sábado, 28 de noviembre de 2020

La primera crisis espiritual de la historia: los sofistas, su nihilismo y la posmodernidad actual

 Los griegos fueron un pueblo extraordinario: creativo, ingenioso y altamente competitivo -en este sentido, fue un pueblo arisocrático. Sus valores morales se podían resumir en una simple expresión: hagas lo que hagas intenta perfeccionarte hasta llegar a ser el mejor -de aquí el término "areté".



Esté ideal vital explica cómo los griegos alimentaron la construcción de su civilización en base a sublimar la guerra, la rivalidad y el conflicto en multitud de ámbitos. ¿Cómo lo hicieron? Por ejemplo estructurando su mundo mediante competiciones bien reguladas y pautadas; de aquí los juegos olímpicos, los juegos trágicos o incluso la democracia como juego político.  




Estas ansias de llegar a ser los mejores en todos los terrenos los transportó, como cuenta el mismo Parménides en su poema, hasta el ámbito más "divino y elevado": el del conocimiento y la verdad. Y un pueblo que de por sí reconoce, valora y venera a los mejores, cuando aparecieron los sabios simplemente explotó de júbilo y devoción. 


Admiradlos, allí tenemos a esos talantes raros, solitarios y singulares: a Tales, Bías, Heráclito, Pitágoras o el mismo Parménides. Su lucha -su areté- era llegar a descubrir la "realidad", con la cual pretendían despertar a la humanidad de sus ilusiones, ensueños y mitos fantasiosos. 



Sin embargo, el problema que sin querer destaparon fue mayúsculo. Cada uno de estos sabios presentaba con gran orgullo y satisfacción su propio relato sobre "la realidad", y éste relato no sólo podía diferir de los demás, sino que podía incluso contradecirlos por completo. De modo que, a no pocos, esta noble lucha por la verdad les terminó pareciendo más bien una lucha de egos y escuelas en vez de una construcción común, objetiva y sólida; así que terminaron por desconfiar profundamente de la "realidad". De hecho, negaron que existiera "Verdad" alguna. Estos magníficos nihilistas fueron los sofistas, con Gorgias y Protágoras a la cabeza.   

Gorgias

El más brillante y profundo exponente del escepticismo, lo recordamos por sentencias como "la realidad -Ser- no existe, si existiera no la podríamos conocer y si la pudiéramos conocer no la podríamos comunicar a los demás". 



Para Gorgias  el conocimiento humano, que emerge del lenguaje y el pensamiento, no sirve para encontrar ninguna verdad oculta. La función de la ciencia es, sólo, terapéutica: que nos sea útil y efectiva para resolver nuestros problemas, dudas, inquietudes. Con razón el griego lo compara con una medicina -su valor "de verdad" está en sus efectos. ¿Cómo? Sí, que un relato sea de por sí real y cierto resulta indiferente al ser indemostrable, lo importante son sus efectos: que nos dé ventajas y nos permita hacer cosas. 

Protágoras 

Padre del relativismo, lo recordamos por esa concisa sentencia: "el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son y las que no son". Observa como jamás sacamos nuestros "relatos verdaderos" del seno mismo de ninguna realidad, como si fuéramos pescadores que sacaran peces del mar, sino que todo relato humano es pura construcción intelectual; una artificialidad que dice más de nosotros que de una supuesta verdad eterna, oculta e inhumana, dado que la construimos en base a nuestros prejuicios y convicciones, nuestras experiencias e intereses, nuestras capacidades y limitaciones... 


Y dado que todo relato es mera construcción humana, según Protágoras, no existe una única razón u opinión válida; "sobre cualquier tema hay siempre dos argumentos opuestos entre sí"; de modo que cualquier afirmación (la cual no deja nunca de ser una mera hipótesis) puede ser tomada indistintamente por cierta o falsa según nos convenga prestar atención a unos argumentos u otros -y qué bien lo saben hacer esto los periodistas, esos propagandistas de ideologías para el populacho semicultivado


Sofistas, nihilismo y posmodernidad

Con los sofístas entendemos de forma diáfana qué significa "nihilismo" y el porqué ya el escepticismo como el relativismo son dos de sus manifestaciones principales. De modo que observamos como el posmodernismo actual no parece ser sino un revivir, "a nuestra manera", esa mentalidad nihilista de los sofistas griegos.

Y sí, lo admitimos; en gran medida nos sentimos posmodernos y por ello, bastante escépticos, críticos y relativistas; o si más no nada fanáticos para con la verdad -¿En serio hay que luchar por la verdad como si ésta fuera inválida o tartamuda?-. No hay duda de que nos encanta jugatear con el talante divertido, malicioso y libre de esos ilustrados sofistas griegos. 

Pero, y quizás sea por nuestra naturaleza oscura y contradictoria, difícil de definir y etiquetar, también algo dura y poco compasiva, lo cierto es que después de jugatear con este encantador fracaso espiritual (el nihilismo) lo llevamos hasta sus últimas consecuencias; hasta verlo chocar violentamente con sus límites e incomibles  paradojas ¡Y menudo espectáculo nos regala!

