domingo, 11 de octubre de 2009

La importancia del sexo

Durante siglos el cristianismo ha maldecido el sexo, las bajas pasiones, en fin, la carnalidad ¡Para refrenar las tentaciones del cuerpo esos engendros cristianos tomaban jarabe de palo a golpe de látigo! Recordemos: ¿cuál fue el castigo que le imputó Dios a Eva por haber arrancado la manzana del árbol del Saber? Quitarle la inmortalidad y obligarla a parir ¡Dios condenó a Adán y Eva a cultivar la llama de la vida a través de la pasión sexual y la reproducción! Aquí empieza la historia occidental sobre la maldición hacia la vida mundana.

Cuanto más leemos la historia del espíritu humano más nos damos cuenta que Nietzsche tiene muchas razones para afirmar: "El cristianismo no es más que platonismo para el pueblo". En el "Banquete", Platón expone de forma clarísima la primera descarnalización del amor, la pasión y el sexo (de Eros y Afrodita) registrada en Occidente y que de forma muy simple viene a decirnos: hay diferentes tipos de actos sexuales o amoríos; a saber: por un lado encontramos esos actos sexuales conducidos ciegamente por las más bajas pasiones y los cuales nos animalizan, nos embrutecen y destrozan, provocándonos dolor ¡Estos actos nos corrompen, puesto que perdemos el dominio de nosotros mismos y nos volvemos seres esclavos, inferiores, sumidos bajo los ciegos dictámenes de nuestro cuerpo imperfecto! Y es que este tipo de amoríos se caracteriza por la simple necesidad animal de copular, indistintamente con quien sea ¡Lo importante es dar vía libre a la libido!
Luego encontramos los actos pasionales que nos incitan a intimar, sólo, con los cuerpos más bellos. Este tipo de cópula puede ser de dos tipos; dice Platón: Si estos cuerpos son de sexo contrario el amor que ahí se presenta busca engendrar nuevos cuerpos aún más bellos y perfectos (búsqueda de una descendencia superior capaz de propagar la raza hacia arriba, o sea, "sub especie aeterni"; en este caso, pues, si bien el individuo sigue siendo mundano y fugaz la raza aspira a la inmortalidad). Pero si esta cópula se produce en exclusivo entre "machos" bellos, entonces, se busca algo más; a saber: engendrar espíritus superiores, o sea, intelectos autónomos, libres y señores de sí mismos.
Ya por último, agrega Platón, se encuentra el amor supremo: un amor no carnal, no fugaz, no mundano y como tal, conducido en exclusivo por la sana pasión hacia las ideas ¡Y es que los enamorados de las ideas son capaces de alcanzar la inmortalidad del alma, o sea, la felicidad, la autonomía y la beatitud eterna!

El cristianismo robó y resumió todo este planteamiento platónico de forma bastante bárbara con el mito de la inmaculada concepción de María. Éste relato dibujaba a la castidad como un acercamiento hacia Dios, o sea, hacia una supuesta pureza del alma ¡Hacia una supuesta inmortalidad egoísta y personal! Y durante siglos, en los conventos, las monjas han esperado, en vano, verse preñadas por el hálito divino para con ello elevarse hacia los cielos. Sí, el cristianismo es una depravada forma de satisfacer ciertos egoísmos.

En realidad el cristianismo ha dado muchísima importancia a la sexualidad ¡Los relatos cristianos son sumamente eróticos! Pero éstos hablan de sexo en la medida que, los muy depravados, quieren criminalizarlo y usarlo como chivo expiatorio de todos los males y dolores de la humanidad.

Seguramente fuera Foucault, en los años 70, quién hablara de ello de forma más incisiva en su "La historia de la sexualidad". Su homosexualidad le dio pie a que se tomara muy a pecho semejante problema, por lo común tan pasado por alto; a saber: ¿por qué se le da tanta importancia al sexo, ya para bien y para mal, en nuestras vidas? Y el francés concluyó que el sexo es un mito usado por las estructuras de poder para con él dominar al pueblo ¡Las estructuras de poder quieren que la gente hable constantemente de sexo, se preocupe por el sexo, dispute por el sexo, y con ello pretenden controlarlos y dominarlos!

Visto así el mito del sexo me recuerda mucho al mito de la felicidad. Ya no vemos al sexo y la felicidad como Ideales, o sea, realitatis, sino como humo de color, como ficción humana... ¿Qué conlleva todo ello?

3 comentarios:

Aldape dijo...

el sexo gran medicina con esto se resume jeje, echale un vistazo a mi blog. adios

¿Lesbiana? dijo...

Voy a plantear bien mi pocisión desde el principio: creo que el cristianismo es una de las peores cosas que le sucedió a la humanidad. No sólo tomó cosas muy buenas y las mediocrizó (filosofía, fechas paganas) para luego ridiculizarlas sino que, y esto es más grave, por medio de sus mecanismos de culpa y sus enunciados respecto de lo mal que está el cuerpo hace mierda la psiquis humana. Y lo digo por experiencia, fui a colegio católico toda mi vida y tengo muchos conocidos muy católicos.

Y bueno, no dejemos de lado que es super machista. Porque es la mujer la que tienta al hombre. Eso y mil cosas más.

En fin, quería opinar, pero tampoco mucho porque realmente creo que es un tema de mierda.

Un saludo!

pd: me siento halagada por lo que decís en mi blog

Carlos Suchowolski dijo...

En general, los debates de hoy en día eluden cada vez más las referencias genealógicas. ¿Tal vez porque de esta forma sobreviven (los debates) como puro espectáculo? Pareces sugerirlo ("humo de colr", "ficción humana"...). Como tales, se "desconectan" (se fuerza su desconexión) de las necesidades que los originaron y de sus sucesivas manipulaciones oportunistas para uso de los discursos... y eso los hace "puros", "divinos", etc., mínimmente "animales". El sexo es el "asunto" por excelencia para tales fines: deja de ser sexo para ser un "objeto de debate". Ídem la "cuestión del aborto" o la de "la muerte", y demás asuntos relacionados a unas cosas y a otras.
Todo se calma cuando se reduce a componentes de La Razón...
¿No?
Un abrazo.