la luz pueda ser infinita.
Lo que se aprecia en mi propuesta, es que la luz carece de propiedades ontológicas, esenciales y por consiguiente, nos resulta completamente imposible conocer realmente su naturaleza: lo que vemos de la luz depende de nuestra 'relación' con ella.


Así, pues, a nivel de cálculo, tanto mi propuesta como la tradicional son equivalentes. Sin embargo, la mia explica mejor la naturaleza: no precisa presuponer la existencia de entes completamente ficticios tales como: un tejido espacio-temporal que se arruga o se estira, así como de propiedades universales, a priori y absolutas de la luz.

En fin, mis apuntes al respecto los podéis estudiar aquí. Los cuelgo por si alguno de vosotros ve algún fallo o error o algún matíz que a mí se me haya pasado por alto y así, pueda mejorarlos. Aunque, a decir verdad, me da palo embrollarme a pensar más profundamente en estas cosas, con señalarlo me basta... Yo no soy ningún técnico ni ningún operario. Cada cual a lo suyo.


Pd/ Disculpad por el escript. Está hecho a mano y a mi modo.

viernes, 24 de abril de 2009

El continuum

Es sabido que el fundamento de la física (y no sólo de la física, sino de cualquier ciencia natural) consiste en aislar, ya sea de forma mental e ideal ya sea de forma experimental; con la primera se ve y se interpreta la naturaleza como un conjunto de hechos, de fenómenos o sistemas, con la segunda tratamos la naturaleza, no de golpe y en su inmensidad, sino paso a paso mediante cuidadosos y controlados experimentos.

Sabemos, empero, que una de las premisas básicas de la realidad es que no hay nada completamente aislado. Y es que, si lo hubiese tampoco lo conoceríamos ¿Cómo nos podría afectar algo que está completamenta aislado, o infinitamente lejos , o fuera totalmente ajeno a nosotros? Sólo sería posible si fuéramos capaces de trascender, hecho que damos por imposible y extraviado.

Cabe concluir, por ello, que todo está más o menos aislado, que viene a ser lo mismo que considerar que 'todo' anda más o menos mezclado. Eh aquí, pues, el continuum físico.

El primer problema con que se hallaron los filósofos y físicos modernos fue precisamente éste: ¿Cómo representar lógica y matemáticamente el continuum físico?

Por decirlo rápido la idea que se impuso, acaso porque se insinuaba en sus mentes como la más fuerte y evidente, exige que el continuum sólo pueda representarse de forma no contradictoria, por ejemplo, como una sucesión de hechos, medidas, puntos, o sea, de instantes idénticos a sí mismos y por consiguiente, distintos a los demás.

En efecto, pensar que un mismo instante era a la vez que idéntico a sí mismo también opuesto a sí mismo se tomaba digno de necios.

Entonces, una vez se consideraba el continuum como constituido por entes físicos se pensó: ¿y como se suceden los instantes, o sea, los fenómenos? A través de etéreos , intemporales y universales lazos entre sí. Y de aquí surgó la idea de fuerza y ley: los instantes se suceden siguiendo una ley o sea, a causa de una fuerza.

De este pensamiento dominante surgió la convicción de que la naturaleza se podía reducir a un conjunto de leyes o fuerzas universales. Convicción que aún tiraniza a muchos.

Sin embargo nuestra experiencia bruta nos indica que el continuum físico puede tomarse, perfectamente, como contradictorio (Se desprende de la Ley de Fechner). Ello conlleva que nuestras representaciones geométricas o matemáticas de la naturaleza no sean perfectamente fidedignas con cuanto experimentamos. Y lo cierto es que ya los griegos sospecharon de ello: De allí la invención del concepto 'materia' como algo alógico, amorfo, irracional sobre el cual las ideas y leyes se imprimían para dar cierta razón al mundo. Y también los modernos lo sospecharon, pero creyeron que la contradicción que presentaba nuestra experiencia bruta se debía a la ilusión y la ignorancia.

¿Cómo se interpretó este conflicto entre lo contradictorio y lo racional durante siglos? Mediante el dualismo ontológico que la metafísica antigua intentó justificar con sus alegres deducciones.

En la edad moderna se consideró que nuestras experiencias brutas eran fenómeno, que en griego significa apariencia, mientras que las leyes descubiertas a través del método científico, el cual nos apartaba el velo mezclado y contradictorio de la experiencia bruta, ilustraban el mecanismo intrínseco y real de la naturaleza.

Hoy por hoy hemos cambiado la interpretación de todo esto. Lo vemos distinto. Entendemos que la naturaleza, el continuum físico quiero decir, para nada se articula sobre leyes lógico-matemáticas. Sin embargo, ya que nos funciona la interpretamos imponiéndole tales condiciones lógicas ¡No sabemos más!

En fin, los físicos tratan el mundo como si éste fuera un conjunto de hechos aislados y por tanto, de por sí que se ligan entre sí a través de hipotéticas leyes o fuerzas. Pero esto sólo nos da una visión bellamente superficial del continuum físico.

Sí, los científicos son superficiales ¡Y al metafísica antigua intentó justificar que el mundo era superficial! Ahí tenemos a Descartes desafiando que las verdades empíricas son verdades eternas porque son evidentes por sí mismas ¡Menudo juego de manos que nos sacó el francés!

Ciertamente aún muchos interpretan las ciencias naturales al modo moderno, o sea, antiguo. Aunque aborrezcan la metafísica antigua la cual, precisamente, pretendía justificar esta posición suya para con la naturaleza y la vida.

La naturaleza sólo podría venir regulada sobre una estructura lógico-matemática si existiera Dios que le hubiera impreso. Pero como no es el caso, toda estructura lógico-matemática es una ficción y una artificialidad humana ¡No tiene ningún derecho sobre la experiencia!

En fin, otro tipo de ciencia se puede hacer. Pero hay que ser muy "bueno" para ello.

miércoles, 22 de abril de 2009

Porder, ambición y felicidad

Cuenta una de las fábulas de Esopo que viendo la zorra unos ricos y exhuberantes racimos de uvas colgando de lo más alto de una gran parra se le empezó ha volver la boca agua !Y no sólo la boca! Quiso saltar para apropiárselas, devorarlas, destriparlas y disfrutarlas, pero no llegaba. Hastiada, aunque orgullosa, la zorra se giró y se marchó, pensando para sí con altivez: ¡Va!, estas uvas no valen nada, aún son verdes.

Ansiamos el poder, o sea: poseer, crecer, desarrollarnos, en fin, disfrutar de más y más cosas al digirirlas y someterlas a nuestra medida y estimación ¡No hay en verdad nada más fuerte ni esencial en nosotros que esta voluntad y esta inclinación de querer siempre más y nunca menos!

Si damos un paso atrás es porque esperamos, con ello, dar tres pasos pa lante... Si queremos estabilidad y tranquilidad, manteniendo lo que ya tenemos y es nuestro, es porque aún lo estamos digiriendo y disfrutando ¡Estamos de siesta! Y si no podemos dar rienda suelta a nuestro anhelo, si nos vemos incapaces de avivar y festejar con leña buena y seca esta vorágine de sedientas sensaciones, no nos queda más remedio que buscar paliativos con que consolar tan fogoso egoísmo ¡Aunque sea con el disfraz de una retórica santurrona y el seductor aroma de una filosofía ascética!

Antes queremos la Nada que no querer ¡¿O no es así budistas y shopenhauerianos y todos quienes han quemado sus casas y fincas antes de que éstas fueran expropiadas y saboreadas por otros?!

El mismo término comprender significa apropiarse ¡Hay que ver el conocimiento como una de las formas más refinadas y tardías de este primitivo querer dominar, tragar y subyugar! ¡Cómo vas a saber qué es algo si no lo has probado ni padecido! Esto es, precisamente, ir más allá del emprisimo.