Ahí tenemos el nihilismo fundamentándose sobre la idea de que "la verdad absoluta no existe", tal y como lleva años pregonando ese mediocre y débil mental de Gianni Vattimo, mientras esconde traidoramente una paradoja incomible: la misma premisa se niega a sí misma

Y esta misma contradicción, burda e inasumible, ocurre con todos los demás dogmas posmodernos, tan nihilistas y decadentes ellos, con los que nos bombardean a diario comiendo el coco a los débiles mentales:

-"Nadie tiene toda la razón"

-"Todo depende al ser relativo"

-"No podemos generalizar"

-"El sabio duda"

-"Hay que dudar de todo" (aquí se puede leer una vieja entrada del blog al respecto, no sin algo de humor)

...

En fin

Y así es como, con humor y risas, destapamos cuanto hay aún de dogmático, de metafísico y absurdo, de tiranía intelectual en el posmodernismo actual. Sus lemas populacheros para nada nos engañan, pues más que escuchar hemos aprendido a reflexionar. Con razón, pues, lo consideramos una sutil metafísica para pusilánimes, indecisos y agotados mentales. Un fracaso intelectual algo ridículo y penoso que, sin embargo, quiere gobernar las consciencias actuales; hecho que dice mucho de nuestra época. 

Al final, pues, queda claro con un simple análisis como el posmodernismo debe ser superado. Vislumbrar esta "posibilidad" nos lleva ya mucho más lejos de lo que soñaron jamás los griegos; más allá de Platón, del cristianismo, de la modernidad y, por supuesto, de la actual posmodernidad -muy lejos del dogmatismo, el idealismo, la metafísica o la "nada" contemporánea...

¿Hacia donde nos vamos? Bueno, de momento aquí guardaré silencio por dos motivos principales: 

1) Porqué quienes ya vean por sí mismos la respuesta no necesitan que se lo cuente.

2) Porqué quien no lo vea por sí mismo, quizás tampoco entienda mis palabras y las mal interprete, las confunda y se pierda por el camino. 

  




   



¿Qué es un filósofo? (I)

Un 4X4 que no teme adentrarse en todos los terrenos; en especial, los más duros y hostiles... los de la verdad.





domingo, 22 de noviembre de 2020

¿Qué es la naturaleza? Principios de la termodinámica

 Hace unos días comentaba que el comportamiento humano no viene dado por dogmas éticos sin más, sino que cabría interpretarlo como manifestación física; una expresión más de la naturaleza y su "carácter". Pero luego preguntaba, y ¿qué es la naturaleza?



Los griegos tuvieron la suerte y la ventaja, como ya reconocían ellos mismos, de ser un pueblo intelectualmente muy joven. Carecían de un glorioso y antiquísimo pasado, como egipcios y persas; o de corrientes de pensamiento dominantes, como le sucedió a la Europa medieval-moderna con el cristianismo -o bien nos sucede a nosotros hoy en día al tener sobre nuestra conciencia el peso de toda la historia cultural y científica, arrastrando por ejemplo términos griegos que no siempre entendemos muy bien, como "física"

De modo que los griegos no heredaron muchas tradiciones, ni escuelas ni "verdades", con lo cual no les quedaba otra que crear e inventar sus propios relatos sobre las "cosas". De ahí ese aire fresco y "sui géneris", espontáneo e inocente que respira todo lo griego hasta rayar lo simple. Con Platón, y después de 300 años de luchas filosóficas, los griegos ya empiezan a volverse algo más artificiales, complicados, formales; comienzan a buscar el conocimiento en su propia tradición, en sus escuelas-sectas, y no tanto en la innovación propia -su cultura se va petrificando y orientalizando



Pero la simplicidad intelectual de los griegos antiguos, especialmente a destacar entre los pensadores presocráticos, siempre me ha resultado inspiradora y clarividente.  Para empezar, que la mayoría de ellos titulasen sus obras con un sorprendente "Periphyseos" (sobre la naturaleza) me tenía seducido. 

¿Por qué titulaban así sus obras? 

¿Qué querían expresar con semejante nombre? 

¿Qué entendían por "physei"?  

Es cierto que al escuchar a los presocráticos describir como se transforman el aire, el agua, las piedras, como en el caso de Anaxímenes uno no puede sino sonreír con suficiencia al conocer, hoy en día, una descripción del proceso mucho más detallada y precisa, por nuestra superioridad en instrumentos de medición y en sistemas de comprobación de hipótesis, los cuales nos han llevado a un grado de complejidad descriptiva mucho mayor que la griega. 

Pero cuando se analiza el término "physei" y el marco teórico general dentro del cual luego se realizan las descripciones teóricas particulares, pues bueno, quizás no hayamos avanzado tanto, aunque nos hayamos vuelto más claros, precisos y efectivos.


Cuando empiezo a enseñar filosofía, y en concreto el mundo griego con sus poetas y los presocráticos, empiezo con una exigencia: ¿qué significa "naturaleza" o "física"? 

