sábado, 15 de mayo de 2021

Kant el ilustrado. ¿Es la vida una máquina perfecta y eterna?

 Kant siempre me ha fascinado. Me sabe a una mezcla brutal de potencia intelectual con mucha ingenuidad filosófica y una pizca no desdeñable de maldad, que con gran astucia sabía disimular cubriéndose con el beato halo de la objetividad más abstracta e inaprensible ¡Qué bien se expone él mismo en estas pocas palabras! Suponiendo que uno sepa leer entre líneas:

Immanuel Kant FRASES BONITAS CITAS Y PENSAMIENTOS (22) – Fannyjemwong's Blog 

Con todo, le respeto. Disfruto diseccionando de vez en cuanto sus ideas y viendo como se aventura a tratar sin miedos los grandes temas existenciales, a la vez que acaricia los aspectos más sutiles y como tales, siempre reservados a una minoría intelectual; un ejemplo de ello son su disquisiciones sobre la noción de "nada/vacío" con las que puso las bases teóricas del nihilismo posterior; o sus "antinomias"

Si tuviera que ser injusto con su obra diría que se trata de una construcción elaborada a partir de 4 materiales filosóficos básicos, sobre los cuales fue acomodando otras muchísimas influencias intelectuales para así construir su colosal y afiligranado sistema de pensamiento: 

1) El pensamiento de Michael de Montaigne, dado que no pocas de sus máximas filosóficas se encuentran ya esparcidas caprichosamente en la obra del francés. Ese aroma escéptico-creyente hacia Dios, el alma y las cosas del mundo que articula toda la obra kantiana me recuerda tanto a Montaigne; pero eso sí, sin la jovial libertad de espíritu del francés.

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2) Ese estilo erudito repleto de complejos engranajes terminológicos, pesado y gris, fruto de la cultura fomentada por las universidades occidentales desde hace siglos y que aún conservamos en gran medida como signo de distinción intelectual

Salta a la vista que Kant abraza por completo el gusto académico; lo considera una forma de expresión más elevada y certera, superior. Vamos, lo usa para apartarse de cuanto el "populacho" escribe y lee; para distinguirse. Y es precisamente esta voluntad de enclaustrarse en los círculos académicos, protegiéndose de la "penosa y pobre" forma razonar las cosas de la gente ordinaria y mundana, lo que le hace creer en la necesidad imperiosa de justificar y detallar todo cuanto propone para que así los "doctos" tomen en serio las 10 o 20 ideas importantes que, a fin de cuentas, quiere transmitir al mundo. De ahí esos tochos que termina por publicar, y que no sólo han apartado de inmediato a toda inteligencia no instruida de su lectura con expresión de horror y sufrimiento, como bien pretendía, sino que para sorpresa suya también apartaron a no pocos académicos -Hasta mediados del .sXIX si bien se veneró a Kant, se leyó poco.


Sociedad De Filosofía Aplicada - Frase de Inmanuel Kant. Imagen de Docta  Ignorancia | Facebook

Con Kant comienza la hipertrofia académica como estilo literario, con bastantes adeptos entre alemanes.

3) Isaac Newton y su visión mecanicista de la existencia: el universo es considerado una máquina perfecta; un ente racional y por ello comprensible, diseñado y creado más allá del espacio y el tiempo por Dios -causa o razón primera. Por consiguiente, el comportamiento del universo siempre reflejará el dictado de la buena voluntad divina.



Esto significa, sin más, que toda ethos* será regulada por leyes universales y necesarias; como las leyes de la dinámica newtoniana, las cuales determinan la conducta de todos los cuerpos materiales por ejemplo.



*Vale recordar que en griego ethos (de aquí ética, o moral para los romanos) sólo significa comportamiento, conducta, carácter, modo de ser, etc. 

4) David Hume, con "innovadores" argumentos separaba de nuevo la fe de la razón, los sentimientos de las argumentaciones más rigurosas y firmes, y finalmente las creencias (ámbito de los juicios metafísicos y éticos) de las certezas (ámbito de los juicios empíricos y lógico-matemáticos).


Con semejante crisis, o escisión, Hume espoleó a Kant y lo llevó a desarrollar el aspecto más arrogante, orgulloso y crucial de su obra: la ciencia trascendental. Y sobre ella el genio alemán dispuso todas sus esperanzas para salvar la convicción moderna de tomar la vida como una máquina perfecta y eterna de la endeble posición en que Hume la había dejado tiritando cuando destapó destacadas miserias e indemostrabilidades. 


Con todo, sólo quiero recordar que sobre el pensamiento de Kant se han dicho muchas cosas, especialmente entre profesores de filosofía, aunque Kant ya dejaba claro en el prólogo de su "Crítica de la razón pura" que el texto iba destinado a los "hombres de ciencia" -Einstein, por ejemplo, le tomó la palabra en gran medida. Y, para bien o para mal, no siempre encontramos "hombres de ciencia" entre los profesores de filosofía.  

Al momento, y en cualquier caso, usaré a Kant para exponer cómo veo la ilustración y su amplia influencia hasta nuestros días.

La ilustración

El pensamiento moderno, o ilustrado, ponedle el nombre que más os plazca, se fundamenta en una convicción y un prejuicio fundamental

La realidad ha de ser una MÁQUINA PERFECTA. 

Ser una máquina perfecta significa simplemente que la realidad sería completamente racional, es decir, todo se podría llegar a comprender y explicar al dedillo al tener una razón de ser; siempre y cuando, claro está, tuviéramos una inteligencia suficientemente potente y delicada a la vez. Por supuesto Dios sería esta superinteligencia, magnífica, beata y omnisciente; aunque Laplace, bajo un alarde de inmoralidad, tildó a tal inteligencia suprema de "demoníaca". 


Ver el vídeo sobre el "demonio de Laplace" aquí

 ¿Y como puede ser que la realidad sea comprensible?  

¿Cómo puede ser que todo tenga una definición propia y una razón de ser, con lo cual una enciclopedia lo suficientemente extensa, acaso de infinitos términos, nos mostraría como son éstas en realidad, liberando a la humanidad de su ignorancia y estupidez prehistórica? 

¿Cómo puede ser que nuestra inteligencia pueda penetrar el misterio que se oculta tras nuestras percepciones y experiencias de las cosas para sacar a relucir sus secretos más ocultos y sibilinos como quien corta un melocotón y saca a la luz su semilla? 

Ya desde Kepler una fuerte convicción empezaba a cuajar en el seno del pensamiento moderno: la vida no actúa de forma milagrosa, casual o accidental, sino siguiendo un orden, unos patrones, unas formas, unas regularidades o constancias bien definidas y con ello, bajo unos fines y unas previsiones


Se afianzaba, pues, la convicción neoplatónica de que el mundo es de por sí inteligente al estar perfectamente diseñado a partir de leyes universales, inmutables y eternas, las cuales definían sin menoscabo como han de ser todas las cosas.

 

En efecto, estas leyes divinas del universo obligarían a todas las cosas que existen, y pueden alguna vez existir, desde la luz, las substancias inorgánicas o astros, a las plantas, los animales y seres humanos, ¡o las sociedades!, a seguir un comportamiento y una manera de ser(un ethos)  determinada ¡Y no otra! 

Con razón, al tomarse la vida como un diseño inteligente elaborado a partir de leyes universales, eternas y divinas, precisamente se empezó a visualizar la vida como un "kosmos"(griego) o un "universo"(latín), es decir, como un "máquina" perfecta y armoniosa cuyas acciones siempre deben de obedecer algún orden preestablecido y bien definido por el cual devienen comprensibles y previsibles. 

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Si Descartes, por ejemplo, ha sido fundamental para el pensamiento moderno es porque con su metafísica precisamente justifica por primera vez entre los cristianos que la realidad pueda ser una máquina perfecta y autónoma -¡La Existencia es tratada como un reloj perfectamente diseñado!- Y siendo la vida un mecanismo tan sublime, complejo y divino, debe regirse por una armonía preestablecida... preestablecida por los designios de Dios, por supuesto. 

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Así pues, con la ilustración se observa, por de pronto, una fanática adoración hacia la inteligencia; con la cual se pretende comprender y prever las causas del comportamiento y manera de ser todas las cosas para con ello poder decidir y actuar en consecuencia; es decir: siguiendo y obedeciendo sus leyes

En efecto, bajo esta feroz voluntad ilustrada de "intelligere" surgen al unísono y como una misma exhalación, tanto la ciencia moderna como la ética moderna, reflejando por entero la cosmovisión ilustrada que impregna toda la modernidad hasta nuestros días.


Se hace preciso percibir y entender la profunda e inseperable simbiosis entre ciencia y ética para la ilustración. ¿Por qué Spinoza titula "Ética" a su obra metafísica sobre el funcionamiento y la estructura de la realitad? Se entiende que el comportamiento humano, y el del mundo, surgen de una misma razón de ser.


 ¿Qué es la inteligencia? 

Para la ilustración la inteligencia es la facultad humana de preguntarse el porqué de las cosas y, acaso luego, encontrar la respuesta correcta

Se toma a la inteligencia, pues, como una facultad divina que nos permite, a los seres racionales que nos preguntamos el "¿por qué?" de las cosas, elevarnos muy por encima de las bestias y su ciega brutalidad animal... ¡Hasta llegar a conectar con el misterioso seno de la realidad: la verdad! 

La inteligencia se erige, pues, como conductora y maestra de la ética humana para la ilustración. 

En efecto, la inteligencia pasa a ser valorada y juzgada como "el motor del progreso humano". Se supone que nos libera de las cadenas de la ignorancia y la estupidez, las cuales nos mantendrían atados a una forma de vida irresponsable y denigrante, espuria y decadente: ¡Llena de errores y equivocaciones que no nos permiten avanzar ni prosperar! Pues se razona así:  

-¿Cómo podemos mejorar y progresar cuando nos vemos incapaces de comprender cuál es la mejor forma de hacer las cosas? 

-¿Cómo podemos saber cual es la mejor manera de hacer las cosas cuando, sencillamente, pasamos olímpicamente de reflexionar y comprender como son  y se comportan éstas, mientras vivimos según nos dé el aire, ciegos y sordos a los profundos resortes que condicionan las cosas a ser como son y a comportarse como lo hacen y no de otra forma?

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Por consiguiente, bajo esta convicción moral ilustrada, heredera de Sócrates por cierto, de que la comprensión del mundo liberará a la humanidad de sus miserias ancestrales, permitiéndole avanzar "hasta tomar por asalto el cielo", subyace otra convicción moral aún más radical y amplia: la vida, en el fondo, tiene que ser comprensible por sí misma, y por ello buena; o al menos magnífica. 

 

Es lo que muchísimos de los grandes intelectos, desde algunos de los griegos más ilustres hasta Hawking, han susurrado estupefactos: el cosmos debe de ocultar una armonía preestablecida y por eso nuestra inteligencia, de algún modo, la podría percibir, comprender y explicar; acaso, por ejemplo, usando una simple fórmula lógico-matemática.   

 

Michio Kaku: una única fórmula lo explicará todo (leer entrevista Vanguardia)

UN MUNDO COMÚN. El reino del sentido común: la realidad. 

Así estamos, maravillados al apreciar esta convicción ilustrada: que la vida esconde una comprensibilidad que nuestra fina y aguda inteligencia puede percibir mediante un supuesto "sentido común", haciéndonos vibrar con una emoción serena, plena y dulce. 

Y de repente alertamos como nos vemos arrastrados por otra consecuencia fundamental:

Que usando la inteligencia, mediante este sentido común, todo ser racional despierta de su sueño propio y contempla la realidad. Por tanto, cualquier ser racional llega a comprender exactamente lo mismo, y por ende actuará igual; o al menos de forma muy parecida; acaso así ocurre cuando distintos ingenieros realizan, por separado, un peritaje y llegan a decisiones similares, sino la misma.  



A la ilustración le pareció descubrir ilusionada que la inteligencia, de forma autónoma e independiente, podía llevarnos a abrazar las mismas opiniones, las mismas decisiones, los mismos actos y de ello dedujo que pone de manifiesto una verdad común. Y tal verdad sería común porque reflejaría la esencia misma de la vida, dado que la vida misma es común a todos... al menos a todos los que vivimos ¡Y, eh aquí lo que han intentado demostrar todos los filósofos modernos con sus espectaculares metafísicas no siempre fáciles de leer, pero fáciles de malinterpretar y criticar! 