No somos cristianos; y no por el simple hecho de que sea una religión, sino porque es la religión de la consolación, de la miseria, de los pobres e impotentes -De los que quieren pero no pueden y para ello se inventan toda esa fantasmada lógico-literaria del más allá, la resurrección, Dios salvador y el paraíso- ¡Es la religión de los perdedores de la vida! El cristianismo ha tergiversado la vida: ha llamado felicidad a la renuncia y la impotencia; ha llamado poder y riqueza a la debilidad, la pobreza y la miseria; ha llamado compasión y solidaridad a la orgía de los sentimientos morbosos ¡Ha llamado verdad a la ignorancia y la necedad! De esta forma ha criado a los más incapaces e ilusos de los hombres: el sacerdote y el intelectual moderno (todos los intelectuales han salido de escuelas cristianas o jesuitas; haber quien tiene el valor de hacer un estudio sociológico sobre ello).

Nosotros hemos descubierto, después de milenios de consolación ante tanta impotencia humana, qué es la felicidad: las ansias de poder. Lo reconocemos: somos ambiciosos, deseosos, esperanzados e ilusionados ¡Anhelamos comprender, devorar y bañarnos en todos los mares y cielos!

Reconocemos alegre y libremente, sin tener que justificarnos en público ni arrastrar una mala consciencia, que sólo gozamos del mundo plenamente cuando somos capaces de alcanzar, destrozar y devorar con intensidad las más altas voluptuosidades... Esas carnosas uvas que como suaves, tiernos, como duros pechos penden de esa inconmensurable y radiante bóveda azul que nos abriga, ¡esperando ser lamidos y relamidos hasta disolverse en nuestra boca!

No a la paz y a la concordia, sino dominio y predominio. Eh aquí la única fuente del placer y el auténtico amor a la vida. Todo lo demás se reduce a una desdichada aunque vanidosa consolación.

En fin, Freud no tenía razón con su principio de placer: el hombre no se mueve buscando el placer ¡Como si el placer fuera un tesoro escondido esperando ser hallado!

El hombre, como cualquier ser vivo que se desarrolla a costa de cuanto alcanza, se mueve por poder, por ambición, por volverse más complejo, más fuerte, más listo, más libre, más justo, más confiado de sí mismo, más bello y exhuberante... ¡La vida persigue ciegamente hartarse, engordar y rebentar, poniéndose a prueba a sí misma! Pero cuando se da cuenta de que va a pasar hambre, se abandona, y sólo le queda consolarse con lo que pueda... por orgullo y vanidad.

"Los hombres se preocupan más por aparentar se felices que por serlo" La Rochefoucault.

Contra la ambición y las ansias de poder sólo se puede decir lo que ya apuntó Salustio y yo trasncribí el otro dia: las ansias de poder fácilmente nos llevan a la corrupción, la impotencia y la debilidad ¡La vida es un pez que se muerde la cola! Y es que, si Salustio detesta la amibición no es por amor a la pobreza y la miseria, sino precisamente por deseo de poder, de no perder poder, fuerza y vigor.

Por otro lado, ahí están resumidas las fábulas de Esopo, el cual nos cuenta más sobre la ética humana que la crítica de la razón práctica de Kant.




martes, 21 de abril de 2009

Marx y la verdad

Estaba hojeando el manifiesto comunista de Marx y Engels. A mi entender Marx descubre algo crucial: cada clase social, cada estamento, cada época, posee sus verdades gracias a las cuales domina. Todo lo que añade Marx luego, sobre la verdad digna del proletariado que dará paso a su dictadura y la imposición de un sistema social justo y digno, es pura paja, o sea, propaganda para agarrar por los huevos al pobre obrero del s.XIX con un supuesto paraíso en la Tierra.

En el blog de Bio Tay aparece un fragmento de Huxley, inventor del término "agnóstico", que significa: el que no conoce la verdad. Eso da mucho que hablar.
Sabemos que el lenguaje humano y por tanto la lógica y el conocimiento, son productos "humanos, demasiado humanos". Cierto que durante siglos la palabra de Dios reflejada en la Biblia ha sido tomada por la Verdad en persona; y con ella los sacerdotes dominaron. Hoy por hoy sabemos que la Biblia es sólo una interpretación humana más de la vida y que sus contenidos no han sido dados por entidad sobrenatural alguna. Sabemos que Dios y su verdad han sido una fantasía humana, como Santa Claus o el País del nunca Jamás.
Hemos descubierto que aquello que durante siglos era la Verdad, en verdad, era fruto de nuestra fantasía. Y la rechazamos no tanto porque fuera ficticia, sino porque ya no nos va el rollo de vida sacerdotal. Es más, ese rollo arruina nuestra forma de vivir, nuestras esperanzas y nuestros poyectos. Somos ateos en la media que ya no vivimos para Dios ni en nombre de Dios.
Nuestra vida es demasiado compleja para aceptar las verdades evangélicas, para vivir bajo el auspicio de esas verdades divinas y etéreas. Requerimos, empero, de otras verdades.
Sin embargo, ya no somos fanáticos; no vamos a defenderlas a muerte ni a imponerlas brutalmente a todo quisqui; más bien todo lo contrario: somo reticentes a compartirlas; preferimos no hacer demasiado ruido, ser cautos, celosos... ¡Preferimos callarnos o simplemente hacer algunas señas! A fin de cuentas, a buen entendedor pocas palabras bastan. No nos gustan las orgías populares, los mítines ni las grandes audiencias. Amamos los banquetes privados, los platos selectos, en fin, lo culto. Eh aquí nuestra liberalidad.
Admitimos que llamamos verdad a aquello que no podemos refutar, aquello que si negáramos estropearía nuestra vida, nuestra forma de vivir.
Mientras vivamos, mientras amemos a la vida, a nuestra forma de vida, y pongamos esperanzas en ella creeremos en la verdad... en nuestra verdad ¡Aunque esta verdad nuestra nos dicte: no existe verdad alguna!

El peligro

No temas equivocarte, ni aún menos liar una de gorda -Hasta las últimas consecuencias- Debe relucir tu lema.

El peligro no radica ni en tus fallos ni tus engaños, sino en la fatiga ¡Aléjate de la fatiga!

No temas caer ni fracasar, ni que tus más arraigadas creencias y profundos deseos se vean refutados y contradichos. Sé lo suficientemente rico para congratularte con la derrota ¡Si no te mata, te abre nuevos horizontes!

Sólo temen perder y sucumbir los débiles, esos pobres de ánimo... y motivos no les faltan para justificarse.


Así sea; no te preocupes en si vas o no bien encaminado, o si tus creencias y conocimientos son o no irrefutables, eternos, objetivos... aplaudidos por todo el mundo ¡Cúidate de que no te domine la fatiga y la desidia!

Eh aquí lo más triste: ser incapaz de levantarse con una sonrisa en la cara una vez se muerde la lona.


El vigor y la fuerza mídela por la capacidad de superar reveses, engaños, errores y fatigas ¡Por la capacidad de convertir contrariedades en dulces ventajas!



lunes, 20 de abril de 2009

Cayo Salustio Crispo

No a todo el mundo le gustan y excitan las mismas cosas... ni de la misma forma. Nuestro aprecio nos define y nos descubre ¡Cuántas veces lo he comentado ya!

Me entusiasmó la 'Conjugación de Catilina' de Salustio con sólo leerme algunas líneas, dejando de lado si estoy de acuerdo o no con algunos de sus razonamientos. A mi entender, Salustio puede errar en muchas cosas, pero no anda equivocado ¿Por qué? Sencillo, porque mentalmente es fuerte, maduro, equilibrado ¡Intelectualmente desprende decisión, firmeza, 'imperium' por decirlo en latín! Nos enseña muchas cosas con pocas palabras. Su estilo para nada es simple, sino que representa un máximo económico: concentra un sumo de potencia en un mínimo espacio. Eh aquí un síntoma de alta cultura.