No hay ningún estudiante que no esté familiarizado con dichos términos, la vedad, pero la mayoría son incapaces de darme ni tan siquiera una definición medianamente seria. Todos juran tenerla en mente y saber qué significa, pero se quedan callados como bobalicones. Entonces, simplemente me remito a la etimología. 

En griego arcaico physei significa nacer, surgir, emerger, expandirse y crecer; por eso los romanos lo traducen por "natura", que significa nacer -de aquí términos como natividad o innato, etc

Para los griegos todo lo físico es un nacer, crecer y expandirse... hasta ser devorado por otros crecimientos y expansiones. Por consiguiente, toda realidad física pasa a comprenderse como un procesar, un devenir, un fluir, una aparecer (nacer) y desaparecer (morir)... un cambio o movimiento perpetuo. Quizás fuera Heráclito quien mejor lo relatara con su famoso e intuitivo:



No hay duda. Todos los griegos, incluso Platón, lo tienen claro: el mundo físico es un mundo de nacimientos, crecimientos, expansiones que se suceden a costa de lo que degenera, se desestructura, corrompe y es devorado por lo nuevo. Otra cosa es el valor y sentido que le dan luego a este devenir, punto donde ya difieren notablemente todas sus filosofías y planteamientos teóricos.


Llegados aquí se advierte que los griegos "descubren" dos afirmaciones difíciles de refutar y, por ello, muy vigentes:

1. El mundo físico en esencia es un transformar, procesar e intercambiar, por tanto allí no encontraremos jamás nada fijo, estable y completamente aislado que viva a su "rollo", ajeno a todo lo demás ¡No hallaremos nunca el Ser, sólo Devenir y fluctuar! 


Una consecuencia de esta "idea" es que el mundo físico no puede tener un final definitivo y último; a no ser que, como decide pensar Platón, el río del Devenir desemboque con un salto mortal (transcedental) en una realidad metafísica y antinatura -El Ser.  

2. En el mundo físico todo vive a costa de todo; el presente se alimenta del pasado, mientras sirve de pasto para el futuro. Todo comercia constantemente con todo y la violencia es la esencia de la vida. Heráclito mismo dice sin titubear: "la lucha -polemos- es el padre de todas las cosas". 

Y de estas dos verdades surgen varias preguntas que han marcado el pensamiento filosófico hasta nuestros días:

-¿Por qué razón existe el mundo físico -el devenir, procesar, intercambiar... el permanente fluir? Platón argumentaba, por ejemplo, que el mundo físico existe por la eterna tensión que se da entre el Ser y la Nada (espacio vacío). Pero, ¿acaso existirán el Ser y la Nada más allá de ser meros recursos explicativos del devenir? ¿No podríamos responder a tamaña pregunta mediante otras interpretaciones y concetpos?

-Que en el mundo físico jamás hallemos nada realmente fijo, estable, inmutable, aislado, bien definido, ¿qué nos dice sobre el lenguaje, el pensamiento y por consiguiente, la ciencia misma? ¿Acaso será todo conocimiento humano una pura mentira: un describir el mundo como si éste estuviera "hecho" de cosas estables, bien delimitadas, fijas, aisladas y por ello definibles, comprensibles y cognoscibles? ¿Será la "realidad" que nos presenta todo conocimiento una creación de nuestra imaginación? ¿Y qué valor e importancia tiene esta realidad imaginada para nuestra vida?

-Que el mundo físico sea permanente violencia y devenir, ¿qué lugar deja para la ética humana? ¿Tendríamos que volvernos antinaturales, "odiar" la vida y huir de ella a regañadientes, acaso poniendo la cabeza en las entrañas calentitas de un hipotético Ser inmaculado para buscar allí "valores absolutos, salvadores y eternos" como avestruces? ¿O como decía Schopenhauer influenciado por la caridad cristiana, acaso ejercitando constantemente la compasión hacia todo lo que vive, puesto que sufre, y así renunciar a la vida?

-¿Cuál es el destino de la humanidad como proceso físico y natural? ¿Ser felices? 


Physis y termodinámica

Son muchas las ciencias naturales que se desarrollan actualmente; de forma resumida se reconocen como tales la física, la química y la biología, junto a todas sus ramas y subramas (cosmología, genética, geología, fisiología, medicina, zoología, etc). Cada una de estas ciencias tiene sus propias leyes, y en base a ellas generan los marcos teóricos sobre lo cuales se describen los procesos que en particular estudian. Pero hay algo que las une, y por consiguiente, comparten entre sí: el hecho de que sólo sean explicaciones físicas, es decir, explicaciones de procesos, movimientos o intercambios que observamos. Y desde mediados del s.XIX hemos estado creando una ciencia de los procesos que, en esencia, describiría con gran precisión todos los procesos físicos, químicos y biológicos más allá de sus particulares y específicos marcos teóricos. Es la TERMODINÁMICA, con sus 4 principios -hay quien dice que son 5:

-Principio 0o de transición: si ciertas propiedades de un sistema físico A tienen el mismo valor que las de otro B y éstas con las de un C, entonces las propiedades del sistema A y las del C tienen el mismo valor, de modo que el intercambio que se produce entre ellas es equipotente para así mantener sus valores estables y parejos. Sobre este principio, existen ciertas dudas razonables, como por ejemplo la que ya expuse  aquí.

