lunes, 28 de septiembre de 2009

La defensa de Sócrates

Carlos tiene razón, al menos os podría haber dado señales de vida. Seguramente haya varios motivos para explicar tan larga ausencia... Aunque ninguno serio y relevante. Sin embargo, puedo deciros, amigos, que este 'letargo' no ha sido en vano.

Puestos ya, os contaré alguna cosa. Ayer releí ese brevísimo texto titulado "La defensa de Sócrates", escrito por Platón y en el cual se recrea la supuesta defensa que Sócrates esgrimió delante de sus conciudadanos ante los cargos de ateísmo y de pervertir a la juventud -A pocos les quedan bien estos cargos.

Sobre la denuncia de ateísmo queda claro cuan infundada resulta ser ésta ¡El viejo dialéctico cree en los Dioses como el que más! De hecho, cree que su misión mayéutica se debe, precisamente, a una orden directa de la divinidad.

Sobre la denuncia de corromper a la juventud hay más confusión ¡Y así lo admite el propio Sócrates! Vayamos por pasos:
El sabio ateniense observa cómo sus conciudadanos se han corrompido ¡En el sentido literal del término! La heroica generación de Esquilo que se había sacrificado en tromba para la libertad de la democracia ateniense era ya sólo un recuerdo del pasado, mientras que las nuevas "levas" parecen ser espíritus mucho más débiles ¡Quieren vivir y gozar de la vida a toda costa! Y en razón, esa gente se caracteriza por ser sumamente egoista, manipulable, rastrera, influenciable ¡Siempre prestando oídos a quienes puedan serles útiles al momento! Esta nueva actitud, pues, alertaba haber perdido ese carácter duro, firme, intransigente que había guiado a las generaciones anteriores en la construcción del imperio ateniense a costa de luchas, sacrificios y sangre... mucha sangre.

Cabe decir, que esta enfermedad de la voluntad que se sabe incapaz de dureza, firmeza y sacrificio, incapaz, además, de tomar distancias y objetividad con nada, y por tanto, de mostrarse autónoma, no es culpa de Sócrates ¡Sócrates simplemente la diagnostica, la intuye, la denuncia! Eh aquí el don de Sócrates: oler la podredumbre y la corrupción que sufre la voluntad ateniense enmoheciendo todas las calles ¡Sócrates denuncia el Carpe Diem y el apego a la vida que ciega a sus conciudadanos echando a perder esa gran construcción que se llama Atenas! Esto, texto en mano, resulta clarísimo.

Lo que hace Sócrates, entonces, es buscar un remedio a esta desmembración ateniense. Y cree hallar la solución en la filosofía, es decir, en la verdad: sólo la verdad hace bueno al hombre, y sólo el hombre bueno es virtuoso, o sea, de voluntad firme, autónoma y fuerte. Por eso Sócrates se pasa el día instigando a los denomidados sabios y los cuales se dedican precisamente a educar y formar a las nuevas generaciones de atenienses ¡Quiere descubrir si estos sabios son realmente sabios y por tanto si son capaces de enmendar la situación! Sin embargo descubre que nadie es sabio, es decir, que todo el mundo está corrompido al ser incapaz de conocer la verdad. Y es que al entender de Sócrates siendo uno ignorante se ve incapaz de actuar correctamente y por tanto, de ser bueno. Es decir, si un hombre no es sabio, no puede hacer las cosas bien y por tanto, ni puede ser feliz ni hacer feliz a nadie.

Estos silogismos sumieron a Sócrates en una frustración profunda, que podríamos resumir vulgarmente diciendo: -La vida es una mierda- y que el propio Sócrates reconoció al decir: "Sea lo que sea la muerte ésta nos depara mejores cosas que la vida, porque si la muerte es la pérdida de consciencia, tal y como ocurre en muchos de nuestros sueños que al dormir no nos enteramos de estar durmiendo, entonces vale afirmar que la muerte es una situación mucho más agradable que la vida despierta con todas sus intrigas, falsedades, injusticias e ignorancias. Y si la muerte es un viaje a otra vida, siendo entonces nuestra alma inmortal no hay nada que temer ni que perder." No en vano, Sócrates fue quien buscó su propia muerte, pues de esta vida de ignorancia no esperaba nada sino dolor, injusticias y mentiras.

Visto así, cabe decir que también Sócrates contribuyó en ese proceso de degeneración que sufría el pueblo ateniense. Afirmar que para curarse los hombres más aptos de Atenas, los aristócratas como Platón por ejemplo, debían desprenderse y descuidarse de sus asuntos personales, de sus utilidades mundanas y buscar la verdad pura y desnuda porque sin ésta no es posible alcanzar la virtud, o sea, la voluntad fuerte, próspera y libre, hizo que los atenienses se volvieran más idiotas ¡Y el mismo Platón lo demuestra!

Platón, que por su abolengo y rango estaba destinado a reorganizar y liderar de nuevo Atenas para con ello, volverla de nuevo fuerte y dominadora, acabó predicando el mundo de las ideas, lo ingrata que es la vida mundana y dando pie a que los sabios, durante milenios, consideraran nuestra vida un sueño, una apariencia, algo imperfecto.

Sí, Sócrates había corrompido a los jóvenes atenienses, especialmetne al divino Platón.


Ciertamente no hay nada peor para una enfermedad que una mala medicina.