Como un niño pequeño con un juguete nuevo, el hombre ilustrado se puso a defender que la inteligencia hermana y fraterniza a todos los seres racionales mediante el sentido común. Ni la edad, ni el sexo, ni la educación o la cultura o la religión, ni la clase social o nuestros gustos personales, condicionan jamás nuestra comprensión de las cosas si usamos libremente la inteligencia para captar su razón de ser y entender, entonces, cuáles son las mejores decisiones a tomar ante una situación concreta o discernir las respuestas correctas, de las incorrectas, ante un dilema expuesto. 

 


La inteligencia, pues, transporta a todos los seres racionales hacia un mundo común. Por ejemplo, así razona un creyente de la ilustración: un griego, un árabe, un asiático, un cristiano y un ateo nunca han dudado, usando su sola inteligencia, en confirmar que el teorema de Pitágoras es cierto ¡A eso se le llama demostrar! Y no sólo que es cierto, sino que a partir de él se pueden generar nuevas preguntas, las cuales nos llevaran a otras respuestas también correctas, de modo que se erigirán como nuevos teoremas ¡Y cualquiera de estas gentes ha podido comulgar y participar de esta construcción de teoremas llamada matemáticas empleando, libre de cadenas circunstanciales, su sola inteligencia!   

LA RELIGIÓN DE LA INTELIGENCIA

"La vida es pura inteligencia". Eh aquí la convicción y la fe del hombre ilustrado y con él, de todo del pensamiento moderno: que la vida tiene que estar perfectamente estructurada, ordenada y definida; cualquiera que use la razón se convencerá de ello más allá de sus condiciones físicas, sociales y emocionales. 

En consecuencia, la inteligencia tiene que ser más poderosa que la Biblia, que cualquier otra religión, porque puede reunir y hermanar de facto a todos los seres humanos sin usar la violencia, ni la manipulación, ni la autoridad, ni los engaños, sino que nos abraza bajo el paraguas de la verdad, única y universal ¡Nos trata a todos como hijos de una misma razón de ser y por tanto, como iguales! 

Antimasonería - Wikipedia, la enciclopedia libre 

Así es como la ilustración defiende que la realidad tiene que ser un mundo inteligente: una máquina compleja y perfecta, sin errores ni fallos, sin contradicciones ni defectos, que se autorregula libremente bajo la mirada divina de Apolo, el Dios de la armonía y la verdad, cuyos rayos dorados alimenta sin descanso nuestra sed de comprensión, tan voraz y fiera ésta, que solo se calma bajo el don oracular de la predicción. 

ArtStation - Apollo-阿波罗, Huang Guangjian | Zeus mitologia griega,  Ilustraciones mitología griega, Mitología romana

¿Pero esta adoración, fanática y absoluta siendo honestos, para con la inteligencia humana no será, acaso, una idiotez más como tantas otras que han dominado la trastornada consciencia humana desde hace milenios? ¿Y si este abrazarse incondicionalmente a la tiranía del sentido común como salvación de la humanidad fuera un síntoma de cierto desequilibrio psicológico, de desasosiego emocional? Al menos así lo destacó ya Nietzsche. 

En efecto, son muchas las preguntas y dudas que nos asaltan:

-¿Hasta dónde llega la  dorada luz de la inteligencia en este basto mundo nuestro?

-¿Acaso todo, absolutamente todo, es comprensible? 

¡Y si la sed de comprensión nos lleva a comprender que resulta precisamente absurdo que todo sea comprensible!  

Eh aquí lo que ya Hume se cuestionó por primera vez entre los amantes de la inteligencia y el sentido común, sembrando la duda sobre la esperanza omnisciente de la ilustración; hecho que llevó a Kant a presentar su famosa filosofía trascendental para, sino despejarnos a todos tamañas dudas, al menos sacarles provecho para los propios intereses ilustrados. 

Sin embargo, éstas no serían, en verdad, todas las dudas al respecto; hay otras más, como la siguiente, y que no se abordó hasta más tarde: 

¿Acaso lo que llegamos a comprender siempre será aceptado y reconocido de inmediato y automáticamente por cualquier otra inteligencia? 

Schopenhauer, reverente discípulo del mismo Kant, pero destacándose como el primer antiilustrado por derecho propio, puso de manifiesto que no:

Arthur Schopenhauer: el arte de insultar – El Redondelito

Y Planck decía algo parecido en el prólogo de su tesis sobre termodinámica, donde por fin resolvía, con la ayuda del denostado trabajo de Boltzmann, el problema de la catástrofe ultravioleta, abriendo con tal gesta las puertas de una nueva visión del universo: la mecánica cuántica. 


Imágenes: La Niña a quien dijo el Ángel que estaba de gracia llena, cuando  de ser de Dios madre le trujo tan altas nuevas [...]

El idealismo ilustrado; la obra de Kant

Kant será siempre recordado por transformar el pensamiento moderno pasándolo del dogmatismo al idealismo usando su filosofía trascendental; una de las construcciones intelectuales más seductoras, peligrosas y aún así, triviales. 

Cientos de las mejores inteligencias de cada generación se vieron atrapadas de una forma u otra por esa prístina telaraña de términos sintéticos y exangües tejida meticulosamente por Kant en su laboratorio de ideas en Koenigsberg; aunque por el sólo hecho de haber alimentado a la inteligencia de un Poincaré, quien en seguida advirtió la trivialidad sobre la cual se sustenta todo el coloso aparato kantiano, quizás ya valió la pena.

 


Todo el pensamiento moderno del s.XIX y XX -excepto Nietzsche- es simplemente idealista por herencia kantiana. A fin de cuentas, parte de convicciones trascendentales. Aunque luego este idealismo rápidamente abandonó el terreno dudoso, crepuscular y escéptico en el que lo había dejado Kant para adquirir una nueva arrogancia y madurez ya con Schopenhauer y su nirvana asiático, ya con Fichte, Hegel y todo lo que de ese entusiasmo germánico surgió: materialismo, positivismo, espiritualismo, romanticismo, irracionalismo, logicismo, vitalismo, existencialismo, freudianismo, etc. Y hoy en día aún bebemos directamente de todo ello.

Nota1. Entiendo que el positivismo no es más que fenomenología para inteligencias mediocres, es decir, incapaces de preguntarse por el origen y naturaleza de los hechos y fenómenos, dado que los toma por verdades en sí, incondicionadas y sin más.

Nota2.  Entiendo que Nietzsche no tiene nada que ver con los vitalistas, existencialistas o irracionalistas, tal y como las corrientes académicas se han acostumbrado a interpretarlo por hábito y comodidad mental; es decir, no lo interpreto desde una óptica idealista; entre otros motivos, por las propias indicaciones de Nietzsche. 

Nota2. Entiendo el pensamiento de Freud como un yoismo descaradamente fichteano, es decir, como un idealismo psicológico. El mismo Freud lo expone abiertamente al principio de su "el malestar en la cultura".  

HUME, PRECURSOR DEL IDEALISMO 

Antes de llegar a la filosofía trascendental, pero, se nos hace preciso recordar cómo Hume baja al suelo esos acrobáticos vuelos de la razón con los que soñaban los defensores del universo máquina desde Descartes.


El inglés observó que todas esas imponentes demostraciones dogmáticas de la metafísica en esencia partían de una misma idea, que de forma resumida viene a decir:  

Sólo lo más perfecto puede ser causa de algo menos perfecto, y dado que Dios es, por definición, lo más perfecto, entonces debe ser, a fin de cuentas, la causa principal de todas las cosas.

Hume, sin liarse mucho y quizás tomando prestadas algunas ideas de Galileo, sencillamente se puso a trastear la noción de "causa", fundamento principal del argumentario metafísico moderno. ¿Cómo?

Con claridad anglosajona puso de manifiesto que el concepto de "causa" no surge inmediatamente de nuestras apreciaciones e impresiones perceptivas; sólo imaginamos que existe para así poder explicar de algún modo el encadenamiento que sí apreciamos  entre distintas percepciones nuestras: 

Ejemplo: No vemos ninguna fuerza o poder agarrando una pelota y arrastrándola hacia el suelo al observar precisamente esa pelota en caída libre ¡Sólo apreciamos movimientos, variaciones y cambios! La fuerza de la gravedad como supuesta causa, como poder intencionado y regulador del movimiento, sólo es algo imaginado y ficticio; una mito creado por nuestra mente y que, en todo caso, usamos para justificar un supuesto "orden interno" en lo observado. Es así, por la ilusión de su propia imaginación, que nuestra mente "comprende el porqué" sucesos parecidos se repetirán, mientras admite ciega y confiada que se podrán prever.

Por tanto Hume, si bien jamás negó que en el fondo las causas, las fuerzas o las razones -las leyes-, bien podían existir fuera de nosotros regulando armoniosamente el mundo material que percibimos, pedía nuevas investigaciones, distintas a las realizadas por los metafísicos dogmáticos anteriores como Descartes, Locke o Newton, para demostrarlo y así tener, por fin, la certeza absoluta de que la vida es, sin duda alguna, una máquina perfecta y eterna creada a voluntad por Dios omnipotente; con todo lo que ello implicaría para el devenir de la humanidad.

Kant, gentilmente, recogió el guante y presentó su filosofía trascendental como solución a tamaño dilema. 

LA SOLUCIÓN KANTIANA

Lo fundamental: Kant destacó que los dogmáticos anteriores desde Descartes habían confundido dos ciencias distintas en una. Lo que ellos llamaron metafísica en verdad era una mezcla confusa entre dos ciencias íntimamente emparentadas, pero en esencia distintas; a saber: 

-La ciencia trascendental, que estudiaría los elementos trascendentales.

 -La ciencia metafísica propiamente dicha, que trataría de los ideales de la razón

Bajo un nombre espinoso y terrorífico que hace llorar a la mayoría de estudiantes de instituto, imberbes e impresionables como la mantequilla, Kant explica que la ciencia trascendental se ocupa de estudiar los elementos que hacen posible la existencia de todas nuestra vivencias. En otras palabras, hacen posible la existencia de las percepciones y sensaciones, de las nociones como espacio-tiempo o causalidad, de los ideales de la razón como Dios, de los juicios cognitivos y estéticos o también de los sentimientos y voliciones... 

¡Harían posible toda experiencia y afección humana posible

Me explico, el "mundo de los fenómenos", es decir "el mundo de los hechos", claramente existe para Kant, dado que es el que en efecto vivimos; pero debe de existir "algo" más que, no siendo fenoménico, tiene que hacer posible todo lo fenoménico, otorgándole las propiedades y características que a fin de cuentas nos presenta. 

Con la ciencia trascendental entre manos Kant se pregunta, e investiga, de "dónde" surgen los hechos y en donde se dan; así también cómo es posible que se den de la forma en qué se dan, con tales propiedades y no otras. Por ejemplo, se pregunta el porqué los hechos físicos, como la caída de un rayo, se caracterizan por ser extensos, es decir, por darse en un lugar en un momento dado (en el espacio-tiempo) ¿A qué se debe eso? ¿Podrían darse sin espaciotiempo -un rayo podría caer en ningún sitio y en ningún momento dado

¿Quién o qué le otorga a los hechos físicos la propiedad de darse en un lugar en un momento dado? Y Kant se responde a sí mismo: ciertos elementos trascendentales dotan a los hechos físicos de extensión.

Con la ciencia trascendental, pues, Kant afirma "descubrir" la existencia de 3 elementos básicos que harían posible la existencia de toda experiencia o vivencia humana posible sin que ellos mismos pudieran ser jamás experimentados ni vividos de forma alguna. 

Trascendental sólo significa que no puede ser vivido ni experimentado, pero la inteligencia nos lleva a pensar que existe y por ello cuenta con que existe y actúa sobre cuanto experimentamos; como así ocurre con el número Pi, o el número "e" por ejemplo, que no los podemos experimentar al completo y en sí mismos (al ser infinitos, como números, son indemostrables), pero nos resulta lícito pensar que deben de existir puesto que los "vemos actuar" en todos sitios. 

Nota: Kant y Lambert fueron íntimos amigos. De hecho, Kant había valorado dedicarle sus "criticas de la razón". En este sentido, para saboreando con detalle la obra de Kant me parece preciso comprender muy bien las matemáticas del s.XVIII.

Eh aquí lo fundamental en Kant: Los elementos trascendentales sólo pueden ser pensados y deducidos por la necesidad de comprender el porqué vivimos lo que vivimos y no otras cosas... Pues al genio alemán se le hace preciso y necesario comprender: 

El porqué existe "el mundo de los hechos" y no otra cosa... o nada.