-Principio 1, o de conservación de la energía: se llama "energía" a todo intercambiar y procesar -un movimiento es energía, un intercambio es energía, en fin, cualquier proceso no es sino una manifestación energética. Entonces, el principio sólo dice que el conjunto de movimientos, procesos e intercambios que se dan en el tiempo es siempre, de alguna manera, constante. Sí, todo cambia sin cesar, pero el cambio no cambia -Cómo decía Heráclito. Así pues, todo proceso debe alimentarse de procesos anteriores y deberá ser el alimento de otros procesos posteriores. Con este principio parece dejarse claro que en el mundo físico no hay escapatoria... no hay un Más Allá!. Y a la vez, da entender que es un mundo con una entidad propia, que se autodefine y limita constantmente a sí mismo; de modo que todo esta relacionado íntima y profundamente con todo.     

-Principio 2, o de la entropía. Es el principio más inquietante, profundo y misterioso. Para empezar, no está muy claro qué significa, entre otros motivos, porque parece adquirir distintas expresiones formales según el ámbito de estudio: tenemos la entropía de Clausius, para macrosistemas, la de Boltzmann para microsistemas, la de Gibbs, como una especie de generalización de la de Boltzmann, la de Von Newman, como una aplicación de la entropía de Gibbs a sistemas cuánticos o la de Shannon, que se aplica en teoría de la información. En todo caso, y en esencia, la entropía parece ser una característica intrínseca de los procesos "complejos", y por tanto de la energía -precisamente entropía significa proceso en griego. Sin variaciones de entropía, quizás los procesos complejos serían infinitamente lentos al resultar paradójicamente ambiguos (tanto podrían ir hacia delante como hacia atrás en el tiempo, con lo cual podrían quedarse bloqueados en un punto y no moverse jamás). Desde luego, entonces no habría devenir... no habría mundo físico ¡Habríamos trascendido la naturaleza! Y estaríamos ante el Ser de Parménides: una esfera infinita de energía completamente uniforme, eterna o intemporal, inmutable, perfectamente estática y fija. Así pues, con la entropía explicamos la espontaneidad de los procesos complejos, la flecha del tiempo y con ella, la imposibilidad de retroceder al pasado mientras estamos evocados a ir siempre hacia el futuro. Además, detalla el porqué de la fascinante multiplicidad de procesos del mundo físico, así como el porqué éstos se alimentan unos de otros: el como un proceso puede gestarse, crecer, expandirse y autoestructurarse a costa de su entorno o bien, degenerar y desaparecer al disolverse en él. Por tanto, nos explica cómo cualquier proceso u organismo está intrínsecamente ligado con Todo y no puede ser tratado como una entidad aislada, autodefinida... metafísicamente libre -con las consecuentes implicaciones morales de ello. Pero, sobretodo, y de hecho ésta es la única verdad firme que de momento tenemos de tal concepto y gracias a la cual hemos deducido las demás, es que la entropía nos dice algo que rompe por completo con la más arraigada y potente de las convicciones metafísicas modernas (y newtoniana) sobre el mundo físico (Einstein nunca lo aceptó): que ningún proceso es realmente causal y por ende racional, sino ALEATORIO ¡Un tiro de dados! Hecho que me recuerda a ese aforismo profético de Heráclito, que dice: "la Eternidad es un niño que juega a los dados; de un niño es el mundo." Sí, lo confieso, me deja de piedra leer como Heráclito defendía hace 2.500 años que el arkhé fuera el "fuego", mientras hoy sabemos que la termodinámica, con la entropía a la cabeza, interpreta toda la naturaleza desde la óptica del "calor".  

El principio 3, o ley de Nerst: de algún modo es una consecuencia del principio anterior y, de algún modo, parece afirmar la imposibilidad de aislar completamente un proceso de su entorno, puesto que para aislar un proceso o sistema físico del universo habría que bajar su temperatura  a 0K (anular su capacidad de intercambio con su entorno). Y entonces su variación de entropía sería nula. 


En fin

Lo sorprendente de la termodinámica es que, al estudiar propiamente los procesos, nos "habla" de todo lo que sea proceso, transformación y cambio ¡De todo cuanto en efecto existe -Devenir! Por tanto, parece ser factible extenderla a muchos otros campos distintos a las ciencias consideras tradicionalmente como naturales (física, química, biología); por ejemplo en la psicología, la sociología, la economía, la política, la ética, etc. Pero aún hay mucho trabajo por hacer en esta dirección. Veremos si podemos aportar mucho desde este blog. 








  

  




sábado, 21 de noviembre de 2020

El Infinito (I). Sobre el origen del lenguaje y la realidad

 Es difícil adivinar cuando apareció el lenguaje humano. Quizás tendríamos que remontarnos a varios cientos de miles de años atrás; o más.  