He traducido un fragmento de su obra:


"A todos los hombres que quieren aventajar al resto de animales les conviene procurar con el máximo empeño no pasar en silencio su vida, como los brutos, cuya naturaleza los fuerza a vivir inclinados y obedientes a los apetitos de su vientre.
Y es que nuestra fuerza no sólo reside en nuestro cuerpo, sino también en nuestro espíritu: lo mejor es usar el ímpetu de nuestra inteligencia para mandar y el del cuerpo para servir; el primero nos es común con los dioses, el otro con las bestias.
Por lo cual me parece que es más recto buscar la gloria con los recursos del ingenio que con los de la fuerza bruta, y, puesto que la misma vida, de la cual disfrutamos, es breve, hacer cuanto más posible largo nuestro recuerdo. Pues la gloria de las riquezas y de la belleza es pasajera y frágil; la virtud se mantiene distinguida y eterna.
No obstante, durante largo tiempo entre los mortales hubo una gran disputa sobre si por el vigor del cuerpo o por la virtud del espíritu avanzarían más las empresas militares. Y es que antes de luchar se precisa planear y, cuando hayas planeado, hay que obrar pronto.
Así ambas cosas, incompletas de por sí, cada cual precisa del auxilio de la otra.
Al comienzo, los reyes -Pues en la tierra éste ha sido el primer nombre de quienes mandan y poseen el poder-, por diversos caminos ejercitaban indistintamente tanto su ingenio como su cuerpo: también entonces la vida de los hombres transcurría sin ambición y a cada uno le satisfacía lo suyo. Pero después de que en Asia Ciro y en Grecia los lacedemonios y atenienses empezaron a someter ciudades y pueblos enteros, a tener por motivo de guerra el placer de dominar, a reputar la mayor gloria en el mayor poder, sólo entonces se reconoció a fuerza de experiencia y trabajos que en la guerra el ingenio podía más. Y si el valor del espíritu de los reyes y de los generales fuera igual de potente y audaz en la paz como lo es en la guerra, más equilibrados y constantes marcharían los negocios humanos y no se vería ni cambiar las cosas de un sitio a otro ni estar todo mudado y mezclado, porque el poder fácilmente se retiene con las mismas artes con las que se consiguió en un principio. Pero cuando han irrumpido en lugar del trabajo la desidia y la ambición, en lugar de la continencia y la equidad el desenfreno y la soberbia, la fortuna se trastoca y corrompe, a la par que las costumbres. Así, el poder pasa de manos del menos hábil al más aprovechado.
Los hombres aran y cultivan, navegan y edifican; todas estas cosas obedecen a la virtud. Pero muchos mortales dados al vientre y al sueño, ignorantes e ineducados, han pasado la vida vagabundeando: para los cuales realmente contra naturaleza el cuerpo era fuente de placer, mientras que el alma una fatigosa carga.
Yo, la vida y la muerte de éstos las estimo por igual, porque se guarda silencio sobre ambas.
Pues, en verdad, me parece que vive y disfruta del alma aquel que dedicado algún negocio, persigue la fama de una acción distinguida o de una buena arte. Mas en la gran multiplicidad de opciones la naturaleza muestra a cada uno su camino a seguir.
Es hermoso hacer bien a la República [el Estado] incluso hablar bien no está fuera de lugar. Es lícito hacerse famoso por la paz o por la guerra. Tanto los que actuaron como los que escribieron las acciones de aquellos reciben una gran alabanza. Y desde luego, aunque de ningún modo sigue igual gloria al escritor que al autor de los hechos, con todo, me parece especialmente arduo escribir sobre las hazañas: en primer lugar porque los hechos deben ser igualados por las palabras y después, porque los más toman por malevolencia o por envidia las cosas que que uno ha juzgado como faltas. Y cuando se exalta el gran valor y la gloria de los hombres de bien, aquello que cada uno cree que le sería fácil también realizar lo acepta de buen grado, mientras considera ficticio todo lo demás y lo toma como falso.
Siendo yo jovencillo, al principio, como los más, me lancé con afición a la política, y allí muchas cosas me fueron contrarias. Pues en lugar del pudor, de la integridad, del valor, regían la astucia, el soborno, la avaricia. Y aunque mi espíritu, desconocedor de las malas artes despreciaba todo esto, no obstante entre tan grandes vicios mi indefensa edad se corrompía con la ambición. Y aunque disentía de las malas costumbres de los demás, el ansia de honores me aguijoneaba no menos que a otros con la maledicencia y la envidia.
Así pues, cuando mi espíritu descansó de las muchas miserias y peligros decidí que debía mantener el resto de mi vida lejos de la política. No me propuse malgastar un ocio valiosísimo en la indolencia y la desidia, ni por supuesto pasar la vida cultivando el campo o cazando, entregado a tareas serviles, sino que, volviendo al proyecto y al empeño de los que una funesta ambición me había apartado, determiné escribir por episodios las gestas del pueblo romano según cada cual me pareciesen dignas de memoria; y más por el hecho de que mi espíritu estaba libre de expectativas, de miedos y partidismos.
Por tanto, sobre la conjugación de Catilina hablaré con pocas palabras lo más verazmente posible, pues yo considero este hecho especialmente memorable por la novedad del crimen y del peligro. Sobre las costumbres de este hombre debo exponer algunas cosas antes de dar a conocer el relato.

Lucio Catilina, nacido de noble estirpe, fue de gran vigor de alma y cuerpo, pero de carácter malo y depravado. A éste, desde la adolescencia, le resultaron gratas las guerras civiles, las matanzas, las rapiñas, las discordias ciudadanas, y en ellas tuvo ocupada su juventud. Su cuerpo era capaz de soportar las privaciones, el frío, el insomnio más allá de lo creíble para cualquiera. Su espíritu era temerario, pérfido, veleidoso, simulador y disimulador de lo que le apetecía, ávido de lo ajeno, despilfarrador de lo propio, fogoso de pasiones; mucha elocuencia, cordura poca. Su insaciable espíritu siempre deseaba cosas desmedidas, increíbles, fuera de su alcance. A este hombre, después de la dictadura de Sila le había asaltado un deseo irreprimible de hacerse dueño del Estado y no tenía escrúpulos sobre los medios, con tal de procurarse el poder. Su ánimo feroz se agitaba más y más cada día por la disminución de su hacienda y por la consciencia de sus crímenes, incrementada por las malas artes ya apuntadas. Le incitaban además las costumbres corrompidas de la ciudad echadas a perder por dos males pésimos y opuestos entre sí: el libertinaje y la avaricia.
Puesto que la circunstancia ha traído a colación las costumbres de la ciudad, el asunto mismo parece aconsejarnos volver atrás y explicar brevemente las instituciones de los antepasados en la paz y en la guerra; cómo gobernaron la república y cuan grande la dejaron para que poco a poco se transforme de la más hermosa y excelente en la peor y más infame.