LOS 3 ELEMENTOS TRASCENDENTALES 

1) El Yo trascendental: somos nosotros propiamente dichos ¿Y qué somos en realidad? ¿Acaso somos un cuerpo físico con corazón, brazos y cabeza? O, ¿acaso somos más bien un voluble, fogoso y efímero cúmulo de valoraciones, percepciones, juicios, sentimientos, vivencias, sensaciones, visiones, ideas y recuerdos? No, para Kant somos una sutilísima e inmortal estructura compuesta por distintas facultades mentales: 

la sensibilidad, el entendimiento y la razón. 

Es precisamente esta estructura trascendental la que haría posible, "dentro" de sí misma, que tuviéramos nuestra propia "visión de nosotros mismos, y de las cosas", y por ello nos viéramos, por ejemplo, como seres animados con un cuerpo físico, con sentimientos, deseos y esperanzas.  

¡Como no pues! Para Kant no somos más que una máquina virtual, compleja y a la vez precisa, que dice, hace y siente: -YO-

Somos, pues, una "mente pura" capaz de generar y concebir infinitas experiencias posibles, y con ello de concebir cierta experiencia ya sobre nosotros mismos ya sobre el mundo que nos afecta. En este sentido, éstas infinitas experiencias que el "yo" podría hacer posibles pueden dividirse en:

-Hechos físicos: fenómenos percibidos como de un mundo exterior, así sensaciones de color, de frío/calor o así fenómenos ya más complejos como cuerpos, movimientos entre cuerpos, sucesos, etc. 

-Hechos psíquicos: fenómenos percibidos como dentro de nosotros mismos, así como sentimientos, voliciones o pensamientos

Sin embargo, y a razón de nuestras facultades mentales, escribe Kant, es "dentro de nosotros" donde se da todo hecho ya físico ya psíquico ¡Toda vivencia posible! 

Bueno, más que darse se genera. Pues como ya se ha dicho, para Kant somos en realidad una especie de máquina, etérea e inmaterial, en la cual cada una de sus facultades se encarga de generar un proceso en particular. En tal sentido, todo cuanto se "da en nosotros" es fruto de un proceso y una manipulación por parte, precisamente, de nuestras facultades mentales innatas

Por consiguiente, los hechos ya físicos ya psíquicos, las experiencias y percepciones son siempre creaciones, elaboraciones o productos exclusivos de nuestra mente en funcionamiento 

¡Eh ahí su verdad y su valor de ser intrínseco: ser un producto! 

Con razón, pues, sin una mente humana seguirá habiendo siempre realidad, pero ya no existirá el "mundo de los hechos", porque "el mundo de los hechos" no existe fuera de nosotros, dado que es el mundo creado y producido por nuestra maquinaria mental en funcionamiento. 

Este "mundo humano, exclusivamente humano", con todos sus colores, formas, cuerpos, valores, movimientos, razones y propiedades existe en virtud de la existencia del propio ser humano y sus facultades innatas; sin él sencillamente se desvanecería como humo en la noche.   

2) El mundo trascendental o la "cosa en sí": se trata de esa realidad que no forma parte de nosotros, pero nos afecta y con ello hace posible todas esas experiencias nuestras consideradas, precisamente, ajenas. 

Kant reconoce y defiende como Descartes que habría una realidad ajena a nosotros y que nos afecta y altera de algún modo. Es entonces cuando nuestra mente se activaría generando, "dentro" de nosotros, un montón de sensaciones, impresiones y percepciones: 

-Ahí vemos nuestras piernas y brazos, mientras notamos nuestro corazón runrunear plácido y el mar, bajo un caliente y amarillo sol de agosto, ruge con su salado oleaje azul turquesa- A esto el pueblo ingenuo lo llama "la realidad", pero Kant avisa con una sutileza inaudita: eso sólo es nuestra experiencia de la realidad ¡Sólo se da dentro de nosotros y jamás podremos ira más allá! 

En efecto, cuando la realidad nos afecta nuestra alma se ve azotada por un abigarrado barullo de experiencias y vivencias: de colores, formas, sonidos, olores, movimientos, cambios, impresiones, ideas, etc. ¿Y qué relación tienen estas vivencias con la realidad que nos afecta? ¿Y con nosotros mismos, puesto que son nuestras vivencias?

Kant explica que nuestras vivencias no nos dicen nada de la realidad en sí misma que nos afecta, porque solo nos muestran el "afecto" que se produce dentro de nosotros cuando "chocamos" con lo real. En otras palabras, un hecho sólo nos cuenta como la realidad nos ha afectado y este afecto se ha acomodado "dentro" de nosotros a través de nuestras facultades; nunca cómo es la realidad propiamente dicha. De hecho, si tuviéramos otras facultades distintas la realidad nos afectaría de un modo harto distinto y por consiguiente, las vivencias que generaríamos con tal proceso nos serían, ahora, irreconocibles. 

¿Cómo veríamos la realidad si fuéramos una mosca o una medusa? ¡Y si fuéramos una planta! ¿Seguiríamos viviendo en "el mundo de los hechos" o acaso en un mundo distinto? Interesante ejercicio de psicología sería este. De hecho, ya lo tanteó así, cuando aún no se había sacado de encima el idealismo germánico, el joven Nietzsche en su "verdad y mentira en sentido extramoral".

Pero llegados hasta aquí nos preguntamos: y, entonces, ¿cómo es en sí misma la realidad que nos afecta? ¿Cuáles son sus propias características, su propia manera de ser y de comportarse? ¿Acaso la realidad andará en verdad sujeta al espaciotiempo, a la causalidad o, simplemente, a la noción de número? ¿Acaso emitirá colores y olores? ¿Acaso será ruidosa o mantendrá siempre un silencio fantasmal? ¿Será peluda o rugosa, o acaso será fina y resbaladiza como una serpiente? No lo podemos saber ni lo sabremos jamás -¡La realidad es un elemento trascendental!- Apunta Kant... ¿Y por qué? 

Kant argumenta que la realidad, sea como sea, jamás entra dentro de nosotros; de modo que no la podemos juzgar ni valorar por ella misma, sino de forma parcial y subjetiva. Pues lo único que se da en nosotros es el "cómo" la realidad nos afecta; y en base a esta afección, entonces, nuestra mente se pone a producir nuestras vivencias y representaciones atribuyéndole formas y propiedades según sus resortes y facultades. 

Jamás vemos, pues, cómo son en realidad las cosas que nos afectan, sino que sólo podemos "ver" la percepción que nuestra mente genera al notar que algo nos afecta. 

En definitiva: para poder conocer la realidad por sí misma habría que adquirir una experiencia completa de ella; reflejar dentro de nosotros mismos todos los infinitos afectos posibles que la muy escurridiza podría jamás generar en una sensibilidad como la nuestra; hecho inviable por nuestras limitaciones humanas y la infinitud de la realidad ¡Sólo podemos aspirar a ir ampliando poco a poco nuestra experiencia y apreciación de las cosas! Nada más. 

3) El Dios "Apolo" como elemento trascendental: me hace posible a y la realidad que me afecta, con lo cual constituye propiamente toda la realidad al completo, con sus infinitas posibilidades. 

Como elemento trascendental el Dios de la ilustración es completamente incognoscible y en este sentido, empíricamente indemostrable porque jamás tendremos una experiencia completa ni de nosotros mismos ni del universo que nos rodea y afecta: ¡La vida, como totalidad universal y eterna, tendría que arremolinarse, penetrar e implosionar dentro de nosotros emitiendo un irisado destello como en un agujero negro de infinitas proporciones! 

Por consiguiente, la existencia del Dios apolíneo se deriva de la necesidad de que exista un "yo" y "una realidad ajena a nosotros que nos afecta". Sólo así, afirma Kant, se puede explicar que existan percepciones, experiencias, sentimientos, ideas, concepciones, valoraciones, pensamientos, etc. Sólo así se puede explicar que la ciencia y la ilustración humana sean posibles, porque sólo así se puede explicar que nuestro conocimiento no sea una superstición más que, como tal, se imagina mitos y entidades ficticias y mágicas para interpretar cuanto vive, ajustando alocadamente su conducta a ello, sino que gracias a Dios podemos garantizar que las ciencias nos cuenten "verdades" sobre las cosas.  

En realidad esta demostración del Dios de la ilustración "por necesidad de que exista la verdad y la ciencia" ya fue usada por Descartes en sus "meditaciones metafísicas". Pues nada temía más el francés que llegar a descubrir que las nuevas ciencias modernas, cuyas primeras flores multicolores empezaban a despuntar a mediados del s.XVII, no fueran más que supersticiones útiles, persuasivas, bellas, pero falsas y erróneas; una embaucadora ilusión humana más, que, como tal, cualquier dia pudiera ser derruida y sustituida por otra distinta.   



¿ Por qué serían tan importantes los elementos trascendentales?

En efecto, nos garantizan no sólo la existencia del "mundo que vivimos" sino que este mundo que vivimos sea, en el fondo, un "mundo común" para todo ser capaz de guiar su mirada a través de la inteligencia. 

Y es aquí cuando Kant explica de forma extensa y compleja cómo los elementos trascendentales, de forma automática, precisa y libre, crean los fenómenos dentro de nuestra mente de tal forma que todo cuanto percibe nuestra sensibilidad, en el fondo y siempre, tiene que acomodarse con cuanto nuestro entendimiento puede comprender. 

Eso explicaría el porqué lo que pienso y razono pueda encajar con lo percibido ¡Explicaría el porqué puedo acertar predicciones! Y tan imponente poder oracular sucedería en particular cuando nuestro pensamiento se conduce a través del método científico... o hipotético deductivo. ¿Cómo? Generando los archiconocidos juicios sintéticos a priori (JSA).  

LOS JUICIOS SINTÉTICOS A PRIORI (JSA)

Son afirmaciones que estructuran de forma objetiva, necesaria y universal todo cuanto percibimos y podemos jamás percibir. En este sentido, estos juicios constituirían propiamente lo que de forma vulgar e informal llamamos "sentido común", erigiéndose como pilares fundamentales de nuestras ciencias objetivas, tanto naturales (física, química, biología, medicina, etc), como psicológicas o bien, las puras (matemáticas, lógica, etc). 

Ejemplos de juicios sintéticos a priori: "la recta es la distancia más corta entre dos puntos", "7+5=12", "la velocidad de un cuerpo en caída libre no depende de su peso", «en toda transmisión de movimiento, acción y reacción serán siempre iguales», "tras un número primo, existe otro", "un cuerpo sin fuerzas sobre él se mantendrá o quieto o en movimiento rectilíneo uniforme.". 

Kant destacaba, por la experiencia de Galileo, Descartes, Newton y tantos otros a lo largo de los últimos 150 años, cómo estos juicios podían sortear sin problemas la aguda crítica de Hume, dado que su valor de verdad o mentira no depende de la contingencia de nuestras experiencias y apreciaciones, sino que son juicios siempre ciertos. ¿Por qué? Porque nuestra mente no puede tolerar que sean falsos, de modo que no permite que nada de lo experimentado los contradiga ¡Pues es nuestra mente la que produce toda experiencia posible como una ilusión mental

Quizás a muchos les parezca raro afirmar que nuestra mente "ordene" como deben darse nuestras experiencias, pero en psicología existen mil ejemplos que parecen corroborarlo; así el caso de ese tipo de ilusión óptica que siempre nos producen las 3 dimensiones:

Des del renacimiento se sabe que los tamaños de los objetos en un espacio tridimensional son percibidos por nuestra mente de forma completamente falseada, y aún así nuestra mente no puede sino percibirlos completamente falseados:


 Las dos figuras tienen, si lo medimos, exactamente el mismo tamaño, pero nuestra mente nos genera una percepción completamente falseada e ilusoria de sus dimensiones ¡No lo podemos evitar!

Así pues, la idea de que nuestra mente, por su propia estructura trascendental y su buen funcionamiento, somete por completo a nuestras experiencias para que éstas se nos aparezcan siguiendo cierto orden, estructura y coherencia resulta ser el punto clave, "el pal de paller", la columna vertebral del inmenso sistema filosófico de Kant.

Por este motivo y antes de avanzar, me parece importante detallar un par de reflexiones al respecto de los juicios sintéticos a priori, paradigma de este sometimiento de la experiencia a la mente: 

Primero, ¿qué es un juicio según Kant? No es más que una orden, y como tal se puede obedecer o no. O dicho en otros términos más académicos: es una una afirmación que puede ser cierta o no. En lógica hoy en día se llama "proposición". 