Esta singular facultad caracterizada por contener nuestras abigarradas y caóticas experiencias, primero, en un sonido, luego en una idea, dando pie a la imagen simbólica, para ya de forma mucho más tardía en una grafía, quizás haya sido una de las más titánicas victorias de la humanidad sobre su propia brutalidad e inocencia animal -la astucia venciendo sobre la fuerza.

Mediante tamaña victoria el ser humano ha gestado en el propio seno de sus sentidos corporales, siempre tan inconscientes, ciegos e irracionales ellos, su alma, su identidad, su consciencia... su "YO". Y ante tan maravilloso e inquietante triunfo se ha visto capaz de dotar de contenido la vida



De repente pues, y bajo el poder del lenguaje, el ser humano cree ciegamente que la vida está hecha de "cosas" (hechos, sucesos, objetos, cuerpos, entidades, valores, propiedades... -sujetos-), al convencerse de que el lenguaje le permite identificar, definir, conocer y comunicar "cosas". Sin embargo, más que "cosas", el lenguaje solo nos permite acceder a las palabras, que luego se toman inocentemente como fieles representantes de las "cosas" y por ende, de lo REAL. Pero tal creencia, antigua y arraigada, no es más que dogmatismo

Sí, el lenguaje parece haber surgido, y crecido de forma espectacular, alimentándose de un ciego y fanático dogmatismo, según el cual las palabras tendrían la mágica facultad de revelarnos como son en realidad las "cosas" que supuestamente existen, puesto que, de antemano, se presupone que existen "cosas" al existir palabras. Sin embargo, esta antediluviana convicción resulta "indemostrable", como ya advirtió no hace mucho (en la historia del lenguaje humano quiero decir) el viejo Kant.

Aún así, en pleno s.XXI la "humanidad" está muy lejos de ser capaz de tan siquiera sospechar cuán  furibundo y supersticioso es este dogmatismo que la cobija desde la prehistoria; y mucho menos de desligarse del profundo y seductor embrujo del lenguaje, como exigía Wittgenstein por ejemplo. 



Aunque vale añadir: también cabría sospechar que esta aspiración wittgensteiniana antidogmática y antirealista, radicalmente escéptica y nihilista, no fuera más que un suicidio espiritual y en la medida que se cree en el lenguaje -en las palabras y relatossiempre se cree en una realidad. Pero dejemos para otro día tan controvertido tema.

 Sea como sea, con la apoteosis del lenguaje aparece sobre la Tierra "el mundo de lo humano": de lo definible, comprensible y comunicable. Es un mundo bello y bueno, puesto que nos seduce irremediablemente hasta el punto de no poder vivir sino bajo un relato que dé contenido a nuestras vidas; real, puesto que creemos en él y lo tomamos por cierto; justo, dado que define e ilustra las "cosas" en su justa medida, de modo que, por ejemplo, llegamos a venerar los diccionarios como si fueran jueces sumarios. 



Pero ante este apoteósico mundo del lenguaje, de repente, apareció también entre nosotros su antítesis: el mundo de lo desconocido e inefable. Al principio es un mundo oscuro y vacío, desalmado y sin contenido alguno. ¿Cómo poner nombre a lo que no es ni puede ser "cosa" alguna? 



Hesíodo (s.VII ac), por ejemplo, uno de los arquitectos de la religión griega con su famosa Cosmogonía, es de los primeros que se atreve a contener en un nombre divino aquello que carece de contenido alguno y que, además, nada puede contenerlo. Lo llama Caos -Literalmente: abismo, abertura, espacio vacío. Y no sólo se atreve a darle nombre, y con ello entidad, sino que en un alarde de ingenio lo define como "arkhé": principio y origen de todas las "cosas" y por tanto, de todo contenido posible. *Sí, para el griego todas las "cosas" son Dioses (la Tierra, el Cielo, el Amor, el Aire, etc), hecho que da qué pensar



Es cierto que antes de los griegos otras civilizaciones nos cuentan otros relatos tratando este dilema; los judíos nos presentan a su inefable Yhavé o los egipcios con su peculiar génesis de Dioses. Pero la civilización griega actúa como una especie de laboratorio filológico y psicológico excepcional; un largo experimento de ideas, conceptos y términos, de experiencias intelectuales y lingüísticas, que por suerte tenemos bastante bien documentado. Y lo que se aprecia, si tenemos ojos para ello, es que llegar a contener en una palabra, convirtiéndolo en una "cosa", aquello que no es ninguna "cosa", fue un triunfo espiritual harto duro y tardío en la humanidad -sólo cabe recordar que el 0, como número que no es ningún número, no surge hasta el sV dc en la India. 



Así pues, vemos como el lenguaje se encuentra de frente, con cara desafiante, a su propia antítesis: lo inefable, lo incosificable, lo idefinible... lo que no se puede contener en nada. Y sucede algo sorprendente: el lenguaje, lejos de recular ante el ataque, decide avanzar y seguir conquistando ¡Tiene la osadía de definir lo indefinible como aquello que precisamente no se puede definir! Y con tan audaz golpe se empieza a pensar en aquello que no se puede pensar al ser "algo" que no es ninguna "cosa". El humo de la batalla sube hasta al cielo: empiezan a surgir paradojas por doquier; el lenguaje se engarza en una lucha contra sí mismo, cavando en sus propias contradicciones internas... y con ello se va volviendo profundo, más profundo y rico.   



