domingo, 10 de mayo de 2009

Del peligro de reflexionar y conocer

No hay nada más peligroso que conocer a medias algo... que dominar los resquicios de un arte y una técnica. Pero, ¡ay!, ¡quizás jamás llegamos a saber completamente nada! ¿Acaso no estamos siempre en aprendizaje y evolución?

Sea como sea, es más probable romperte la cara una vez crees que ya sabes ir en bicicleta que cuando empiezas aprender a pedalear ¿Será la suerte del principiante? No, pero en los inicios con poco basta para que algo funcione; es con el tiempo que la cosa se vuelve más compleja y sutil, más difícil y exigente, más peligrosa y trágica ¡El más mínimo error puede volverse fatal!


Con el conocimiento y la reflexión ha sucedido esto mismo. El cristianismo ha sido el gran batacazo: cuando la antiguedad creyó hallar los límites de la razón y la ciencia se cayó ¡Y desde qué altura!
Pero tocamos fondo, y "lo que no mata nos hace más fuertes". El cristianismo con su radicalidad ascética nos ha vacunado contra todas las conclusiones paranormales que cualquier sociedad humana ha llegado a vislumbrar con su torpe reflexionar durante milenios.
Hemos desarrollado un instinto superior capaz de oler a distancia si una opinión es supersticiosa o no, y apartarla. Esto es lo que nos ha legado realmente la ciencia del milagro, o sea, el cristianismo.


No podemos dar marcha atrás. El cristianismo ha sido una gran enfermedad, pero nos ha vacunado contra muchas otras enfermedades menores del intelecto. Hemos descubierto que la razón y la ciencia tienen nuevos límites y horizontes, insospechados para los antiguos ¡Cómo no íbamos a lanzarnos intrépidamente hacia ellos! Sí, hasta las últimas consecuencias de nuestras razones.

Quien sabe empero... Quizás nos la volvamos a meter ¡Y ahora desde más arriba!



1 comentario:

Francisco Chávez dijo...

Interesante postura. Me ha gustado tu blog. Enhorabuena.