Segundo, los juicios para Kant son órdenes ejercidas por nuestro entendimiento sobre nuestras propias facultades mentales. Y según sean las facultades que intervienen los juicios pueden ser un tipo u otro. 

Tercero: los juicios sintéticos a priori, en concreto, serían para Kant órdenes generadas por el entendimiento sobre la sensibilidad. Es decir, el entendimiento crearía una estructura lógica a partir de conceptos que impone sobre la sensibilidad obligándola a que toda percepción que genere atienda precisamente a esta estructura lógica.  

Por consiguiente, Kant se enorgullece de poder afirmar gracias a su ciencia trascendental que los juicios sintéticos a priori son afirmaciones o definiciones que sabemos que toda experiencia cumplirá y por ello, siendo honestos, no es preciso contrastarlas empíricamente ¡La experiencia siempre está obligada a obedecerlas con suma serenidad y devoción!

Por tamaño motivo los juicios sintéticos a priori afirman verdades científicas: opiniones y afirmaciones que por sentido común cualquier ser inteligente concuerda y acepta libremente, dado que comprende por sí mismo que debe ser así. De aquí que se consideren afirmaciones universales, necesarias y siempre válidas entre seres inteligentes.

Sin embargo, un segundo, lo importante para que estas afirmaciones nos proporcionen un conocimiento científico, aclara también kant, es que sus partes, llamadas conceptos, nos sean conocidas. En otras palabras, la clave para que un juicio de estos actúe como un conocimiento y por tanto podamos hacer ciencia con él, es que uno pueda tener cierta experiencia de sus partes. 

Por ejemplo: si tengo ya experiencia de qué es "una recta" y de qué son "dos puntos", entonces siempre podré comprender y asumir de rodillas con suma serenidad y reverencia que «que para recorrer dos puntos la linea recta es la forma más corta de hacerlo». No hace falta ir comprobando empíricamente cada vez que voy de mi casa a la del vecino a dejarle un paquete cuál será el camino más corto ¡Ni tan siquiera irá variando con los días! Siempre será el camino que vaya en la línea recta.

¡Cuánto tedioso trabajo me ahorro dando vueltas por el pueblo buscando el camino más corto! Eso es ser inteligente y productivo. 


Pero hay algo más. Imaginad el caso de que no pueda tener ningún conocimiento de los conceptos que forman la afirmación, porqué éstos le ordenan a mi sensibilidad percibir la propia realidad que nos afecta ¿Qué sucede entonces? ¿Qué le ocurre a mi mente y a su sedienta voluntad de querer saber más? ¡Qué hace emerger de las profundidades de mi ser a los ideales de la razón

Eh aquí lo que ocurre precisamente, dice Kant, cuando mi entendimiento no toma un concepto de mi experiencia para dar una orden, sino que toma por concepto a los propios elementos trascendentales fruto de mi puro razonar deductivo y que, como ya sabemos, no se pueden experimentar... porque si se pudieran experimentar, entonces podríamos comprobar como nuestro conocimiento científico, que siempre es universal, necesario y lógico, concordaría a la perfección con la propia realidad, poniendo de manifiesto la profunda armonía interna de las cosas; y de nosotros mismos con ellas. 

Sin embargo, recuerda Kant, esto no nos resulta posible y por tanto:  

¡Aquí empieza la metafísica como ciencia!   

 LA CIENCIA METAFÍSICA  

Una vez expuesta a grandes rasgos la ciencia trascendental, se nos presenta la ciencia metafísica, que debería trabajar sobre los ideales de la razón, según se nos cuenta en la electrizante "dialéctica trascendental". 

¿Qué son los ideales de la razón? Tomar nuestros conocimientos actuales de nosotros mismos, y del mundo, y extrapolarlos y generalizarlos hasta alcanzar las grandes preguntas existenciales. Y sólo cuando pretendemos responderlas aparecen de súbito dichos ideales.  

Algunas preguntas para la metafísica: 

-¿Tuvo el universo un principio? 

-¿Tendrá jamás un final? 

-¿Cuáles son los elementos fundamentales de la materia? 

-¿Cuál será la fuerza universal que nos permitirá comprender todos los fenómenos que puedan darse en el universo, al sintetizar en su seno todas las demás fuerzas naturales conocidas?

-¿Cuál es el origen de nuestros sentimientos y emociones? 

-¿De qué está hecha nuestra mente, es decir, nuestros sueños, deseos, sentimientos y pensamientos?

-¿Cómo se relacionan en la más profunda intimidad nuestros sentimientos más irracionales con nuestros pensamientos más abstractos y conceptuales? Etc.

En efecto, sólo cuando pretendemos hacer frente a tan singulares preguntas nuestra inteligencia catatónica emite estas  superafirmaciones (los ideales) como única respuesta audible. 

¿Y qué nos permiten conocer los ideales? Nada; son respuestas vacías y sin contenido porque sus conceptos apelan a los elementos trascendentales, los cuales jamás podremos experimentar; por eso mismo ignoramos exactamente a qué hacen referencia cuando hablamos de ellos ¡Aunque nos tiremos todo el día hablando de ellos -de Dios, del universo y de nosotros mismos


Sin embargo, Kant señala que los ideales tienen una función principal para la humanidad: nos sirven de guía para proseguir en nuestro estudio de la vida; para ir alcanzando poco a poco una comprensión más potente, profunda, veraz y amplia de las cosas... y también de nosotros mismos: de nuestros actos, sentimientos, creencias  y decisiones.  

En resumen; Kant muestra que la metafísica, partiendo de nuestro conocimiento establecido, ya comprendido y asumido, empieza a generar preguntas inmensas y definitivas, porque lo quiere saber todo; porque anhela descubrir todos los misterios de las cosas; porqué inspirada por el mismísimo Apolo desea extender la luz del conocimiento hasta el confín más tenebroso e inefable de la existencia. Pero ante tamañas preguntas nuestra limitada inteligencia sólo puede plantear una serie de superafirmaciones que, si bien no pueden saciarle esta sed feroz y desbocada de luz y estrellas que pide a gritos, sí le permiten proseguir la búsqueda a través de las ciencias sin desfallecer de desesperación y desánimo ante la inmensidad de los signos de interrogación que le asaltan por el camino; pero nada más.

 Ahora bien, cuidado que este "nada más" no es poco. 

Los ideales serán superafirmaciones  vacías, y en tal sentido absurdas a nuestro gusto por hacer referencia a los elementos trascendentales y no a conceptos empíricos; sin embargo, y por eso mismo, presentan características singulares y de un valor supremo, sólo perceptible para inteligencias superiores; como ciertamente fue la de Kant. 

Así mismo lo termina revelando con un breve y frío susurro él mismo al final de su "dialéctica", bajo un brillo de especial satisfacción y orgullo en los ojos después de ver el tortuoso camino que, heroicamente, ha tenido que sortear en medio de peligrosos paralogismos, antinomias e imposibilidades de todos los colores hasta hallar el Santo Grial de las órdenes que puede dictar nuestra mente: ¡Los ideales de la razón!


Por todo, vale la pena comprender con mayor atención el porqué los ideales son superafirmaciones. Schopenhauer, por ejemplo, no lo supo entender, de modo que simplemente no los aceptó, cayendo en la más pura náusea existencial ¡En el pesimismo y la irracionalidad! Si no fuera porque con un salto mortal se agarró al Nirvana, afirmando así la vida con toda su perfección, hubiera terminado ahogado y devorado por ranas, caimanes y serpientes monstruosas.


Como ya se ha dicho, los juicios sintéticos a priori pueden ser empíricos, como los usados por todo conocimiento científico y matemático, o bien pueden ser ideas, como el usado por la metafísica y, ya luego, la ética.

Son empíricos cuando sus partes son conceptos que podemos conocer y comprender, así como el concepto de "todo", "1", "recta", "cuerpo", "movimiento", etc. Sin embargo, el hecho de percibir algo y conocerlo, implica ya limitarlo ¡Definirlo! Implica, pues, destacar sólo "algunas" de sus propiedades. 

Por tanto, destaca Kant, los conceptos empíricos nos definen finitos aspectos de las cosas. El "movimiento", por ejemplo, es sólo un aspecto posible de las cosas ¿Y cuántos aspectos pueden tener realmente? Pueden tener movimiento, color, peso, textura, posición, partes distintas, densidad, etc...

Por tanto, mediante los conceptos empíricos nunca podremos lograr conocer y comprender cómo son en realidad y por sí mismas las cosas ¡Con sus infinitos aspectos posibles! Y precisamente por eso los podemos utilizar y nos resultan manejables: sus limitaciones se acomodan la mar de bien entre las nuestras propias.

Sin embargo, los ideales de la razón ya no emplean conceptos propiamente dichos, sino ideas ¡Una prístina síntesis forjada sobre infinitos conceptos! De aquí que las ideas sean como diamantes perfectamente tallados con incontables "ojos" resplandecientes por donde todos los infinitos aspectos posibles de las cosas se contemplan entre sí, hieráticas y solemnes, desde la eternidad.   

De modo que las ideas, como conceptos absolutos que definen los infinitos aspectos de las cosas, pertenecen a una categoría superior a la de los conceptos empíricos usados ordinariamente por las ciencias. 

Notas: quizás con la mecánica cuántica habría que replantearlo, puesto que la función de onda define, precisamente, las infinitas posibilidades del sistema. Pero sería otro tema.

Poca broma con esta clasificación categórica que hace Kant de los conceptos y con la cual cimienta con orgullo toda la metafísica moderna de la ilustración. Schopenhauer, como ya se ha comentado, no lo admitió y por consiguiente decidió juzgar la metafísica moderna, con su Dios, universo y yo, de arbitraria y por ende, prescindible, falsa; "que siguiera defendiendo que la vida es una máquina perfecta" lo llamó el mayor error de Kant -al que tanto veneraba. Nietzsche, un pensador harto más profundo, inteligente y despierto que los otros dos juntos, se cuidó mucho de atacar a Kant por aquí. ¿Por qué?

Hoy tenemos la ventaja de analizarlo con 200 años más de experiencia en temas de lógica, análisis de relatos e interpretación. ¿Y qué podemos ver? ¿Acaso la clasificación de un viejo senil, devoto cristiano, ya caducada? ¿Acaso no vemos nada en particular y las ideas metafísicas de Kant, matriz de toda la metafísica moderna desde Descartes, simplemente nos saben a suposiciones "ad hoc", que voluntariamente se aceptan o no se aceptan según nuestras creencias personales? 

Veamos, el hecho de destacar que las "ideas" actúan como "conceptos absolutos", generados a partir de la síntesis de infinitos conceptos finitos permitirían legitimar su validez a nivel lógico y por tanto, de relato, si la teoría de teoría de tipos de Bertrand Russell es cierta; tal y como se acepta actualmente.


Esta teoría cuenta, brevemente, que ante un relato paradójico por la contradicción interna de los conceptos que lo estructuran, como por ejemplo sería la mecánica newtoniana del universo según lo ya demostrado por el propio Kant al desarrollar las antinomias de la razón, una de las formas de esclarecerlo sería a través de un tipo de concepto superior generado a partir de los inferiores: ¡Y esto es precisamente "la idea"!

¿Está realmente demostrada la teoría de Russell? Lo que sí sabemos es que, en el mejor de los casos, no sería la única solución posible a los profundos problemas generados por las antinomias, paralogismos, contradicciones, etc. Hoy en día se toma como una solución menor y sin mucho alcance, por lo cual se prefiere otra de distinta: la de Zermelo-Fraenkel(ver). Pero es que bien mirado, ¿acaso la de Schopenhauer no sería también una solución lógicamente posible al problema? ¡Y las que por su lado presentaron Fichte y Hegel, aunque Schopenhauer las tildara de "atentado terrorista contra la razón"!


Pero en fin, cabe admitir que la propuesta de Kant, dentro de su propio sistema, puede muy bien ser una solución posible ¡Aunque no la única como él pensaba! Y sin embargo, ¿acaso que los ideales de la razón sean una solución plausible al problema de la irracionalidad del mundo podría evitar que todo el sistema kantiano fuera una inmensa trivialidad, y sus exigencias poco sensatas? Algunas veces se ha confundido este punto...