Anaximandro (s.VI ac) ya habla directamente de "lo indefinible" como arkhé; por supuesto lo dice en griego <<apeiron>> ¡Y se tira páginas enteras hablando de lo que no se puede hablar, definiendo lo indefinible! Dice, el apeiron no puede ser ninguna cosa en concreto, no puede ser definido de ninguna manera ni con propiedad alguna en particular, porque él es todas las cosas al unísono; es frío y calor, luz y oscuridad, color y sincolor, bien y mal, grande y pequeño, viejo y joven, vivo y muerto, etc... Con Anaximandro lo inefable e indefinible pasa a ser "muchos" y "nada" a la vez; o por decirlo matemáticamente: 0 e infinito ¿Una locura? Así lo pensó Parménides años más tarde, pero curiosamente hoy en día esta locura tiene destacadas aplicaciones -desde la creación de dinero por parte de los bancos, a la física de partículas.  



En efecto, fue Parménides quien, en un afán por depurar el lenguaje, y por ende el pensamiento, de todas las impurezas y contradicciones generadas por esa pretensión de poner nombre a todas las "cosas", incluso a lo innombrable, decide separar lo infinito de lo nulo; aún mezclado y a su parecer en contradicción en Anaximandro. Con esta partición, Parménides crea dos "cosas" nuevas: la primera la llama "el Ser" y a la segunda "el No-Ser"


Con el Ser de Parménies aparece de forma bastante clara la idea de "infinito" ya como una entidad propia y definida de forma simple. Pero es una definición extraña a nuestro oídos: "infinito", para Parménides, no significa que contenga "muchas" cosas, sino que se define como aquello que se contiene sólo a sí mismo. Estamos ante el primer concepto "inhumano": aquello que no definimos nosotros en base a nuestras experiencias, sentimientos y pensamientos: 

Lo infinito es lo que se define, sólo, a partir de sí mismo, ajeno a toda consideración humana -es un concepto autorreferente

Mientras tanto el No-Ser -La Nada- es definido como puro envoltorio conceptual: una caja sin nada dentro, espacio vacío, simple ausencia.     

Y aquí llega Platón. Después de la crítica de Demócrito y Górgias al Ser de Parménides, Platón toma las riendas del combate y reformula la definición de "infinito". El infinito, para Platón, ya no es ni el Ser ni mucho menos el No-Ser. El infinito para Platón es simplemente "los muchos", "lo interminable"... la distancia insalvable que va del No-Ser hasta el Ser ¡La naturaleza! -Esa insondable multipliciadad característica del mundo sensible. 



Por consiguiente, según el ateniense el "infinito" se define como aquello que siempre es ilusorio, hipotético, irreal y, acaso, un reflejo de nuestra ignorancia. Un ejemplo sería el número Pi: por definición Pi tiene infinitos decimales, de modo que nuestro conocimiento sobre Pi siempre será aparente, ilusorio, hipotético, provisional. 



Eh aquí, pues, la definición de "infinito" para Platón. Se trata de una definición idealista. Y Occidente lleva 2.500 usándola de algún modo; sólo cabe leer a San Anselmo, Descartes, Newton-Leibniz, Euler, Cauchy, Weierstrass o Hardy. Quizás Cantor fuera de las pocas excepciones. 

Por tanto, uno se pregunta: ¿qué puede ser para nosotros el infinito?  ¿Sigue siendo lo desconocido e inefable, lo que no se contiene en nada, una contradicción y un límite del pensamiento? ¿Acaso seremos capaces de darle más luz y color? 



En definitiva

Vemos pues, como pueden evolucionar los conceptos; como, de hecho, ha evolucionado el propio concepto "infinito" o "incontenible". Por consiguiente, es importante alertar como una misma palabra no siempre contiene una misma "cosa"; y de aquí que muchos textos sean, simplemente, incomprensibles para ciertos lectores aunque hablen en el mismo idioma. Saber leer es un arte: consiste en saber "experimentar" cierta realidad.

martes, 17 de noviembre de 2020

Las tres cosas más importantes de la vida

 Las tres cosas más importantes de la vida son... vaya, las he olvidado. Quizás fuera el olvido una de ellas.




lunes, 16 de noviembre de 2020

¿Qué es la ética? ¿Es el universo moral o inmoral?

  Me gusta empezar el curso de ética con una pregunta simple y maliciosa a la vez, -¿Qué diferencia hay entre ética y moral?-. Siempre hay alguien en clase a quien tan "extraños" temas le interesan, y bien se ha leído alguna cosa al respecto o recuerda del curso anterior lo contado por otro profesor, con lo cual me responde algo como -"La ética está relacionada con el estudio fundamentado de los valores morales que guían el comportamiento humano en la sociedad, mientras que la moral son las costumbres, normas, tabúes y convenios establecidos por cada sociedad."  