La ciudad de Roma, según mis noticias, la fundaron y la habitaron en un principio los troyanos, que fugitivos y bajo el mando de Eneas andaban errantes sin domicilio fijo. Se juntaron con ellos los aborígenes, raza salvaje de hombres sin leyes, sin mando, libre y sin freno. Es increíble recordar qué fácilmente se integraron después de que se reunieron dentro de unas mismas murallas aun siendo razas distintas y diferente lengua, y viviendo cada uno a su manera. Así, en poco tiempo, una muchedumbre heterogenia y errante se hizo ciudad gracias a la concordia. Pero después de que la república, acrecentada en habitantes, costumbres y tierras, parecía bastante próspera y poderosa, tal como suele ocurrir con las cosas humanas, de la opulencia nació la envidia. Por ello, reyes y pueblos vecinos empezaron a hostigarla y pocos de entre sus amigos vinieron a ayudarla, pues los demás, atenazados por el miedo, se mantenían a distancia de los peligros. Pero los romanos, alertas en la paz y en la guerra, actuaban con diligencia, se preparaban, se animaban unos a otros, salían al encuentro de los enemigos, y preservaban con las armas su libertad, su patria y su familia. Después, cuando con su valor habían ahuyentado los peligros, ofrecían su ayuda a los aliados y amigos y se ganaban amistades más por los favores que daban que por los recibidos. Tenían un poder legítimo bajo el nombre de 'rey'. Hombres escogidos, que tenían el cuerpo debilitado por los años pero el espíritu capacitado por la experiencia, velaban por el bien del Estado. Por su edad o por la semejanza de sus tareas se los llamaba 'padres'. Después, cuando el poder real que en un principio había servido para conservar la libertad y engrandecer la república, desembocó en el orgullo y la tiranía, se cambió el sistema y crearon un gobierno anual y dos magistrados. Creían que de esta manera el espíritu humano no se insolentaría por la falta de freno.
Con este motivo empezó cada cual a tener más estima de sí mismo y a descubrir mejor sus facultades. Pues los reyes desconfían más de los capaces que de los inútiles y tienen siempre temores de la valía ajena.
Es increíble pensar cuanto creció la ciudad en tan poco tiempo cuando consiguió la libertad; tanto había aumentado el deseo de gloria. Primeramente la juventud, des del momento en que podía soportar una guerra, aprendía el oficio militar en los campamentos, por el trabajo y la práctica, y tenía más pasión por las brillantes armas y los caballos militares que por las mujerzuelas y las comilonas; de esta manera a tales individuos no les extrañaba ninguna fatiga, ningún terreno por áspero o dificultoso que fuera, no temían enemigo armado: su valor lo vencía todo; de gloria sí había una gran emulación entre ellos: cada uno se apresuraba a causar heridas en el enemigo, a escalar los muros, a ser visto mientras hacía tales hazañas; esto consideraban riquezas, esto gran renombre y nobleza. Eran ávidos de alabanza, generosos con el dinero; querían una gloria enorme, una riqueza honesta. Podría recordar en qué puntos el pueblo romano con un pequeño ejército destrozó numerosas tropas enemigas y qué ciudades, protegidas naturalmente, tomó al asalto, si esta explicación no me llevase demasiado lejos de mi propósito.
Ciertamente la fortuna gobierna todas las cosas; esta potencia les da la gloria o las oscurece según su capricho más que según la verdad. Las hazañas de los griegos, a mi juicio, fueron bastante grandes y magníficas, pero algo menos sin embargo de lo que dice la fama. Pero como nacieron allí escritores geniales, por todo el orbe terráqueo sus hechos se celebran como los más grandes. Así el mérito de los que obraron se valora en cuanto lograron exaltarlo con sus palabras preclaros ingenios. Pero el pueblo romano nunca tuvo abundancia de ellos, porque los hombres más valiosos eran los más ocupados; el ingenio nadie lo cultivaba sino al mismo tiempo que el cuerpo, los hombres mejores preferían obrar a escribir; que sus acciones fueran alabadas por otros a narrar ellos las ajenas.
Pero luego que la república fue creciendo por su esfuerzo y por su justicia, que fueron domeñados mediante guerras poderosos reyes, sometidos pueblos salvajes y enormes países, que Cartago, émula del poder romano, desapareció de raíz y que todos los mares y tierras le quedaron abiertos, comenzó a mostrarse cruel la fortuna y a alterarlo todo. A los que habían soportado facilmente las fatigas, los peligros, las situaciones dudosas y complicadas, el ocio y las riquezas -cosas deseables en otras circunstancias- les resultaron cargas y miserias. En efecto, primero creció el ansia de dinero, después la de poder; esto fue como la raíz de todos los males, pues la avaricia aniquiló la buena fe, la honradez y todas las otras buenas prácticas; en su lugar enseñó la soberbia, la crueldad, el descuidar los dioses, el considerar todo banal. La ambición forzó a muchos mortales a hacerse falsos, a tener guardada una idea en el pecho y otra pronta en la lengua; a estimar las amistades y enemistades no en sí, sino en sus ventajas, y a ser buenos más en el rostro que en el alma. Estos vicios primero crecían poco a poco, y se castigaban de vez en cuando; pero después, cuando el contagio lo invadió todo como una epidemia, se transformó la ciudad y el poder se hizo, de justo y provechoso que era, en cruel e intolerable.
En el primer momento más excitaba los espíritus humanos la ambición que la avaricia; a pesar de todo, aquel vicio estaba más cerca de la virtud. En efecto, la gloria, los honores, el poder los desean para sí tanto el hombre de mérito como el inepto; aquél marcha por el camino recto; éste, como que le faltan recursos, lucha con engaños e intrigas.
La avaricia consiste en el deseo de dinero, que no ha deseado ningún sabio; como impregnada de un veneno ponzoñoso, enerva cuerpo y espíritu varoniles, es siempre ilimitada e insaciable y no mengua ni con la abundancia ni con la escasez.
Pero desde que Lucio Sila asumió el poder con ayuda de las armas y dio mal resultado a unos buenos comienzos, todo el mundo robaba, saqueaba, tomaba uno una casa, otro unos campos; los vencedores no tenían medida ni moderación, cometían detestables y crueles atropellos contra los ciudadanos. A esto se le añadía el que Lucio Sila había tenido, en contra de la tradición, en un plan de grandeza y excesiva libertad al ejército que mandaba en Asia, con objeto de mantenerlo fiel a su persona. Lugares encantadores, voluptuosos, habían seducido fácilmente en el ocio el alma ruda de los soldados. Allí se acostumbró por primera vez el pueblo romano a hacer el amor, a beber, a admirar estatuas, cuadros, vasos tallados, a robarlos a particulares o a ciudades, a despojar los templos, a profanar toda clase objetos, sagrados y comunes. En consecuencia, tales soldados, cuando alcanzaron la victoria nada dejaron a los vencidos ¡Ya la prosperidad relaja el espíritu de los sabios para que hombres de costumbres tan corrompidas se moderasen en la victoria!"




domingo, 19 de abril de 2009

Santas mentiras

"El hombre no posee el poder de crear vida. No posee tampoco, por consiguiente, el derecho a destruirla." Gandhi

Menuda farsa lógico-ética. Es como decir: los cerdos no pueden volar, por consiguiente, esto que anda por el suelo debe de ser un cerdo.

miércoles, 15 de abril de 2009

El problema de la metafísica

En uno de sus posts José Luís Ferreira me comenta que sólo le interesaría la metafísica en el caso de que cumpliera alguno de los siguientes puntos :

-Sugerir una línea de investigación provechosa.

-Dar una interpretación mejor de los hechos científicos que las que dan los científicos.

-Hacer cualquier descubrimiento científico usando su método especulativo.


Estoy de acuerdo con que a la metafísica hay que exigirle ciertos puntos para ser tomada en serio. Sin embargo, no se puede tratar como la física o la biología o la matemática ¿Por qué? Entre otras cosas, porque su interés es distinto: el interés de la física consiste en descubrir y predecir nuevos fenómenos. A la metafísica, en cambio, le interesa descubrir el porqué es posible la física o bien, cómo justificar los principios que se toman en matemáticas y sobre los cuales se demuestran todos los teoremas ¿Se atisba la diferencia? ¿Se entiende porqué los antiguos llamaban a la 'metafísica' la ciencia primera y todo lo demás era considerado como ciencia segunda?

Aunque en los institutos no se enseñe así, cabe advertir que el dilema fundamental de la metafísica ya desde, no sólo Platón, sino Tales y Anaximandro, consiste en responder a lo siguiente: ¿Cómo es posible que haya regularidades en la naturaleza y por tanto, que podamos predecirla? ¿Qué es exactamente la realidad? En fin, la ciencia primera se pregunta: ¿Cómo es posible que exista la ciencia mecánica o secundaria gracias a la cual predecimos y descubrimos 'como son las cosas'? Óbviamente esta pregunta implica todo un sin fin de otras preguntas, como: ¿Cuáles son los límites de nuestro conocimiento? ¿Cómo ha evolucionado nuestro conocimiento? ¿Cómo podemos saber, a priori, si una teoría nos servirá o no para predecir algo? Y si no fuera posible predecir, entonces, ¿por qué no lo es? ¿Y cómo lo demostramos? Etc, etc, etc.