 LOS TRES IDEALES DE LA RAZÓN

Kant destaca que los ideales que nos permitirían concebir la realidad por sí misma son tres (3), al ser, precisamente, órdenes dictadas por la inteligencia para intentar conocer como son los tres (3) elementos trascendentales


Con motivo también los llama a veces ideales trascendentales y además justifica el porqué ya los dogmáticos, como Descartes, los habrían confundido tomandolos por lo mismo y creyendo haber demostrado lo que no podían demostrar de ningún modo.

1) El yo metafísico: representaría el conjunto bien ordenado y armonioso de todos los hechos psíquicos que se podrían dar en nosotros alguna vez. Por ejemplo, ahí aparecerían el conjunto de absolutamente todos los sentimientos, voliciones o pensamientos que se podrían dar en nosotros ¡De golpe habríamos alcanzado el sueño moral socrático por excelencia y base irrenunciable del platonismo: el conócete a ti mismo

En efecto, con tal ideal alcanzaríamos un conocimiento completo de todos los procesos psicológicos humanos que regulan y dan sentido a nuestras emociones, apreciaciones, pensamientos y acciones. Pero ningún ser humano, evidentemente, puede ser capaz de alcanzar tan colosal conocimiento propio de sí mismo. Dado que nuestra vida es breve, confusa y limitada, nos resulta imposible experimentar y a la vez comprender los infinitos entresijos psicológicos que pueden darse en nosotros. Por eso mismo el YO metafísico, el conocerse a uno mismo, se toma como un ideal inalcanzable. Y como resulta inalcanzable, deviene un conocimiento también indemostrable, aunque deseable e indispensable para guiar nuestro crecimiento interior. 

2) El universo o mundo metafísico: representaría el conjunto de todos los hechos físicos posibles que cualquier ser humano podría experimentar jamás. Si uno pudiera experimentar todos, absolutamente todos los fenómenos físicos posibles, desde los más potentes a los más débiles y diminutos, des de los más lejanos a los más cercanos, entonces comprendería los profundos y utilísimos lazos que estos  mantienen entre sí de forma armoniosa y ordenada bajo la luz de una misma y única ley universal suprema, la cual no es más que una síntesis definitiva de todas las leyes de la naturaleza posibles. 

Las cosas están ligadas por lazos invisibles: no se puede arrancar una flor  sin molestar a una estrella”. Frase atribuida a Galileo Galilei, astrónomo,  filósofo, matemático y físico italiano,(1564-1642 )compartida en el 

Ningún ser humano, argumenta Kant, puede ser capaz de experimentar la totalidad del universo como si éste fuera un  objeto inmaculado y angelical que le es dado tal cual, pues nuestra vida es un destello, se ciñe a la Tierra y a nuestras insalvables limitaciones de experimentación. Y aunque pudiera darse tan extraordinario caso, apuntilla Kant, entonces cabría reconocer que carecemos de la capacidad para concebir dentro de nosotros la sublime noción de infinito, de lo que no limita con nada más que consigo mismo, es decir lo incondicionado, sin caer en lo paradójico, absurdo e irracional. 

Por consiguiente, zanja el alemán, alcanzar "la Teoría del Todo" con la que han soñado todos los pensadores modernos, y gracias a la cual podríamos descubrir y comprender la ley universal suprema que rige con bondad y hermosura inaudita el universo al completo, resulta imposible para el ser humano, por sus limitaciones empíricas y por ello, también, conceptuales: el universo como un "Todo" ordenado, armonioso e incondicionado no se puede concebir; al ser un ideal sobrepasa nuestras enclenques capacidades de comprensión y por ello se nos aparece siempre incompleto y violento, lleno de dudas y paradojas irresolubles, en fin, irracional, absurdo y por consiguiente inmoral

Sin embargo, atención navegantes: pensar que en el fondo tiene que ser comprensible, completo y bueno resulta ser necesario y lícito, dado que nos permite seguir avanzando en medio de tanta oscuridad.

3) Dios como ens realissimum:  la unión "mística" y completa entre el yo (conocerse a sí mismo) y el universo (conocer los sutiles lazos que abrazan a todas las cosas bajo una misma ley) en único y singularisimo ente llamado Dios. Ante semejante apoteosis, la Existencia se desvelaría a sí misma por completo sin ocultar ya nada; con sus infinitas posibilidades enlazadas entre sí bajo una armonía preestablecida ¡Desnuda y serena como una estatua de mármol divina! 

Entonces se demostraría, puesto que así se apreciaría y experimentaría sin menoscabo, que la vida es una máquina perfecta y maravillosa ¡El misterio de la vida sería revelado para gloria eterna! Y la propia vida, orgullosa y digna, se contemplaría altiva a sí misma sobre su propia magnificencia y eternidad, mientras una sonrisa serena y feliz bañaría de luz celestial todas las cosas.  

!Eh ahí a Apolo cantando!



Obviamente, ningún ser humano puede trascenderse a sí mismo y alcanzar semejante grado de iluminación existencial. Por tal motivo "Dios" es un ideal indemostrable, pero cuya existencia es lógicamente necesaria como es lógicamente necesario que cualquier número natural por más grande y desconocido que nos sea por su inmensidad, + 1, siempre nos dará el número natural siguiente ¡Es necesario que sea así! Por eso resulta lícito creer que así será aunque no tengamos los medios para verificarlo. 

Eh aquí, pues, el ideal predicado por la ilustración moderna, por los amantes de las ciencias puras, por los que creen en el universo máquina; incluso hoy en nuestros días.  

Un ideal que resulta lícito creer que existe, y que tranquilamente se daría en nosotros si fuera posible, pero como no puede ser lo desconocemos, mientras que aquello que conocemos siempre nos lanza hacia lo incomprensible e irrepresentable, lo absurdo e irracional; con lo cual fácilmente se puede generar en nosotros una visión pesimista e inmoral de la vida. Por eso defiende Kant con una profunda fe en el pecho: siempre debemos abrigar la esperanza de hallar una luz tras semejantes cortinas de tinieblas que nos nublan la mente. 



De pronto, el planteamiento kantiano nos lleva a una duda: vale, abrigamos una fuerte esperanza de que el universo sea una máquina perfecta regida bajo una ley suprema que todas las cosas deben obedecer con serenidad eterna, sin embargo la desconocemos por "estar" más allá de nuestras posibilidades; entonces, ¿cómo la podemos obedecer?

 Y con dicha pregunta empieza la ética Kantiana.

La ética Kantiana 

Innumerables páginas se han escrito sobre este tema. Y confieso tener una interpretación algo distinta a lo habitual, que me place compartirla. 

Ante la pregunta de si en realidad obedecemos a la incognoscible ley universal, Kant parte de la premisa de que es lícito pensar que sí, que el ser humano, como todas las cosas, se debería a esta ley universal absoluta, inefable y sobrehumana que lo mecanizaría todo. 

Sin embargo, añade, nadie puede darse cuenta de ello y por consiguiente, vive ciego y sordo a su verdadero papel en el universo. Y es más, si intentara comprenderlo, imaginándoselo a partir de sus torpes y frenéticas experiencias personales sobre sí mismo, y el mundo, entonces de seguro su vida le parecería completamente absurda y sin sentido, dado que su inteligencia, pobrecilla, no daría para más. 

Y reconociendo la volubilidad humana, Kant gesta una reflexión inquietante, por cruel y quizás también peligrosa para con la condición humana, que parte de una premisa bíblica: el ser humano es fruto de Dios. ¿Por qué? Y Kant se responde: porqué se le parece en lo más esencial, pues también nosotros vivimos poniendo normas, ordenamientos, mandatos, preceptos, máximas, principios, exigencias ¡Leyes! 

Lo divino en el ser humano es que es una voluntad de orden

Y en efecto, observemos como imponemos nuestra voluntad sobre nosotros, y el mundo, ordenando nuestra vida tanto a nivel privado como público:

-Mañana tengo que ir al médico- Me mando a mí mismo para determinar qué tengo que hacer y, acaso, prepararme.

Pero debido a que todos tenemos una visión de nosotros mismos, y del mundo, accidental y confusa, restringida y subjetiva, nos encontramos que no hay nada más contradictorio, voluble, incierto y relativo que la legislación humana y su voluntad ¡Punto en el que ya diferimos de Dios y empieza nuestra estúpida brutalidad animal!

Tenemos, pues, que cualquier ley humana es fruto de una visión miope, parcial y harto superficial de las cosas; nuestra inteligencia es incapaz de poder juzgar y prever más allá de sus siempre pobres prejuicios y hábitos. Como ya decía La Rochefoucauld con ese tono noble que le era característico: "nunca somos lo suficientemente inteligentes como para prever las infinitas consecuencias de nuestros actos".



-No tenemos solución- Chistea el alemán: nuestra ley y nuestros juicios atacan, siempre, y simplemente, aspectos torpemente superficiales de cualquier acción: a las primeras consecuencias que por hábito, tradición o interés damos relevancia, mientras obviamos todo lo demás ¡"Un todo lo demás" que ni tan siquiera somos capaces de ver por nuestra bobería natural! Y, no obstante, esto mismo que no valoramos al juzgar una acción sería lo crucial e importante de ella. 

Así vemos legislar a los políticos de una sociedad cualquiera: delimitando unas acciones en base a las cuatro experiencias y  previsiones que manejan del tema, sin atender a las infinitas causas que, en realidad y sin que ninguno de nosotros logrará jamás a comprender, llevan a la gente a esas acciones y situaciones. Con lo cual, toda ley humana de este estilo termina generando, inevitablemente, "sus criminales": gente que "no puede actuar" dentro de esa ley impuesta por otros en base a sus arbitrarias y siempre estúpidas consideraciones sobre las cosas. 

Por eso mismo, parece destacar Kant, lo que una sociedad juzga lícito y bueno en un momento dado de su historia otra igual lo tacha tranquilamente de crimen: 

"Matar", para la jubilada aburguesada y pusilánime de una sociedad hedonista moderna quizás sea el mayor de los crímenes, para el soldado que se debe a su nación en peligro de ser arrasada por el enemigo, un mérito de condecoración y gloria.  

Nunca ha habido ni habrá unanimidad legislativa si ordenamos nuestras acciones en base a nuestras estúpidas y contingentes consideraciones de las cosas. Si juzgamos según nuestra circunstancial forma de vida.

Y sin embargo, así mismo vemos juzgar con solemnidad supina los jueces de una sociedad avanzada como la nuestra en un asesinato: sólo valorando la acción por una consecuencia puntual (la pérdida de vida de una persona), y no por las infinitas consecuencias que el acto conlleva; consecuencias que precisamente determinan el propio devenir del universo y con ello le otorgarían su valor ético real

Con todo, pues, Kant destaca con suma crueldad, pero camuflándose tras un relato aparentemente objetivo y neutro,  lo absurdo, infantil y patético de llamar a tal proceder arbitrario, miope, interesado y superficial -"justícia"- ¡Pues hay tantas "justicias" distintas y opuestas como sociedades distintas puedan imponerse! De modo que, aunque se engalane con túnicas imponentes y púlpitos elegantes este "juzgar" nunca dejará de ser más que una fantochada para los pobres de espíritu, es decir el pueblo y de todos quienes comparten inteligencia con el pueblo. 

Por tanto, zanja en este punto Kant: todo legislar y juzgar humano que se base en las primeras causas y consecuencias que nos asaltan, y atendemos según nuestras limitaciones y vicios, tal y como se ha hecho desde milenios acá, será siempre deficiente, estúpido, arbitrario y por ello mismo, inmoral. ¿Inmoral? Que esa legislación chocará de lleno con la armonía interna de las cosas, no siendo digna de ella... de participar de su universalidad, eternidad y necesidad.

Acción ética en Kant 

¿Cómo habría que legislar y juzgar? ¿Cómo deberían ser las leyes y órdenes humanas para ser éticas y, con ello, aspirar a sintonizar con la armonía preestablecida que regula todas las cosas con absoluta serenidad y sin excepciones? 

Siguiendo estas reflexiones Kant tiene claro que ninguna legislación humana realmente ética puede centrarse en acciones concretas, tal y como siempre se ha hecho, porque será siempre injusta por nuestra naturaleza estúpida y ciega. 

Pero analizando precisamente nuestras legislaciones humanas, siempre inmorales y por ello cambiantes y contingentes, Kant alerta que es posible identificar un común denominador en todas ellas.

Esperanzado, afirma que sobre él se puede establecer sin duda alguna una ética humana perfectamente universal, objetiva, necesaria y por tanto, ni arbitraria ni susceptible de ir cambiando con las estupideces de los tiempos ¡Kant creía haber encontrado la piedra filosofal de la ética humana!