Estos alumnos, al principio, tienen mala suerte conmigo al ignorar que juzgo tales parafernalias académicas como mero postureo grandilocuente; como un globo lleno de aire viciado. De modo que se quedan de piedra cuando les suelto: -Es la misma diferencia que hay entre agua y water-. En seguida se percatan que estamos ante una cuestión estrictamente idiomática: 

Ética es el término usado por los pensadores griegos y moral fue el término escogido por los romanos a la hora de traducirlo. 

Siendo honestos, no hay mucho más que decir, pero como el lenguaje es harto flexible al tener dos términos sonoramente distintos nos hemos inventado definiciones a conveniencia; con agua y water podríamos hacer lo mismo y no por eso seríamos más sabios, aunque bien podríamos montar cátedras en las universidades y vivir de ello.

Lo importante, entiendo, es que "ética" es usado por los griegos para hablar del carácter, la manera de ser o el comportamiento de las cosas ¡De todas las cosas! Pues para los griegos todas las cosas tienen alma: los astros, los ríos, las montañas, las plantas, animales, personas, sociedades, etc; y tienen alma porque son cosas animadas, es decir, manifiestan ciertos comportamientos característicos. 



De modo que no estamos ante un término limitado en exclusiva al individuo humano. Tal castración ética se la debemos en gran medida al cristianismo y a su doctrina del libre albedrío, pero que ha sido heredada y potenciada por el pensamiento contemporáneo, y posmoderno, al constituir la ética como una ciencia "estrictamente humana"; no siendo esta consideración, empero, más que una destacada alienación intelectual y un absurdo teórico.


En este sentido,  para los griegos era evidente y espontáneo pensar que el comportamiento humano no es algo singular y especial de la humanidad; que el ser humano no vive en una burbuja independiente de todo lo que le rodea, en un microcosmos para entendernos, sino que atiende en exclusivo a las propias leyes de la naturaleza que lo regulan todo. 

Heráclito decía "todas las leyes humanas se alimentan de la divina". 



Por tanto, a ojos de un pensador griego todos los fenómenos naturales tienen comportamientos (maneras de ser) determinados o regulados por leyes naturales, que son divinas e inmortales; y el ser humano no es distinto; no está sujeto a leyes especiales ni puede andar a su arbitrio por el mundo, sino que también vive gobernado por ellas. En efecto, Platón, del que conservamos mucho sobre el tema, dejaba claro que el correcto comportamiento del ser humano consistía, precisamente, en llegar a ser capaces de actuar en armonía (justicia) con todas las cosas una vez se comprendían las ocultas leyes que las regulan -Él lo llamaba "contemplar" el Bien... o percibir la existencia des de la perspectiva de la eternidad.  

Así pues, para los griegos el Universo es un agente moral: está sujeto a leyes que regulan su comportamiento, su manera de ser... sus movimientos, cambios y transformaciones ¡Sus acciones! Estas leyes obligan a todas las cosas a actuar de ciertas formas: generan en las cosas la necesidad de comportarse de un modo u otro, con lo cual introducen la predictibilidad y con ella, el conocimiento racional. Si no obedecen la ley, entonces cometen "hybris", y son castigadas por la justicia. Pues, ser justo no es más que, primero, tener la inteligencia suficiente para reconocer las leyes, y luego la fuerza y el valor para obedecerlas. ¿Se entiende por qué según Platón la "hybris trágica" es fruto de la ignorancia? 



Pero la noción de ley esconde algo más; esconde un poderío. Toda ley es la manifestación de una forma de gobierno, de poder, de imposición o fuerza ordenadora -Cuando cambia el gobierno, cambian las leyes-. Sin poder no se puede regular ni ordenar nada; no se puede ni garantizar ni hacer cumplir ninguna ley, ninguna regularidad, ninguna estabilidad... ningún "entorno fiable". En suma, sin poder hay inmoralidad: anarquía, puro capricho, irregularidad, irracionalidad, impredictibilidad o ignorancia... desorden. Un Universo inmoral es un mundo sin ley ni orden -De máxima entropía por decirlo en términos termodinámicos.  


Y aquí llegamos al quid de la cuestión 

Todos los conceptos de la física teórica, de la mecánica moderna y contemporánea, no son más que conceptos éticos, es decir, no son más que una valoración moral del universo ¡Ven el Universo como un cúmulo de acciones (fuerzas)! Que algo tan básico y fundamental no se haya querido entender, ni enseñar; que los supuestos grandes sabios del s.XX y XXI hayan callado en su mayor parte al respecto, haciendo creer que sus términos, sus fórmulas, sus ideas eran algo así como, fruto propio y exclusivo de su campo de investigación, me produce asombro, lástima y desconfianza.    

Solo me basta con analizar los tres principios fundamentales de la dinámica de Newton:

-1.La primera ley, conocida también como ley de inercia, nos dice que si sobre un cuerpo no actúa ningún otro, este permanecerá indefinidamente moviéndose en línea recta con velocidad constante (incluido el estado de reposo, que equivale a velocidad cero).

