viernes, 10 de abril de 2009

Voluntad de Poder

Podéis leer en el Blog de José Luís Ferreira una serie sobre la teoría de la evolución muy ilustrativa. Cierto que le comenté a José Luís que le enviaría algunas ideas instigadas por su lectura, pero no tengo mucho tiempo para ello. Sin embargo querría colgar uno de los capítulos de la "Genealogía de la Moral" de Nietzsche en donde se tratan los conceptos morales desde una óptica evolucionista.

Pero Nietzsche hace algo más que describir la evolución que han sufrido conceptos y valores tales como bien y mal o bien, de describir cómo ha surgido el sentimiento de culpa, la consciencia o el ascetismo del filósofo... Nietzsche nos explica un porqué. Y la verdad, no sé quien es el listo que lo puede rebatir de forma rigurosa y honesta, es decir, sin apelar a sus deseos particulares.

"Todavía una palabra, en este punto, sobre el origen y la finalidad de la pena -dos problemas que son distintos o deberían serlo: por desgracia, de ordinario se los confunde. ¿Cómo actúan, sin embargo, en este caso los genealogistas de la moral habidos hasta ahora? De modo ingenuo, como siempre -:descubren en la pena una 'finalidad' cualquiera, por ejemplo, la venganza o la intimidación, después colocan despreocupadamente esa finalidad al comienzo, como causa productiva de la pena, y ya han acabado.
La 'finalidad del derecho' es, sin embargo, lo último que ha de utilizarse para la historia genética de aquél: pues no existe principio más importante para toda especie de ciencia histórica que ese que se ha conquistado con tanto esfuerzo, pero que también debería estar realmente conquistado; a saber: que la causa de la génesis de una cosa y la utilidad final de ésta, su efectiva utilización e inserción en un sistema de finalidades, son hechos totalmente separados entre sí; que algo existente, algo que de algún modo ha llegado a realizarse, es interpretado una y otra vez, por un organismo superior a ello, en dirección a nuevos propósitos, es apropiado de un modo nuevo, es transformado y adaptado a una nueva utilidad; que todo acontecer en el mundo orgánico es un subyugar, un enseñorearse, y que, a su vez, en los que, por necesidad, el 'sentido' anterior y 'la finalidad' anterior tienen que quedar oscurecidos o incluso totalmente borrados. Por muy bien que se haya comprendido la utilidad de un órgano fisiológico cualquiera (o también de una institución jurídica, de una costumbre social o de un culto religioso), nada se ha comprendido aún con ello respecto a su génesis: aunque esto pueda sonar harto molesto e incómodo a los oídos más viejos, -ya que desde antiguo se había creído que en la finalidad demostrable, en la utilidad de una cosa, de una forma, de una institución, se hallaba también la razón de su génesis, y así el ojo estaba hecho para ver, y la mano para agarrar. También se ha imaginado de este modo la pena, como si hubiese sido inventada para castigar. Pero todas las finalidades, todas las utilidades son sólo indicios de que una voluntad de poder se ha enseñoreado de algo menos poderoso y ha impreso en ello, partiendo de sí misma, el sentido de una función; y la historia entera de una 'cosa', de un órgano, de un uso, puede ser así una ininterrumpida cadena indicativa de interpretaciones y reajustes siempre nuevos, cuyas causas no tienen ni siquiera necesidad de estar relacionadas entre sí, antes bien a veces se suceden y se relevan de un modo enteramente casual. El 'desarrollo' de una cosa, de un uso, de un órgano es, según esto, cualquier cosa antes que un progressus hacia una meta, y aún menos un progreso lógico y brevísimo conseguido con el mínimo gasto de de fuerzas y costes, -sino la sucesión de procesos de avasallamiento más o menos profundos, más o menos independientes entre sí, que tienen lugar en la cosa, a lo que hay que añadir las resistencias utilizadas en cada caso para contrarrestarlos, las metamorfosis intentadas con una finalidad de defensa y de reacción, así como los resultados de contracciones afortunadas. La forma es fluida, pero el 'sentido' lo es todavía más... Incluso en el interior de cada organismo singular las cosas no ocurren de manera distinta: con cada crecimiento esencial del todo cambia también el 'sentido' de cada uno de los órganos, -y a veces la parcial ruina de los mismos, su reducción numérica (por ejemplo, mediante aniquilamiento de los miembros intermedios), pueden ser un signo de creciente fuerza y perfección. He querido decir, que también la parcial inutilización, la atrofia y la degeneración, la perdida de sentido y conveniencia, en una palabra, la muerte, pertenecen a las condiciones del verdadero progressus: el cual aparece siempre en forma de una voluntad y de un camino hacia un poder más grande y complejo, y se impone siempre a costa de innumerables poderes más pequeños.
La grandeza de un 'progreso' se mide, pues, por la masa de todo lo que hubo que sacrificarle; la humanidad en cuanto a masa, sacrificada al florecimiento de una única y más fuerte especie hombre -eso sería un progreso...- Destaco tanto más este punto de vista capital de la metódica histórica cuanto que, en el fondo, se opone al instinto y al gusto de la época hoy dominantes, los cuales preferirían pactar incluso con la casualidad absoluta, más aún, con el absurdo mecanicista de todo acontecer, antes que con la teoría de una voluntad de poder que se despliega en todo acontecer. La idiosincracia democrática opuesta a todo lo que domina, el moderno misarquismo (por formar una mala palabra para una mala cosa), de tal manera se han ido poco a poco transformando y enmascarando en lo espiritual, en lo más espiritual, que hoy ya penetran, y les es lícito penetrar paso a paso en las ciencias más rigurosas, más aparentemente objetivas; a mí me parece que se han enseñoreado ya incluso de toda la fisiología y de toda doctrina de la vida, para daño de las mismas, como ya se entiende, pues les han escamoteado un concepto básico, el de la auténtica actividad. En cambio bajo la presión y el dominio de aquella idiosincrasia se coloca en primer plano la 'adaptación', es decir, una actividad de segundo rango, una mera reactividad, más aún, se ha definido la vida misma como una adaptación interna, cada vez más apropiada, a circunstancias externas(Herbert Spencer). Pero con ello se desconoce la esencia de la vida, su voluntad de poder; con ello se pasa por alto la supremacía de principio que poseen las fuerzas espontáneas, agresivas, invasoras, creadoras de nuevas interpretaciones, de nuevas direcciones y formas, por influjo de los cuales viene luego la 'adaptación' ; con ello se niega en el organismo mismo el papel dominador de los supremos funcionarios, en los que la voluntad de vida aparece activa y conformadora. Recuérdese lo que Huxley reprochó a Spencer -Su 'nihilismo administrativo'; pero se trata de algo más que de 'administrar'... "
[G.M Tratado II Cap. XII]