De repente, y eufórico por su descubrimiento como un iceberg que se desprende de la banquisa para salir al mar, se ve capaz de presentar al público un código de conducta común y válido para todo ser inteligente: un manual de instrucciones, un programa, con el que poder aspirar a hacernos funcionar por igual a todos los seres inteligentes como si fuéramos robots realizando acciones perfectas y, además, sin dejar a nadie fuera como un criminal.

¿Y cuál es este común denominador, piedra filosofal de toda ética humana?  Simplemente el obedecer, el seguir, el cumplir y respetar una ley, una máxima, una orden, una petición, un mandamiento, un precepto. 

Sorprendente... De la acción de obedecer, común a toda legislación humana tanto pública como personal, Kant sonsaca la base de esta ética universal, única e ilustrada que vislumbra en medio del caos de preceptos, máximas y consideraciones legislativas que azotan la historia de la humanidad.

Ya tenemos, pues, la primera máxima ética kantiana: "todo acto es ético, si y sólo si, es un obedecer"; así como la piedra que cae al vacío al obedecer con serenidad las leyes de la gravitación universal, o el verdugo que corta el cuello del prisionero al escuchar la orden del juez.

¿Y qué es una acción éticamente buena?

Tenemos, pues, que donde se obedece y se sigue una ley y un orden, ahí se da siempre un acto moral. Pero no es suficiente con que un acto sea ético, además, postula Kant, debemos preguntarnos cuándo una acción ética es buena o, en cambio, mala y por ello inmoral. Porque una acción que no responde a ningún obedecer, una acción irresponsable e inconsciente, como la mayoría de las que realizamos a lo largo del día al "saborear" nuestra condición de meras bestias sin mucha inteligencia, sencillamente son amorales, al no ser actos propiamente éticos.

Y eh aquí la respuesta rápida que parece dar Kant: un acto es éticamente bueno cuando la voluntad que actúa es de por sí buena. ¿Y qué significa eso? Quizás no sea difícil de entender si prescindimos un poco de toda esa cháchara terminológica que le caracteriza y nos enfocamos en "la imagen" de lo que quiere decir.

Hay que partir de la idea de que el universo, como máquina perfecta (un ideal), sería el paradigma de ser éticamente bueno. Todas sus acciones, todo su comportamiento y carácter serían fruto de obedecer con suma serenidad la ley universal suprema y absoluta

¿Y qué era esta ley? 

Un reflejo de la buena voluntad de Dios; es decir: del puro deseo de Dios de que las cosas siempre funcionen de la mejor manera posible. Y es que Dios, por definición, no puede hacer nada malo ni perverso ¡Es la antítesis del mal! De modo que sus deseos son siempre puros, sabios y potentes, con lo cual no puede sino legislar a través de una bondad suprema y de la cual, necesariamente, no pueden sino surgir una ley universal perfecta y maravillosa.  

Bien pues, como se dice vulgarmente "de tal palo tal astilla": para los humanos una acción es éticamente buena cuando, también, es el reflejo de nuestra buena voluntad. ¿Y qué significa eso para nosotros? Básicamente dos cosas:

1) Que comprendemos que toda acción es ética, si y sólo si, es un obedecer; entonces, actuamos queriendo obedecer porque el obedecer es lo que nos convierte en personas éticas: nos vuelve máquinas y con ello, empezamos a asemejarnos a la propia vida, es decir Dios ¡La supermáquina por excelencia!

2) Dado que nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo resulta ser siempre accidental, estúpida, limitada y contradictoria por nuestra miserable condición humana, somos incapaces de comprender cómo actúan realmente las cosas y cuál es la ley suprema que lo regula serenamente todo desde la eternidad; por consiguiente, somos incapaces de saber y prever cómo debemos de actuar correctamente ¡No podemos saber qué ley debemos querer obedecer! 

Y ante esta imposibilidad cognitiva podemos optar por dos caminos: 

a) Legislar de forma completamente egoísta e intestina, estúpida y arbitraria, sin atender demasiado al comportamiento de las cosas, tal y como así ha sido durante milenios dando rienda suelta a la caprichosa barbarie humana, mediante la cual se han generado miles de sociedades y normativas distintas. 

b) Abrazando nuestra buena voluntad hacer uso exclusivo de nuestra inteligencia para empezar a formular esas órdenes, o máximas, que, por su carácter universal y necesario, puedan ir aproximándose cada vez más hacia esa legislación ideal que se supone que lo ordena y regula todo desde lo infinito.

Ejemplo de acción éticamente buena:

Vivir como si fueras a ser un engranaje perfecto de una máquina perfecta deseando, con ello, que tus actos siempre obedezcan a una orden que aspire a ser la propia ley universal que hace funcionar dicha maquinaria ideal ¡Y sólo actuando así nos hacemos dignos de participar en el sagrado cortejo de la vida!

Un ejemplo sería obedecer voluntariamente la regla de oro de la ética por ser una orden que, claramente, aspira a lo universal y necesario:  "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti"

Frases Célebres Immanuel Kant | Espiritualidad | Frases, Frases celebres,  Palabras de sabiduria 

Tal exigencia moral se conoce como "imperativo categórico", y desde hace 200 años es uno de los tesoros de los profesores de filosofía, aunque ni lo compartan ni quizás, a veces, lo entiendan de forma muy cabal por la oscuridad de las expresiones usadas por el mismo Kant. Hecho que, a decir verdad, ha tenido sus ventajas.

Del imperativo categórico. 

 Kant precisa distintas formulaciones de esta exigencia moral:

imperativo categórico de Kant | Imperativo categórico, Filosofía, Tiempo  universal

Vale destacar que la tarea que se propone Kant con el imperativo categórico era similar a la tasca que se propusieron los lógicos desde Ramon Llull hasta los logicistas (Russell, Hilbert, Gödel, etc) con el lenguaje: crear un lenguaje madre universal lo suficientemente general, automatizado y simple, como para poder usarlo de base en la verificación de cualquier otro lenguaje humano -en especial las matemáticas

El imperativo categórico, pues, tenía que hacer lo mismo: actuar como un principio ético madre y universal lo suficientemente simple, automatizado y general como para poder usarlo de base para juzgar o valorar éticamente cualquier otro principio o ordenamiento humano que se estableciera.  

El proyecto logicista fracasó por completo por razones de peso, y su fracaso nos regaló la computación primero y ahora la inteligencia artificial. No me podré a demostrar que el proyecto ético kantiano es un fracaso por razones similares, o sí, pero en cualquier caso demostrarlo igual nos aportaría cosas interesantes y útiles, aunque también peligrosas.

Juguemos a imaginarnos una máquina ideal: el universo 

El pensamiento de Kant en general no es sino un jugar a imaginarnos que "la vida es perfecta", dado que es la opción lógicamente correcta y necesaria; lo contrario nos lleva a la contradicción: ¡A una vida absurda y sin sentido! En otras palabras, por pura "reducción al absurdo" hay que desechar la opción de que la vida no sea perfecta. 

Honestamente, el razonamiento en sí me parece fascinante y difícil de tumbar: o la vida es perfecta o es imperfecta y entonces está refutada por absurda ¡Incluso Nietzsche se abstuvo de atacarlo, de hecho lo tomó para formular su "amor fati"! 

Sin embargo, tal y como nos plantea Kant su filosofía, la "vida perfecta" es siempre un ideal superior a la vida mundana, y en tanto que un ideal sólo es lícito imaginar que existe para que ésta última no nos sepa absurda y tengamos que renunciar a ella... Si Voltaire, un espíritu menos inteligente pero más mundano, abierto y, sobretodo mucho más listo que Kant, hubiera estado vivo con la publicación de "las críticas de la razón" quizás habría soltado con un entusiástico desdén: -Vaya, otro Pangloss predicando una vida perfecta imaginaria, mientras reconoce que, en verdad, malvive entre absurdidades, contrariedades e imposibles



Aún así, me parece interesante y de provecho realizar el experimento kantiano de imaginarnos la vida, en sí misma, como una máquina eterna y divina, para entender mejor su intríngulis y comprender al vuelo ideas ya empleadas en distintos campos del conocimiento; en especial en física. 

Para empezar Kant separa la vida en dos perspectivas o formas de "verla": 

1) la vida mundana o fenoménica, que se nos aparece como un atropello continuo de máquinas absurdas e imperfectas que se van desgastando entre sí, alterándose y disolviéndose con el tiempo.

2) la vida ideal  haría referencia a una única máquina perfecta.

La visión mundana siempre ha sido asumida de algún modo por el pensamiento moderno, ya muchos siglos antes de que Clausius formulara matemáticamente el 2n principio termodinámica (el de la entropía) para los ingenieros, primero, y luego para los profesores de física teórica. Al menos tenemos una explicación mecanicista de la fugacidad e intransitividad de la vida mundana desde Descartes, cuando pretende demostrar a Dios afirmando, como ya se expuso mucho antes: 

"Todo tiene una causa, y sólo lo más perfecto puede ser causa de lo menos perfecto. Dado que Dios es la perfección suprema, todo ha de ser causa suya." 

Con este razonamiento Descartes explica la existencia de la flecha del Tiempo: de lo más perfecto y potente (menos entropía) siempre se pasa a lo menos perfecto y potente (más entropía) ¡Es imposible que se dé al revés! Y obviamente Dios, como la representación de la mínima entropía posible, o de la perfección suprema e infinita, debe de ser el origen indeterminado de todo. 

En otras palabras, el razonamiento termodinámico y el metafísico saben, visto así, clavados; sólo cambia el lenguaje y los términos.

La visión mundana es una visión de la vida "desde dentro". El sujeto nada en medio de la vida como del océano en una noche de invierno; algo invisible e inefable le afecta y zarandea por doquier y, con ello, el pobre sujeto, títere en manos de azotes ciegos y oscuros que interpreta como olas y vientos tormentosos, va recreando como puede tales vivencias, reflexiones y pensamientos. Desde dentro de la vida, pues, el sujeto sólo puede generar experiencias muy parciales,  fugaces, restringidas y simples de las cosas ¡Un cúmulo de confusiones! 


Ahora, pensemos en una persona que, de repente, quiere convertirse en un científico para controlar y esclarecer de algún modo su vida. Intentará discernir y conocer qué le azota exactamente, y cómo lo hace, a fin sacar algunas predicciones y poder actuar en consecuencia. Para ello sólo tiene que aprender a poner orden a sus siempre caóticas vivencias ¿Cómo? Para empezar, intentando identificar, de entre todo el meollo perceptivo, distintos fenómenos según sus diferentes cualidades. 


Por ejemplo, imaginemos a Galileo estudiando la caída libre de un cuerpo: antes de nada debe ser consciente de que su experiencia del mundo, en bruto, que se da en él resulta ser bastante salvaje y confusa, de modo que debe ir simplificando, destilando sensaciones y apreciaciones con suma pericia. ¿Cómo lo hace? Va reduciendo experiencias hasta observar, prácticamente, sólo la caída de un cuerpo sin nada más perceptible que tener en cuenta. De tal depuración experimental Galileo ya puede establecer el "sistema físico". 


Obsérvese que ha sido un proceso completamente subjetivo: es el propio Galileo que, guiándose por su propio criterio, toma por "sistema físico" a ciertas experiencias, condiciones y apreciaciones, mientras desecha otras. 


En cualquier caso el "sistema físico" es, pues, un marco teórico siempre subjetivo, reducido y parcial ¡Es una especie de experiencia depurada y cristalizada! Y con ello el científico juzga tener atrapado en su jaula de oro a una valiosa presa salvaje: al fenómeno en sí; que separa de su hábitat natural, es decir, del resto del "mundo que vivimos" como si fuera una bestia con vida propia ¡Un trofeo!


Kant tranquilamente diría que esta jaula es precisamente el sujeto trascendental. A fin de cuentas, el fenómeno se da dentro del sujeto; por ejemplo: "el cuerpo en caída libre" que experimenta Galileo y decide tomar por un "sistema físico", se da dentro de él mismo. Hecho es, que en Aristóteles nunca se dio este hecho así, sino también lo habría entendido de tal modo.  


En cualquier caso, se produce algo especial: este animal salvaje "capturado" por nuestra subjetividad puede ser domesticado ¿Cómo? A través de conceptos y esquemas: espacio, tiempo, causalidad... Poniendo, por ejemplo, el fenómeno en relación con un reloj que apreciamos aparece el concepto de tiempo. Si lo relacionamos con una regla, aparece la altura -la relación entre el cuerpo y el suelo-. Y relacionando ambos conceptos surge la noción de movimiento, que se puede volver aún más compleja si hablamos de velocidad y aceleración 


¡Y así vamos domesticando y humanizado a la fiera! 