Es sabido que para responder a tamaño dilema Heráclito, por ejemplo, apeló a la eterna lucha de los contrarios (el propio Conflicto crea la eterna e insobornable harmonia del mundo); Parménides afirmó que el orden conllevaba el cambio y la multiplicidad, y que ambos exigían la existencia de lo que no existe... zanjando, con ello, que el cambio, el orden y la harmonia de la physis han de ser meras opiniones o ficciones (doxas), mientras la opinión verdadera exige considerar la realidad como immutable, eterna, esférica, homogénea ¡Cómo siempre existente! Platón, recordemos, apeló al mundo de las ideas para explicar el orden que sigue el devenir del mundo físico; Aristóteles apeló a la potencia del primer motor; Epicuro y Demócrito fueron más abstractos: afirmaron que todo se explica a través de átomos, (entes indivisibles y por tanto increados -eternos-) caracterizados con un movimiento propio, regular y determinado, a través del cual se forman los cuerpos complejos, o sea, la vida ¡Y cuantas críticas se llevó Epicuro por no explicar a qué se debía la existencia de estos átomos imperceptibles y sus correspondientes movimientos esenciales! Ya en la época moderna Descartes , como tb Spinoza y Einstein, apelaron directamente a Dios (una sustancia infinita, eterna, omnipotente, causa sui, omnisciente, etc) para justificar que la naturaleza realmente se comporta de cierta forma debido a ciertas leyes o propiedades intrínsecas que la estructuran ¡Por eso creían que conociendo como funciona el mundo físico el hombre puede realmente salvarse! ¿Salvarse? Si, creían que la única forma de conseguir la immortalidad era conociendo como funcionaba la naturaleza ¡Descartes creía en la posibilidad de una immortalidad corporal gracias al conocimiento de la anatomía y la fisiología humana! Y esta creencia materialista se fundamenta sobre la hipótesis de Dios. Pero Hume advirtió que Dios resulta ser indemostrable, hecho que conlleva tener que considerar la naturaleza como caótica y desordenada: el orden, la regularidad o sea, la causalidad pasaba a ser tratada como una ficción humana que lejos de ser propia o esencial de la naturaleza la imponíamos nosotros con el fin de hacernos una visión de la naturaleza útil para vivir (eso tb lo comenta Montaigne) ¡Con Hume se desvanece la posibilidad de hallar una immortalidad corporal! Pues la mecánica no nos dice cómo funciona realmente la naturaleza, sino que la mecánica es una forma de sacarle provecho . Kant, intentando evadir el nihilismo ontológico que abría Hume, apeló a la realidad transcendental para intentar justificar que las leyes físicas que 'descubría' la ciencia mecánica moderna son realmente las leyes que constituyen la naturaleza. Schopenhauer dice más o menos lo mismo que Kant, pero a su manera. Finalmente Nietzsche, que a mi parecer fue quién llegó más lejos en estos dilemas epistemológicos exclusivos y difíciles, posicionándose en una óptica plenamente sensualista postuló que las leyes físicas eran, simplemente, un forma 'digerir' cuanto experimentamos y por tanto, afirmó que las leyes físicas son siempre falsas, puesto que parten de ideas que no existen: como las ideas de identidad, igualdad, cosa, etc. Sin embargo, con estas falsedades 'atrapamos' la realidad como el pescador que ha tejido su red atrapa ciertos peces... y se les escapan tantos otros ¡No en vano Neitzsche redujo la ciencia al ámbito psicológico: con la física el hombre recontruye el mundo a su medida! Poincaré también afirmó en gran parte lo mismo que Nietzsche; no en vano llegaron a conclusiones equivalentes (Por cierto, Poincaré fue uno de los pocos científicos que se tomo todo esto un poco en serio) Hoy por hoy tenemos trabajos como "Where's matematics come from?"de Lakoff y Nuñez, que sin quererlo ni saberlo acaban confirmando los descubrimeintos epistémicos de Nietzsche y Poincaré. Por otro lado, y dominando la cultuira académica, encontramos lo que comentaron al respecto gentes como Russell, Bergson, Heidegger, Goodman, Wittgenstein, Kripke, etc. Pero resulta ser algo muy inferior; en verdad dan palos de ciego ¡Incluso Gödel fue incapaz de darse cuenta de qué significaban sus propios descubrimientos! Quizás Quine sea el más despierto de todos estos espistemólogos y filósofos del lenguaje contemporáneos.

Ciertamente la pregunta metafísica por excelencia aún sigue abierta. Y el problema reside en: ¿cómo responderla? ¿Cómo explicar porqué la ciencia segunda funciona y hasta qué punto es veraz con cuanto experimentamos? Pues, cabe tener en cuenta que la mecánica se fundamenta no sobre la experiencia bruta, sino sobre medidas empíricas, o sea, proporcionalidades ¡Al medir imponemos una proporción y una lógica a lo que, por sí mismo, carece de proporción! Sí, toda medida es ya una falsificación de cuanto experimentamos... pero sin ello no habríamos podido ni desarrollar la mecánica ni, tampoco, los mercados en donde nos hemos inventado las ideas de compra-venda (acción-reacción), intercambio (relaciones), justo e injusto (equilibrio o desequilibrio) a través de pesos, valores y medidas.

La mecánica o las ciencias secundarias nacen de ideas harto rudimentarias inventadas, ya, para el funcionamiento de una sociedad ¡La ciencia es el producto artesanal más tardío! Y la diferencia entre física y metafísica reside en la calidad del producto, en la excelencia intelectual del científico.


En efecto, a despecho de lo que muchos han dicho, sí podemos saber qué es la vida o sea, cuanto vivimos. Pero una medida empírica, un hecho, un fenómeno no nos va a solucionar nada al respecto.

No hay duda: la ciencia empírica no puede solucionar los problemas fundamentales de la existencia, puesto que se sustenta, simplemente, sobre medidas empíricas ¡Y el empirismo mecánico nos lleva al absurdo o sea el nihilismo explicativo! ¿Y eso por qué? Bueno, lo dejo como pregunta...



domingo, 12 de abril de 2009

Pascua

Me aburren las fiestas cristianas... ¡Y ese pobre desgraciado demacrado y colgado en una cruz es de mal gusto! Además, ¿qué pretenden demostrar apelando a la crueldad de la pasión de Cristo? ¿Acaso que Jesús sufrió una injustícia? Ciertamento la gente define y valora las cosas como le parece.

Estos días he escuchado algunas discusiones entre política y religión ¡Qué verduleros! No he escuchado ni una sóla opinión perspicaz al respecto. Ciertamente, para hablar en público hay que hacerse el tonto, o simplemente serlo.

Me río de los que critican las religiones ¡Cuán lejos se hallan de saber qué es una religión! Confunden religión con algunos de sus síntomas, como quienes confunden la fiebre con una enfermedad: La fiebre siempre es un síntoma; no es ni causa ni efecto de enfermedad alguna, sino que la indica.

Una religión es siempre, ante todo, un conjunto de celebraciones, de costumbres y por tanto, cierta forma de vivir ¡Toda religión se forja sobre tal premisa! ¿Por qué? Porqué la religión consiste en unir y cobijar gente diversa bajo un mismo sentimiento común.

Los grandes políticos han sido, siempre, los grandes creadores de religiones ¡Han sabido imponer instituciones, celebraciones, hábitos, comportamientos, etc para promocionar cierta forma de vida, en detrenimiento de otras, con el fin de articular una empresa en común! Pisistratos (Atenas), Numa (Roma), Hitler (Nazismo) son claros ejemplos de ello. Recordemos que en Roma el César se laureaba como Sumo Pontice ¡Ellos no discernían política de religión porqué para hacer política era necesario religare, o sea, unir la gente bajo un mismo sentimiento común!

Pero el cristianismo y l'Islam, esas evoluciones raras y perversas del judaísmo (cuya genesis y evolución histórica se nos presenta como el ejemplo claro de cómo la religión es política), lo han tergiversado todo. Especialmente el cristianismo ha divulgado la falsa idea que la religión y la política son cosas harto distintas: la primera se cuida de las cosas divinas y las segundas de las terrenales ¡Qué mentira! Pues, ya que no existen las cosas divinas, todo cuanto dice y hace repercute, siempre y en exclusivo, en lo terrenal.

En verdad, lo único que ha conseguido el cristianismo ha sido dar pie a una discusión imbécil y sin sentido; a saber: política o religión.

El laicismo también es una religión; una religión cuyas fiestas están diseñadas para jubilados mentales y tarados emocionales por culpa de traumas ¡Miradlos como se regocijan con su memoria histórica! Estas celebraciones les proporciona un reconocimiento y un sentido común.