Cuando veo las sociedades, las empresas, las ideas, los sentimientos, los hombres , las plantas, los animales, los planetas y galaxias, en fin, todo caunto cambia y se transforma inevitablemente tragando y triturando lo más débil o dominable para con ello evolucionar o sea, para adquirir más poder, más capacidades, mayor dominio, complejidad y capacidad de acción, no puedo dejar de pensar que Nietzsche tiene razón sobrada cuando dice: la esencia de la vida es la voluntad de poder, y allí en donde se predica la no destrucción, la no apropiación, el no abuso, la no distinción, el no crecimiento sino la paz, la mansedumbre y la apatía, allí se tentanta contra la vida. O no!?

Lo que ocurre es que durante milenios la vida ha sido definida de forma compoletamente antinatural: hay que huir de la vida, o sea, hay que refugierse en la moral ¡Hay que ser bueno, pacífico, tolerante, manso, respectuoso con el prójimo, no conflictivo, ayudar al pobre y débil!

En fin, menudo problema tenemos aquí ¿Qué hacemos?

3 comentarios:

José Luis Ferreira dijo...

Agarrarlo por los cuernos y entender que no tenemos por qué aceptar los términos de la vida, tal como se organiza desde los genes y proponer nuestros términos tal como queremos organizarlos desde nuestros cerebros.

Criteri dijo...

Hi ha gradació: dominar, deixar-se dominar, dominar una mica, ajudar una mica, molt, etc. Establir la correcta és el debat, efectivament. I agafant lo de Ferreira, que hi estic d'acord: "proponer nuestros términos tal como queremos organizarlos desde nuestros cerebros. " diria que hom ha establert el "terme" sol.lidaritat social és lo que s'ha proposat com a més funcional. Ara, com s'aplica és una altra qüestió.

José Luis Ferreira dijo...

Criteri:

Solidaridad social y responsabilidad individual, ese es mi lema (uno de ellos). Para aplicarlo nos ayudará estar en una sociedad abierta, liberal, democrática y sin prejuicios. Sé que esto no define el cómo, sino el marco, pero es el comienzo.