Finalmente, aplicando bien estos conceptos, junto a los juicios sintéticos a priori, el "fenómeno en sí" no sólo aparece ya dentro de Galileo, sino que puede ser "reproducido dentro" de cualquier ser inteligente que se preste al mismo método y establezca las mismas condiciones de experimentación.


  "La caída libre de un cuerpo" pasa a ser ya una experiencia universal, objetiva y lógica para cualquier inteligencia que se preste a las condiciones definidas por Galileo. 


De modo que a través del uso apropiado de nuestras facultades mentales es posible convertir al ser humano en una máquina de generar hechos objetivos ¡Fenómenos en sí! 


La ciencia mecanicista se expande: su colección de trofeos y conocimientos crece con ello. Y sin embargo la realidad, propiamente dicha, sigue siendo un misterio ¡Sólo se ha conseguido compartir, unificar y objetivar experiencias depuradas sobre la realidad, pero ésta aún nos queda muy lejos! 


En efecto, estamos creando un "mundo común" apto para el desarrollo y satisfacción de una inteligencia como la ilustrada ¡De aquí la importancia de la educación y formación para difundir este método para vivir en el "mundo común"! Y sin embargo, aún seguimos viviendo en un sueño humano, exclusivamente humano: lleno aún de confusiones, dudas, lagunas, inconexiones, parcialidades...  pero progresamos.


De repente, visto esto, nos asalta una pregunta con bastante miga científica: ¿cómo es posible que podamos ajustar un "sistema físico"  a conceptos? En particular al concepto de tiempo por ejemplo. 


Al crear el "fenómeno en sí" lo que creamos es una máquina imperfecta: una bestia capada que hemos desconectado en primera instancia de su hábitat para "estudiarla" como un "fenómeno en sí". Luego, la recontextualizamos, pero en un entorno que tengamos bien definido, mediante condiciones ya conocidas y por ello, dominadas, mientras ponemos el acento sobre qué queremos estudiar exactamente al destacar qué consideramos útil o inútil, importante o menospreciable del fenómeno.


Así es como, por ejemplo, relacionamos el fenómeno con un reloj, una regla, etc. todos ellos instrumentos previamente elaborados y diseñados precisamente para el control ¡No nos caen del cielo ni los encontramos tirados en medio de la naturaleza! Por tanto, todo ello depende del sujeto científico.


En definitiva, que al ser una máquina imperfecta, bien delimitada y definida por un entorno conocido y controlado, entonces cualquier "sistema físico" atiende a ser relacionado con "conceptos empíricos"; se le pueden imponer unos aspectos bien definidos de investigación: una temporización sobre unas acciones concretas y previamente definidas, una métrica sobre cierta relación espacial de interés, etc... Y de aquí surge, precisamente, la flecha del tiempo y su comportamiento siempre irreversible e intransitivo ¡Su carácter mundano, fugaz e inmoral! 


Y tildándolo de inmoral en verdad es como identificarlo como IMPERFECTO.


Esta visión mundana de los fenómenos surge, pues, de tomar el fenómeno como un "sistema físico en sí", extirpado de su entorno natural y trasladado a uno bien definido y conocido. Así mismo nos pasa con las personas cuando las tomamos como "fenómenos en sí", descontextualizadas del grotesco y salvaje mundo fenoménico, mientras les aplicamos conceptos de control como "una edad", "un lugar de nacimiento", etc: las acabamos conociendo como entidades que nacen y mueren en un lugar y un momento dado, y que mientras tanto hicieron cosas que tuvieron alguna consecuencia que otra ¡Y ya está!  


Sí, con unos cuantos datos elaborados por nuestra inteligencia ya todos nos entendemos; de inmediato surge la sensación, dentro de nosotros, de estar conociendo un mismo mundo... ¡Y que este mundo además es la realidad! 


Los historiadores como investigadores de la humanidad en tanto que un "fenómeno en sí", por ejemplo, parece ser que no se cansan de disecar conceptualmente todo cuanto les cae entre manos, mientras se creen a ciegas que, de tal guisa ya conocen ipso facto, y realmente, lo que ha sucedido... y de qué va la humanidad. Pero con ellos, simplemente hemos logrado construir una misma visión histórica de las cosas; gran instrumento intelectual para masificar conciencias, quiero decir para socializar, hermanar y fraternizar. ¿Será por eso que a los políticos siempre les ha interesado tener a bien la redacción de los "hechos históricos"?


Sin embargo visto así, bueno, quizás la situación dé un poco de risa -opinión propia. Pero Kant, como acérrimo ilustrado, lo defiende ¡Defiende que es el camino que debe seguir la humanidad! Ir convirtiendo nuestras experiencias en "fenómenos en sí", en "hechos objetivos" y "datos disecados" cada vez más complejos, detallados y extensos. ¡Ellos permitirán que la humanidad al unísono se encamine hacia un mismo mundo! A que los individuos se vayan comportando cada vez más como máquinas ante el respecto y obediencia de los hechos y datos positivos que se vayan sacando de los estudios, puesto que gracias ellos se irán comprendiendo leyes cada vez más generales y fundamentales de cuanto experimentamos.  


-Sí, hay que hacerlo- Esgrime como buen ilustrado, aunque a la feliz bobería y estupidez natural de la gente intelectualmente más simple y mediocre les lleve de ordinario a que por saberse cuatro hechos estipulados de las cosas, ¡o mil!, ya se crean que saben de qué va el ser humano, el universo... o la vida. -Porque ese es el verdadero camino- Insiste Kant; el camino a intentar emular la sabiduría divina, "quien" sí conoce los infinitos "fenómenos en sí" posibles, y por ello lo real en sí al ser él mismo su causa prima.  


En definitiva, podemos conceptualizar todo cuanto se dé en nosotros, siempre que lo descontextualicemos para tratarlo como un "hecho en sí", para luego aplicarle un entorno de control a través de conceptos ya conocidos y bien definidos por nosotros. Se entiende, entonces, que conceptualizar es una forma de humanizar "la realidad que nos afecta", mientras esta misma realidad se mantiene siempre en un horizonte infinito: muy lejos de nosotros, muy inhumana, muy... inrelacionable y por ello libre. 


Y de semejante razonamiento surge la gran pregunta metafísica moderna: suponiendo que la vida sea una máquina perfecta e ideal, entonces, IMAGINEMOS cómo sería una visión cabal y absoluta de ella. 


Recordemos que para Kant no lo podemos saber, como no podemos saber el valor exacto de Pi. Pero que si intentamos pensarlo, como ya lo hizo de forma superba Spinoza por ejemplo, quizás debamos pintar la vida como:


-Algo infinito y libre, al no limitar con nada excepto sí mismo. 


- Siendo infinita albergaría, sin fatiga ni agobio, todos los infinitos fenómenos posibles que un sujeto inteligente cualquiera, acaso nosotros, podría jamás experimentar y/o comprender dentro de sí mismo. 

 - Además eterna ¡La flecha del tiempo no va con ella! Dado que nada la afecta ni turba ni se relaciona con ella más que ella misma, la vida ya de por sí está descontextualizada, de modo que no admite que la volvamos a contextualizar en un entorno que nos sea conocido aplicándole un tiempo, una magnitud, unas acciones concretas, etc. ¿De dónde sacaríamos un reloj o una regla para medirla de forma objetiva?

La vida, pues, jamás andará sujeta a ningún marco espacial, a ninguna flecha temporal, a ninguna causalidad o fuerza externa que la revolucione:


Cabría pensar la vida como una potencia ingénita e indestructible capaz de generar posibilidades indefinidamente, sin límites ni mesuras más allá de su propia armonía interna... o buena voluntad para consigo misma. 


Indudablemente, eh aquí el Dios apolíneo de Descartes, de Spinoza, de Locke, de Leibniz, de Kant, de Planck, de Einstein, de Michio Kaku... de todos los espíritus ilustrados que, en los últimos 500 años, han gozado y sufrido la vida estimándola una máquina perfecta e ideal.   



Sí, conozco el desprecio de superioridad que algunos famosos "hombres de ciencia" han lanzado últimamente sobre los filósofos. ¿Ellos sabrán el porqué? ¿Acaso han avanzado mucho en estos temas? Y cuando nos proponen un multiverso, por ejemplo, ¿acaso nos proponen algo  en esencia muy distinto al Dios de Spinoza, de Kant y compañía? ¿Acaso han dejado de creer que habría una teoría ideal, definitiva y suprema, colgada sobre lo infinito, incondicionado e inaprehenisble?




En cualquier caso, sí me me queda bastante claro al leer o escuchar algún científico famoso, quizás Lawrence Krauss por poner un ejemplo de astrofísico perspicaz, elocuente e irónico, es que su despreciar la filosofía es, a su mucho pesar, un apreciarla. A fin de cuentas, en seguida salta a la vista que no deja de ser un espíritu ilustrado convencido de que la vida tiene que ser una máquina perfecta; de que vivir es un ir obedeciendo leyes aunque aún no las conozcamos. Y que a semejante mecanismo ideal no le quiera llamar Dios, por su repulsa contra los fanáticos del libro sagrado, declarándose ateo sin más... bueno, ¿acaso no sólo será una cuestión terminológica?





El sujeto trascendental, los sistemas físicos y la ética kantiana.

A mi me parece que Kant fue de los que más reflexionó sobre la naturaleza de los "sistemas físicos"; esos marcos especulativos estrictamente abstractos dentro de los cuales vamos condicionando de forma peculiar, subjetiva y parcial nuestras experiencias de las cosas para así sacar un conocimiento objetivo de ellas.  

Me huelo que la aparición del "yo trascendental", es decir, del sujeto que experimenta como entidad abstracta dentro de la cual se produce todo fenómeno, sería sacado de la idea de "sistema físico". Y entendiendo este constructo, especialmente aplicado a la mecánica newtoniana, se entiende de forma más global la ética kantiana. Me explico:

Para empezar hay que tener presente los tres principios fundamentales de la mecánica. Siendo principios, el propio Newton no se limitó a aplicarlos sobre los cuerpos materiales, sino también sobre entidades abstractas, como los "sistemas físicos"; conocidos particularmente como "sistemas de referencias". En concreto les aplicó el principio de inercia.


¿Por qué podemos equiparar un "sistema de referencias" con el sujeto transcendental? 


Ambos son meros marcos abstractos, y como tal inexperimentados, pero que, dentro de los cuales, se hace posible experimentar y estudiar los fenómenos que se dan, mientras resulta difícil adivinar cómo se dan estos fenómenos fuera del propio "sistema de referencias"; habría que estar muy bien avenido con las leyes de la naturaleza. 

Cabe destacar, a fin de cuentas, que es el propio "sistema de referencias" el que determina si un fenómeno aparece como objetivo, o bien resulta ficticio: fruto de unas circunstancias particulares de apreciación. En concreto, sólo los sistemas inerciales manifiestan fenómenos objetivos. Eso significa  que cualquier sistema inercial, por ser inercial, manifestará el mismo fenómeno. 

Por tanto, a través de los sistemas inerciales "todos los observadores" verán exactamente el mismo fenómeno, de modo que conjuntamente comprenderán la ley que lo regula como única. Los demás sistemas, que se llaman no inerciales, siempre nos muestran fenómenos aparentes, accidentales e ilusorios ¡Cada sujeto observador verá un fenómeno propio distinto al que ven los demás! Aparecen las famosas fuerzas ficticias

Por tanto, el universo como máquina perfecta, eterna y regulada por una ley universal fundamental puede ser imaginado, de buenas a primeras, como un inmenso sistema inercial dentro del cual se manifiestan todos los fenómenos por sí mismos, de forma objetiva y sin arbitrariedades, poniendo de manifiesto claramente la ley universal que los regula. 

¿Qué es exactamente un sistema inercial? Pues, en esencia, un sistema que no se ve jamás afectado por otros sistemas, generando fuerzas ajenas e ilusorias dentro de él.

En efecto, todo cuando se genera en un sistema inercial es propio de sí mismo, es causado por sí mismo, es determinado y regido por sí mismo, y en tal sentido, aparece como objetivo, universal y necesario. Es más, se entiende que sólo un sistema inercial puede ser autónomo y por ello libre, dado que resulta ser incondicionado: nada le afecta. 