Para acabar con el cristianismo sólo se precisa de una sóla cosa: crear nuevas fiestas y celebraciones populares que se regocijen, no de una supuesta vida eterna y sobrenatural post-mortem, sino de esta vida nuestra de violencia, poder, egoismo, cambio incesante, pasión, ambición, engaño y fantasía, desigualdades, abusos, arrogancia, desfachatez... ¡Todo cuanto el cristianismo ha tachado durante siglos como el mal en persona!

Es preciso, pues, fomentar una nueva forma de vivir y por tanto, ver la vida. Y no con palabras sino con hechos... Todo lo demás, son pajas mentales y distracciones para los semicultivados que ven la ciencia y el conocimiento humano como un negocio ¡Como algo que se tiene que negociar con las partes implicadas!

siendo honestos; no hay porqué tolerar el cristianismo ¡A santo de qué! Más bien cabe machacarlo , vejarlo y tratarlo como lo que es: como la religión de los pobres de espíritu, los desgraciados, los parias sociales, los retrasados, los impotentes e infelices, los fracasados de la vida que tachan de inhumano e injusto cuanto ellos simplemente no tragan ni aguantan.

Desconfiad de todos los que os exigan respetar a los demás y tolerarlos. En verdad no tenéis porqué ¡Podéis ir a la vuestra y respetar y tolerar, sólo, lo que vosotros os apetezca! Sed libres.








viernes, 10 de abril de 2009

Voluntad de Poder

Podéis leer en el Blog de José Luís Ferreira una serie sobre la teoría de la evolución muy ilustrativa. Cierto que le comenté a José Luís que le enviaría algunas ideas instigadas por su lectura, pero no tengo mucho tiempo para ello. Sin embargo querría colgar uno de los capítulos de la "Genealogía de la Moral" de Nietzsche en donde se tratan los conceptos morales desde una óptica evolucionista.

Pero Nietzsche hace algo más que describir la evolución que han sufrido conceptos y valores tales como bien y mal o bien, de describir cómo ha surgido el sentimiento de culpa, la consciencia o el ascetismo del filósofo... Nietzsche nos explica un porqué. Y la verdad, no sé quien es el listo que lo puede rebatir de forma rigurosa y honesta, es decir, sin apelar a sus deseos particulares.

"Todavía una palabra, en este punto, sobre el origen y la finalidad de la pena -dos problemas que son distintos o deberían serlo: por desgracia, de ordinario se los confunde. ¿Cómo actúan, sin embargo, en este caso los genealogistas de la moral habidos hasta ahora? De modo ingenuo, como siempre -:descubren en la pena una 'finalidad' cualquiera, por ejemplo, la venganza o la intimidación, después colocan despreocupadamente esa finalidad al comienzo, como causa productiva de la pena, y ya han acabado.
La 'finalidad del derecho' es, sin embargo, lo último que ha de utilizarse para la historia genética de aquél: pues no existe principio más importante para toda especie de ciencia histórica que ese que se ha conquistado con tanto esfuerzo, pero que también debería estar realmente conquistado; a saber: que la causa de la génesis de una cosa y la utilidad final de ésta, su efectiva utilización e inserción en un sistema de finalidades, son hechos totalmente separados entre sí; que algo existente, algo que de algún modo ha llegado a realizarse, es interpretado una y otra vez, por un organismo superior a ello, en dirección a nuevos propósitos, es apropiado de un modo nuevo, es transformado y adaptado a una nueva utilidad; que todo acontecer en el mundo orgánico es un subyugar, un enseñorearse, y que, a su vez, en los que, por necesidad, el 'sentido' anterior y 'la finalidad' anterior tienen que quedar oscurecidos o incluso totalmente borrados. Por muy bien que se haya comprendido la utilidad de un órgano fisiológico cualquiera (o también de una institución jurídica, de una costumbre social o de un culto religioso), nada se ha comprendido aún con ello respecto a su génesis: aunque esto pueda sonar harto molesto e incómodo a los oídos más viejos, -ya que desde antiguo se había creído que en la finalidad demostrable, en la utilidad de una cosa, de una forma, de una institución, se hallaba también la razón de su génesis, y así el ojo estaba hecho para ver, y la mano para agarrar. También se ha imaginado de este modo la pena, como si hubiese sido inventada para castigar. Pero todas las finalidades, todas las utilidades son sólo indicios de que una voluntad de poder se ha enseñoreado de algo menos poderoso y ha impreso en ello, partiendo de sí misma, el sentido de una función; y la historia entera de una 'cosa', de un órgano, de un uso, puede ser así una ininterrumpida cadena indicativa de interpretaciones y reajustes siempre nuevos, cuyas causas no tienen ni siquiera necesidad de estar relacionadas entre sí, antes bien a veces se suceden y se relevan de un modo enteramente casual. El 'desarrollo' de una cosa, de un uso, de un órgano es, según esto, cualquier cosa antes que un progressus hacia una meta, y aún menos un progreso lógico y brevísimo conseguido con el mínimo gasto de de fuerzas y costes, -sino la sucesión de procesos de avasallamiento más o menos profundos, más o menos independientes entre sí, que tienen lugar en la cosa, a lo que hay que añadir las resistencias utilizadas en cada caso para contrarrestarlos, las metamorfosis intentadas con una finalidad de defensa y de reacción, así como los resultados de contracciones afortunadas. La forma es fluida, pero el 'sentido' lo es todavía más... Incluso en el interior de cada organismo singular las cosas no ocurren de manera distinta: con cada crecimiento esencial del todo cambia también el 'sentido' de cada uno de los órganos, -y a veces la parcial ruina de los mismos, su reducción numérica (por ejemplo, mediante aniquilamiento de los miembros intermedios), pueden ser un signo de creciente fuerza y perfección. He querido decir, que también la parcial inutilización, la atrofia y la degeneración, la perdida de sentido y conveniencia, en una palabra, la muerte, pertenecen a las condiciones del verdadero progressus: el cual aparece siempre en forma de una voluntad y de un camino hacia un poder más grande y complejo, y se impone siempre a costa de innumerables poderes más pequeños.
La grandeza de un 'progreso' se mide, pues, por la masa de todo lo que hubo que sacrificarle; la humanidad en cuanto a masa, sacrificada al florecimiento de una única y más fuerte especie hombre -eso sería un progreso...- Destaco tanto más este punto de vista capital de la metódica histórica cuanto que, en el fondo, se opone al instinto y al gusto de la época hoy dominantes, los cuales preferirían pactar incluso con la casualidad absoluta, más aún, con el absurdo mecanicista de todo acontecer, antes que con la teoría de una voluntad de poder que se despliega en todo acontecer. La idiosincracia democrática opuesta a todo lo que domina, el moderno misarquismo (por formar una mala palabra para una mala cosa), de tal manera se han ido poco a poco transformando y enmascarando en lo espiritual, en lo más espiritual, que hoy ya penetran, y les es lícito penetrar paso a paso en las ciencias más rigurosas, más aparentemente objetivas; a mí me parece que se han enseñoreado ya incluso de toda la fisiología y de toda doctrina de la vida, para daño de las mismas, como ya se entiende, pues les han escamoteado un concepto básico, el de la auténtica actividad. En cambio bajo la presión y el dominio de aquella idiosincrasia se coloca en primer plano la 'adaptación', es decir, una actividad de segundo rango, una mera reactividad, más aún, se ha definido la vida misma como una adaptación interna, cada vez más apropiada, a circunstancias externas(Herbert Spencer). Pero con ello se desconoce la esencia de la vida, su voluntad de poder; con ello se pasa por alto la supremacía de principio que poseen las fuerzas espontáneas, agresivas, invasoras, creadoras de nuevas interpretaciones, de nuevas direcciones y formas, por influjo de los cuales viene luego la 'adaptación' ; con ello se niega en el organismo mismo el papel dominador de los supremos funcionarios, en los que la voluntad de vida aparece activa y conformadora. Recuérdese lo que Huxley reprochó a Spencer -Su 'nihilismo administrativo'; pero se trata de algo más que de 'administrar'... "
[G.M Tratado II Cap. XII]


Cuando veo las sociedades, las empresas, las ideas, los sentimientos, los hombres , las plantas, los animales, los planetas y galaxias, en fin, todo caunto cambia y se transforma inevitablemente tragando y triturando lo más débil o dominable para con ello evolucionar o sea, para adquirir más poder, más capacidades, mayor dominio, complejidad y capacidad de acción, no puedo dejar de pensar que Nietzsche tiene razón sobrada cuando dice: la esencia de la vida es la voluntad de poder, y allí en donde se predica la no destrucción, la no apropiación, el no abuso, la no distinción, el no crecimiento sino la paz, la mansedumbre y la apatía, allí se tentanta contra la vida. O no!?