Leyendo lo dicho cualquiera con unas pocas tablas en ética kantiana puede empezar a relacionar el sistema inercial con el sujeto moral, artífice del absoluto fervor y respeto que el pensamiento de Kant se ganó en el s.XIX. El sujeto moral aspira a la absoluta libertad, como si fuera un auténtico sistema inercial en medio del tormentoso océano.

Entendida esta similitud: el universo kantiano, como ideal, puede imaginarse como un sistema completamente inercial formado por otros infinitos sistemas inerciales en completa armonía entre sí ¡Danzando serena y armoniosamente para toda la eternidad! La humanidad sería uno de estos sub sistemas inerciales, y a su vez englobaría dentro de sí de forma inercial a todos los sistemas que, como sujetos morales, representarían a cada ser humano danzando al unísono la misma melodía eterna.

Ciertamente nadie ve la humanidad de este modo. Nuestro visión habitual de las cosas, la del día a día, más bien se nos presenta como un conflicto de sistemas de referencias por así decirlo. Ahora bien, la inteligencia estriba en hallar la forma de tomarlos como si en el fondo fueran sistemas inerciales para sacar, de ahí, leyes universales en la naturaleza. Cuanto mayor sea nuestra potencia o capacidad de mirar nuestras experiencias "mediante" sistemas inerciales, más objetivo, universal y lógico será nuestra comprensión de lo que vivimos.

Es lo que de forma genial hizo Einstein con su famosa idea feliz: -"principio de equivalencia(ver)"-. Le permitió generalizar la relatividad especial y aplicarla sobre un mundo azotado por las fuerzas gravitacionales. En su nuevo esquema inercial del universo éstas fuerzas pasaban a tratarse como fuerzas ficticias ¡Fue capaz de cambiar el marco lógico de percepción de las experiencias para ver de forma clara y objetiva más cosas que hasta entonces quedaban ocultas y desapercibidas!  Y gracias a tan atrevido replanteamiento Einstein se puso seriamente a soñar en hallar una "Teoría del Todo" con la que, por fin, desvelar el misterio de la vida con "sólo" tratar el universo como un único campo gravitacional completamente inercial "dentro" del cual se darían de forma espontánea, y en medio de la eternidad, todos los infinitos fenómenos posibles. Pero en sueño se quedó, y Michio Kaku aún duerme en él. 

Adoración y exigencia incondicional

No me caben ya muchas dudas; entiendo que la filosofía Kantiana se muestra, por un amor radical hacia la ilustración, como una filosofía de adoración, reverencia y postración hacia la visión mecanicista de la vida; que se resume en un obedecer la voluntad de Dios, el relojero omnipotente que habría planeado "la vida" desde la eternidad y para toda la eternidad. Esta idolatría es, siendo honestos, lo más potente y sobrecogedor en todo su pensamiento. 

No hay que dejarse engañar por la terminología anticuada, árida y completamente extraña a nuestros oídos que emplea Kant para marcar distancias con quienes él llama el vulgo; es fácil apreciar que anda completamente embelesado y enamorado de la idea de una maravillosa voluntad divina que lo regula y estipula todo al dedillo, libremente y a la perfección. Una voluntad que no falla, que no se equivoca, que nada la altera ni preocupa, que lo sabe todo y todo lo tiene harto bien planeado... ¡Menuda supercomputadora!

De este violento e insaciable sentimiento libertario surge el tono imperativo de sus exigencias morales, que asustan y seducen por igual. Da qué pensar que fuera precisamente por este motivo, incluso para cierta sorpresa suya, que Kant empezara a ser leído un poco; y sobretodo reverenciado en toda Europa. 

Sí, da qué pensar que una de sus más fervientes devotas fuera Madame Stael; la que perseguía como una loca a Napoleón, y por despecho terminó siendo amiga de todos los antinapoleónicos; es gracioso leer lo que defendían algunos de ellos para poder estar, así, un poco cerca de la madame -el pagafantismo es harto antiguo.

Las tertulias literarias de Madame de Staël. Tributos literarios y  encuentros de nuestro taller de escritura creativa en Valencia | Luna de  papel :: Talleres Literarios en Valencia 

 

Nuestras dudas sobre el universo máquina

 

¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori (JSA)?

Que articulase toda la inmensa y sufrida complejidad de su filosofía sobre tan singular pregunta nos indica que Kant presuponía, de antemano, que tales juicios eran de por sí ciertos. ¿Por qué lo presuponía? ¿Por qué estaba tan seguro de su veracidad?

A vuelapluma Kant nos parece decir entre líneas:

1) Si los juicios sintéticos a priori (JSA) pueden existir es porque tienen que ser ciertos por pura definición; pues por definición son juicios necesarios, universales y ciertos por pura lógica, es decir, nuestra mente no puede admitir que sean falsos sin entrar en contradicciones -¡Y si así lo dicta la mente así obedecerán mis percepciones y experiencias!- Concluye sin más. De modo que si fueran falsos no serían juicios sintéticos a priori, sino de otro tipo. 

Así por ejemplo, "la velocidad en caída libre de un cuerpo nunca depende de su peso", es un JSA, porque como ya vimos aquí, pensar lo contrario nos lleva al absurdo, independientemente de que lo probemos empíricamente o no.  

2) Por tanto, simplemente demostrando que son posibles, Kant da por hecha su certeza. 

3) Para demostrar que son posibles presupone la existencia de los elementos trascendentales ¡Éstos los harían posibles! Por tanto, presupone la existencia de un orden trascendental de la realidad para demostrar que estos juicios existen.

4) Y una vez afirma haber demostrado que estos juicios existen debido a un ordenamiento  trascendental, con ellos en mano se pone a demostrar la existencia de un orden ideal, como reflejo del orden trascendental. 

En fin, la base del pensamiento de Kant se fundamenta sobre una brutal circularidad: si suponemos la existencia de un orden que dota de sentido cuanto vivimos, este orden hará posible unos juicios sintéticos a priori, y con ellos, entonces, nos sería legítimo suponer que todo cuanto vivimos  debe de obedecer, precisamente, a tal orden ¡Chim pum! 

¿Por qué prácticamente nadie se ha percatado de tamaña circularidad en 200 años? Quizás sus veneradores, y también sus lectores, se hayan quedado siempre completamente pasmados ante la magia de filigranas conceptuales y exigencias libertarias con que nos bombardea el de Koenigsberg sin advertir el punto clave del truco. Aunque también podría ser que la filosofía Kantiana, própiamente dicha, no le importe demasiado a nadie más allá de venerar a Kant como un gran filósofo y recitar algunos de sus dogmas como quien dice algo. Todo puede ser. 

En cualquier caso, desde que me doy cuenta de cuán trivial es la filosofía kantiana, más me fascina. Además, me parece honesto reconocer que, no sólo Kant, sino que hay mucho de mago e ilusionista entre los metafísicos ¡Sólo hay que leer a Descartes! Y cuando adviertes sus trucos ¡Aprendes! Y con ello, te sobreviene un subidón de suficiencia colocándote, sin quererlo y por sorpresa, por encima de la mayoría... Entonces te das cuenta de que te has quedado solo; hecho que no te impide seguir riendo. Hay que aprender a reírse sólo.

Con todo, volvamos al problema de los juicios sintéticos a priori. Asumamos que la demostración que nos da Kant de su certeza, pues, ya no cuela. Kant hacía complejos trucos para adolescentes impresionables, como Fichte o Schopenhauer, a los que exigía que crecieran; nosotros ya sobrepasamos la mayoría de edad. 

Por consiguiente, nuestra pregunta sigue abierta: ¿son ciertos los juicios sintéticos a priori? O dicho de otra forma más general: ¿Qué derecho tiene el sentido común sobre el mundo que vivimos?

Sólo pondré dos ejemplos, uno de la física y otro de matemáticas; con los que podamos valorar brevemente la situación:

1) Tenemos uno de los juicios sintéticos a priori usado como ejemplo por el propio Kant: "En todas las transformaciones del mundo físico la cantidad de materia permanece inalterada". Y el descubrimiento de la radiactividad a finales del s.XIX  lo hizo trizas, dejando patidifusos a los científicos de la época. Con el descubrimiento del "vacío cuántico" ya no digo nada. De hecho, Einstein fue sin quererlo y a despecho suyo uno de los mayores propulsores de la mecánica cuántica al intentar demostrar que ésta tenía que ser falsa al violar un montón de juicios sintéticos a priori. Pero lo único que se terminó "demostrando" era que la mecánica cuántica funciona y los juicios sintéticos a priori pueden ser tranquilamente falsos; al universo no le importa lo que es lógico o no es lógico para nosotros; lo que podemos o no pensar y concebir ¡Tan salvaje es su naturaleza! ¿Y cuánto durarán los extraños principios que sustentan la mecánica cuántica? Ciertamente hay sabios que ya los toman como verdades en sí y propias de la realidad, como antaño se tomaba cualquier (JSA)

2) Otro juicio lógico-matemático usado por el propio Kant: "la linea recta es la distancia más corta entre dos puntos". Ya a mediados del s.XIX se dieron cuenta que esta afirmación ni era universal ni necesaria, sino convenida, puesto que dependía del 5º axioma de Euclides, el cual puede adquirir a conveniencia nuestra 3 valores diferentes, generando según la elección, tres distintas geometrías.

Pero es que, por más inri, no sólo los (JSA) parecían ser más bien conveniencias nuestras para comprender los fenómenos, que necesidades universales de los própios fenómenos, sinó que los juicios analíticos podían ser falsos, o al menos no cumplirse, generando paradojas importantes. Así ocurre con la afirmación "el todo es mayor que las partes", que es violada por la paradoja de Banach-Tarski o la del Hotel de Hilbert. O como ocurre con el principio de transitividad: a>b, b>c, entonces a>c. que es violado con la ley de Weber que ya he hablado varias veces en el blog.

¡Vualá! Visto que los juicios sintéticos a priori, y también los analíticos, pueden ser tranquilamente liquidados por nuevas experiencias e intuiciones, la creencia ilustrada del mundo máquina parece tambalearse seriamente ¡El dios Apolo presenta heridas y sus fuerzas flaquean! La vida ya empieza a saber más profunda y rara de lo que jamás se había pensado. Y Nietzsche se ríe, mientras calla en silencio; pues se huele lo que vendrá en unos siglos.

Es cierto, pero. Ya hemos visto como son muchísimos quienes aún intentan salvaguardar la fe ilustrada, el ideal divino del universo máquina, la fe en una ley fundamental que dictamina, des del silencio de lo eterno, una ética sobre todas las cosas. Sin embargo, cada vez hay más razones de peso, de mucho peso, para comprender y adivinar que la realidad no tiene porque seguir ninguna ley universal; que "el sentido común" es una ilusión y una bobería humana más; que no tiene porqué haber ninguna razón de ser; que los juicios sintéticos a priori no tienen porqué ser ni ciertos ni falsos, sino meras exigencias perspectivistas de nuestras formas de comprender; que podemos juzgar la la vida como perfecta sin tener que verla como una máquina... Y el peso de esta situación nos deja en un inquietante, y a la vez fascinante, nihilismo. ¿Qué seremos capaces de sacar de él? 

Difícil es seguir hablando de todo ello. Sin embargo, quizás cada vez que escuchemos "imperativo categórico" o "juicio sintético a priori" o "Dios" e "ideal" sonreiremos al recordar el truco de magia que nos presenta con gran elocuencia académica el viejo Kant, mientras empezamos a tomar consciencia de hasta qué punto nuestra mente falla, hierra, se equivoca, se engaña, y con todo ello termina haciéndose una tortilla de la realidad con la que agarrarse y conducir de algún modo nuestra vida, aunque sea por unas horas al día. 

En fin, igual podemos aprender alguna cosilla de Kant para elaborar nuestros propios trucos e ilusiones,  porque, a diferencia de los ilustrados, ya no podemos desechar la fascinante idea de que todo conocimiento humano no sea sino fruto de muchos trucos, errores e ilusiones psicológicas ¡Y los ilustrados viven de muchos trucos e ilusionismos! Como esa ilusión que también ilumina a los niños con la magia de los reyes magos por Navidad, y que entre tantos sabios y catedráticos ilustrados siempre ha dictado: puesto que deseo que haya una realidad, la busco por doquier y, entonces, cualquier "hallazgo" me lo tomo como un indicio fehaciente de su existencia y, además, de mi progreso ideal hacia ella.

Lo fascinante es que hay razones para empezar a dudar de eso. Y, ¿acaso toda duda no es la llave para abrir nuevas puertas?



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