Lo que ocurre es que durante milenios la vida ha sido definida de forma compoletamente antinatural: hay que huir de la vida, o sea, hay que refugierse en la moral ¡Hay que ser bueno, pacífico, tolerante, manso, respectuoso con el prójimo, no conflictivo, ayudar al pobre y débil!

En fin, menudo problema tenemos aquí ¿Qué hacemos?

jueves, 9 de abril de 2009

De porqué Platón fue un aristócrata del espíritu

"La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco." Platón.

Aristocracia cultural

Cuando todo el mundo lee, incluso se vanagloria de ser lector, el no leer es un privilegio ¡Y uno de los más altos, distinguidos y raros! Puesto que, como todo lo bueno, el no leer también perjudica...

Hay que andar muy sobrado para aceptar y amar lo que perjudica.

miércoles, 8 de abril de 2009

Materia oscura y Metafísica

Supongo que a todos, más o menos, os suena el término astrofísico de Materia Oscura.

¿Cómo surge este término? Sencillo: Cuando se observa que las leyes de la física no funcionan para describir el movimiento de galaxias y cúmulos galácticos, entonces, de semejante 'error teórico' se deduce que, si bien las leyes gravitacionales no son falsas, ahí 'tiene' que 'existir' una masa indeterminada y con características sumamente exóticas que provoque tan grandes desviaciones entre el modelo que nos ilustran nuestras leyes, y que hoy por hoy tomamos por válidas, y la realidad.

Ciertamente eh aquí una opción: pensar que si el modelo no cuadra con lo experimentado es porque, precisamente, el modelo nos informa de la existencia de "algo" que todavía no se ha experimentado.

Otra opción, empero, consiste en intentar formular nuevas y 'mejores' leyes gravitacionales que atiendan exclusivamente a cuanto se está experimentando ¡Y así bien lo han intentado algunos, como Alexander Mayer! Sin embargo, como éstas nuevas leyes tampoco acaban de funcionar lo bastante bien, de momento se sigue aceptando la relatividad general... aunque con ciertas modificaciones. Por consiguiente, los científicos aún se comen el coco pensando como poder detectar la materia oscura.

Uno de los cambios brutales de la mecánica moderna (hasta finales del s.XVIII) para con respecto a la mecánica contemporánea (a partir del s.XIX) radica en el continuo progreso de la capacidad de experimentación, a través de un incesante desarrollo tecnológico de los aparatos de medición y detección. Estos avances dieron pie a algo asombroso: ser capaces de predecir la existencia de 'fenómenos' aún no experimentables.

Esto nos ha llevado a una situación curiosa; una situación aún incipiente pero que se irá acentuando a lo largo de este siglo; a saber: aparecerá un nuevo y profundo conflicto entre las ideas o modelos mecánicos y nuestras experiencias.

Por ejemplo, eh aquí el caso de la materia oscura, que como ya sucedió a finales del s.XIX con la idea de éter, puede llegar a ser un paradigma de este profundo dilema: O las leyes gravitacionales actuales son erróneas o bien, éstas son verdaderas y existe la materia oscura y por tanto, el problema radica en el simple hecho, de que aún no hemos desarrollado mecanismos de detección y medición lo suficientemente 'buenos'.

En verdad, toda esta discusión nos obligará a gestar y potenciar de una forma u otra nuevos estudios metafísicos, es decir, nuevos estudios sobre lo que es posible y lo que no. Porque precisamente la metafísica se cuestiona eso -¿Qué es posible que exista?- al preguntarse, no el cómo se comporta la naturaleza sino qué es.

A mi parecer, la Tº de la Relatividad es falsa, pero no por ello hay motivos para refutarla ¡Que algo sea falso no significa que no sea útil! Sin embargo, empezamos a desconfiar de ella al apreciar cómo arrastra un montón de imposibles, así por ejemplo, las singularidades. A fin de cuentas, éstas no se pueden medir, ni por tanto, corroborar... De hecho, si existen singularidades éstas tampoco pueden afectarnos de ninguna forma ¡Las singularidades son ideas superfluas y triviales... como lo es Dios!

Por otro lado, debo confesar que me río de las tonterías que se escriben acerca de la materia oscura ¡Algunos ya empiezan a dudar de que sea una masa y tienden a confabularse para 'verla' no como una sustancia sino como una nueva fuerza de la naturaleza! Qué mediocres ¿Para eso hay que estudiar tantos años en las universidades? "Aunque la mona se vista de seda mona se queda" ¡Y la educación sólo es un atuendo! En fin, que se aplaudan a sí mismos y se repartan premios... ¡Menudo espectáculo!


Pero en fin, quien tenga oídos que atienda.

lunes, 6 de abril de 2009

Montaigne

Después de leerme a Schrödinger he retomado los ensayos de Montaigne, especialmente su ensayo 'Apología a Raimundo Sabunde' en donde expone de forma profunda su visión de la ciencia.

Montaigne siempre me hace disfrutar intelectualmente ¡Incluso cuando defiende a Dios y al cristianismo me parece agradable y digno! Y aunque es muy raro que yo trate positivamente algo, ante Montaigne digo decididamente - Sí-.

"¿Son nuestros sentidos los que prestan al objeto esas diversas características mientras que sin embargo los objetos sólo tienen una? Como sabemos que ocurre con el pan que comemos; no es más que pan, mas nuestras funciones lo transforman en huesos, carne, pelo y uñas 'Repartido por el cuerpo y los miembros, el alimento desaparece creando una nueva sustancia' [Lucrecio] El líquido que chupa la raíz de un árbol se hace tronco, hoja y fruto; y el aire, aun siendo sólo uno, se diversifica al pasar por una trompeta en mil classes de sonidos: ¿Son, digo, nuestros sentidos los que dotan igualmente de distintas cualidades a los objetos, o las tienen ellos así? Y con esta duda, ¿Qué podemos resolver acerca de su verdadera esencia? Además, puesto que cuando estamos enfermos, cuando soñamos y cuando dormimos, nos parecen las cosas distintas que a los sanos, a los juiciosos y a los que velan, ¿no es posible que nuestro estado normal y nuestros sentimientos naturales doten también a las cosas de un ser a su medida y adoptado a ellos como hacen los sentimientos desordenados? ¿Por qué el equilibrado no ha de dar una forma a las cosas relativas a sí mismo, al igual que el desequilibrado, y no ha de imprimirles asimismo su carácter?
El que no tiene gusto achaca la falta de sabor al vino; el sano, el sabor; el ebrio, la embriaguez.
Y resulta que si nuestro estado adapta las cosas a sí mismo y las transforma según él, no sabemos entonces cómo son las cosas de verdad; pues todo llega a nosotros falsificado y alterado por nuestros sentidos. Cuando el compás, la escuadra y la regla están torcidos, todas las proporciones que con ellos se sacan, todos los edificios que se erigen con sus medidas, tienen a su vez e irremediablemente defectos y fallos. La inseguridad de nuestros sentidos hace que todo lo que transmiten sea incierto: 'Si en una construcción la primera regla es mala, si la escuadra engañosa se aleja de la línea recta, si el nivel cojea de un lado, todo necesariamente estará mal, torcido, hundido, inclinado hacia delante, hacia atrás sin proporción; amenazando con derrumbarse y derribándose en parte, traicionando por error de los primeros cálculos. De igual modo, si tus sentidos te engañan, todos tus juicios estarán equivocados.' [Lucrecio] POr otra parte, ¿quien podrá juzgar de esas diferencias? Lo que decimos de las disputas religiosas, que necesitamos de un juez que no pertenezca ni a un bando ni a otro, sin ideas preconcebidas ni simpatías, cosa imposible entre los cristianos, ocurre igualmente en esto; pues, si es viejo, no puede opinar sobre la manera de sentir de la vejez por ser él mismo parte integrante en este debate; si es joven, lo mismo; si sano, tampoco; o si está enfermo, si duerme o si vela. Precisaríamos de alguien exento de todas esas cualidades para que sin prejuicios juzgase de las percepciones, que le serían indiferentes; y para ello precisaríamos de un juez que no existe.
Para juzgar las apariencias de los objetos que recibimos, necesitaríamos de un instrumento atinado; para comprobar ese instrumento precisaríamos de la demostración; para comprobar la demostración, de un instrumento: henos en un círculo vicioso. Puesto que los sentidos no pueden cortar nuestra disputa por ser ellos mismos grandemente inseguros, es menester que lo haga la razón; ninguna razón se establecerá sin otra razón: henos aquí retrocediendo hasta el infinito. Nuestro pensamiento no se aplica a las cosas objetivas sino que surge mediante la intervención de los sentidos; y los sentidos no comprenden el objeto tal y como es, sino sólo sus propias sensaciones; y por tanto la idea y apariencia no son del objeto sino sólo de la sensación padecida por el sentido, y sensación y objeto son cosas distintas; por lo cual quien juzga por las apariencias juzga por cosa distinta al objeto. Y cuando dicen que las sensaciones transmiten al espíritu la cualidad de los objetos en sí mismos por el parecido, ¿Cómo pueden estar el alma y el entendimiento seguros de este parecido, si no tienen relación alguna con las cosas objetivas? Al igual que quien no conoce a Sócrates no puede decir al ver su retrato si se le parece o no. Y quien quisiera, a pesar de todo, juzgar por las apariencias no podría hacerlo por todas, pues se contradicen con sus diferencias y discrepancias, como por experiencia sabemos; ¿será que algunas apariencias mandan sobre otras? Será menester comprobar la elegida mediante otra elegida, la segunda mediante la tercera; y así nunca se llegará al final.
POr último, no hay ninguna existencia constante, ni de nuestro ser, ni del de los objetos. Nosotros, y nuestro juicio, y todas las cosas mortales, vamos fluyendo y rodando sin cesar. Así nada seguro puede establecerse del uno al otro, pues tanto el que juzga como el juzgado están en contínua mutación y en continuo cambio.
No tenemos comunicación alguna con el ser, porque toda naturaleza humana está siempre en medio entre el nacer y el morir sin dar de sí más que una sombra, una oscura apariencia y una incierta y débil idea. Y si por fortuna, dedicáis vuestro pensamiento a querer atrapar su ser, ocurrirá lo mismo que si quisiérais atrapar el agua: pues cuanto más apretéis y agarréis lo que por naturaleza fluye por todas partes, tanto más perderéis lo que queríais atrapar y retener."

domingo, 5 de abril de 2009

Orígen de la vida

La ciencia moderna, o sea, actual, es puro mecanicismo; entendiendo, por supuesto, que las ideas de "probabilidad" y "Azar" sólo tienen cabida dentro de una visión mecánica de la naturaleza.

Claro está, que la naturaleza se halla muy lejos de ser mecánica, sin embargo, parece ser que son muchos quienes no saben comprenderla si no es mecanizándola: imponiéndole tiránicamente conceptos tales como el de espacio-tiempo, de causalidad, de fuerza, de graduación, de igualdad y por tanto, diferencia, etc. Y casi todos, además, 'sacan' de su incapacidad por interpretar la naturaleza fuera de cierto orden lógico-mecánico la ridícula y absurda idea de que la Naturaleza, o sea la vida, es realmente mecánica. Eh aquí la poca honestidad intelectual de los científicos, por ejemplo, de Schröndiger cuando intenta hablarnos sobre "qué es la vida".

Me sorprende la mediocridad intelectual de los científicos en general, por no decir los camuflados intereses que esconden muchas ecuaciones supuestamente neutras y objetivas (como la de la relatividad general) ¡Qué me digan que las leyes que nos inventamos para comprender cuanto nos acontece son constitutivas de la naturaleza, como nos predican Hawking o Penrose o Vilenkin o...! Para mí no son más que intentos de los "operarios técnicos" de justificar socialmente su tarea... y a poder ser, granjearse cierta reputación ¡Eh aquí la vanidad de los mecánicos!

Me río para no llorar cuando veo, sorprendido, cómo creen ciegamente, tal si fueran niñitas adolescentes, que con un telescopio o un microscopio van a 'ver' el origen de la vida o del Universo ¡Cuando esta pregunta es absurda! Pero eh aquí un planteamiento digno de simios ¿Queréis que demuestre lo que digo? La verdad, me da palo y que cada cual indague por su cuenta lo que cuento ¡No querréis que os lo pase todo por el comedero!

A mi entender hay que replantear a fondo, desde sus principios básicos, toda la ciencia moderna y contemporánea, y sacarle toda esa teologia y ese dogmatismo enquistado que arrastra. Pero, ¿quien tiene la fuerza y el vigor intelectual suficiente para ello?



viernes, 3 de abril de 2009

Vanidad

Sólo se alaba y se aplaude aquello que uno reconoce y entiende, acaso porque, de algún modo, se siente partícipe ¿Serán vanos toda crítica y aplauso? Quizás, pero gracias a ello nos sentimos vivos.

A nadie le molesta su propia vanidad, en todo caso es la de los demás la que incordia. A fin de cuentas, nadie "tiene" un criterio y un gusto tan detestable como aquellos quienes ensalzan y vitorean cuanto nosotros detestamos, aburrimos, rechazamos.

miércoles, 1 de abril de 2009

Mentiras y ciencia

Nos resulta inevitable vivir con mentiras o si más no, con engaños y fantasías. La verdad raramente resulta útil, ¡sin embargo solemos llamar verdad a lo que nos sabe útil y exitoso para nuestros intereses!

Por ejemplo, la mecánica moderna y contemporánea, fundamentada en el cálculo o el análisis y el empirismo para nada nos cuenta la verdad del mundo, pero nos resulta sumamente útil para controlar, predecir y en este sentido, comprender cuanto experimentmos. Y es precisamente porque nos resulta útil para potenciar nuestra vida, para proporcionarnos cierto éxito y dominio sobre la naturaleza y nosotros mismos que la llamamos, inocentemente, ciencia, o sea, opinión verdadera.

Hasta que los "científicos" no se den cuenta de esto, la ciencia no podrá superarse a sí misma.

Y damos gracias a las religiones

Nosotros, los ateos... Los que no creemos en Dios simplemente porque no sentimos ni notamos nada que habite dentro de nuestros corazones ni por encima de nuestras cabezas; nosotros que apenas nos preocupamos por dar razones inapelables que demuestren de forma irrefutable la no existencia de Dios, ya que tenemos otras cosas con que 'perder nuestro tiempo' y nuestro ingenio; nosotros, digo, agradecemos la existencia de estas religiones místicas que llevan ya tiempo dominando a las masas con sus preceptos, sus espectáculos y sus fiestas. Gracias a ellas tenemos un motivo más para reirnos del hombre y menospreciarlo ¡Qué sería de esa magnífica y cruel película de Monty Python "La vida de Brian" sin conocer el cristianismo, el judaísmo, incluso, los revolucionarios! No la entenderíamos... nos parecería absolutamente absurda.

Nosotros, los más radicalmente ateos, tan ateos que incluso pasamos de ser laicos porque también olemos allí una teología y 'pienso' para masas, admitimos tener cierto aprecio hacia estas miserias espirituales humanas, las religiones místicas, por el grotesco espectáculo que nos brindan. Gracias a ellas, casi que conocemos mejor la verdad y a nosotros mismos... ¡Por puro contraste!

Gracias a ellas sabemos que los hombres no son iguales.