2. La segunda ley, conocida como ley de la fuerza, dice que un cuerpo pierde su inercia cuando otro cuerpo le imprime un movimiento acelerado (cambio de dirección y/o aumento/disminución del movimeinto). 

Y ahora escuchemos qué decía Platón al respecto: "El alma es eterna, dado que lo que tiene movimiento por sí mismo es eterno, mientras que lo que tiene movimiento por ser movido por otro tiene punto y final en su movimiento y su vida. Por tanto, sólo aquello que se mueve a sí mismo continua moviéndose constantemente y es, además, el origen y el principio de movimiento de las demás cosas que se mueven." Fedro, 245. 

3. Mientras que en la tercera ley de Newton, sobre la acción-reacción en toda fuerza, sólo nos basta compararla con la milenaria doctrina del Karma, y que precisamente Platón abrazó junto con la idea de la reencarnación. Cabe recordar que etimológicamente Karma parece significar "hacer" e indica que toda acción tiene una retribución o contrapartida.    



Se aprecia, pues, como la primera ley de la dinámica define lo que sería un ser libre y autónomo -un ser moral y bueno. Es más, es la definición metafísica de la libertad: cuando un ser es realmente sí mismo. Por tal motivo, Newton, fuertemente influenciado por los neoplatónicos de Cambridge, usó este concepto metafísico al pretender representar el supuesto movimiento real o esencial de los cuerpos, creando así los "sistemas inerciales", como una manifestación "extensa" de Dios. 

En la segunda ley se aprecia la definición de abuso y esclavitud; cuando un ser no es sí mismo, sino que está supeditado a otro ser, o se ve violentado por él. 

Y en la tercera ley vemos la base conceptual de la racionalidad moral, origen y fundamento de los conceptos morales de responsabilidad -culpa y mérito

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En fin, cuando uno atiende a semejantes evidencias se da cuenta con desdén de lo superfluas, pobres, incluso aleladas, que son no pocas opiniones actuales sobre la ética y la moral. Además advierte con fascinación  y una sonrisa como el comportamiento humano (y también de las sociedades) está lejos de seguir unos dogmas morales propios y especiales, reflejo aún de la supersticiosa creencia en la libre voluntad humana, sino que no dejan de ser más que naturaleza... y  nada más. 

Pero, ¿y qué es la naturaleza? 


      




 

   

sábado, 14 de noviembre de 2020

¿El equilibrio (el Ser) es una ilusión? Ley de Weber

 Una de las leyes psicofísicas más inquietantes, poco comentadas y aún así, importantes, es la ley de Weber-Feschner. Con ella empieza la psicología en cuanto a ciencia experimental, mientras se independiza de la filosofía introspectiva y trascendental.


Con esta ley, que la podéis conocer en vídeos como éste, o éste otro donde explica la percepción del tiempo, y aquí como aplicarla en las finanzas por ejemplo, se establecen los importantes conceptos de umbral relativo, y absoluto, de la percepción. La encontramos en todos los sentidos corporales y se aplica en infinidad de campos distintos.

No voy a explicar qué dice la ley ni qué es un umbral, google es vuesto amigo. Lo que voy a comentar es que tal ley no se encuentra sólo en los sentidos corporales, sino en todo sistema termodinámico -y por tanto, físico. Este hecho parece tener ciertas implicaciones en el campo de la termodinámica.


La termodinámica se fundamenta en 4 principios fundamentales, que podéis consultar en un montón de sitios web, por ejemplo aquí. Pero uno de ellos, que es el más tardío pero a la vez fundamental, no parece tener en cuenta la ley de weber. Es el principio 0 y dice: 

Si dos sistemas están en equilibrio con un tercero, entonces estarán en equilibrio entre sí. 

A nivel lógico lo podemos transcribir tal que así: si tenemos tres sistemas, A, B, C, y A=B, B=C, entonces A=C. De modo que tal ley no es más que aplicar el principio lógico de transitividad al campo de la física. En consecuencia, nada nos hace dudar de ello, hasta que vamos directos a la experiencia y observamos atónitos actuar la ley de weber ¡Vaya, el principio de transitividad no se cumple en ciertos casos!

He realizado alguna vez este experimento en clase de psicología para mostrar la ley de weber, tanto en el ámbito de la psicología como de la física. Para ello necesité de una balanza romana, que no es más que una palanca, y tres botellas de agua de 1,5L. Pero el recipiente de estas botellas era opaco -no se veía el agua en su interior- y antes de llevar las botellas a clase hice lo siguiente: la botella A la dejé intacta, de la B bebí un sorbo de agua y de la C bebí dos. 

Entonces el experimento consistió en, primero, hacer pasar distintos alumnos ante la clase y hacerles comparar la botella B, primero con la A y luego con la C. Todos afirmaban que las tres botellas pesaban lo mismo porque no percibían la "falta" de un sorbo de agua en una de ellas, y luego aplicaban la lógica: si A les parecía igual que B y B que C, entonces deducían que A tenia que ser igual a C. Pero dicho eso, les hacía comprobar empíricamente tal implicación: les daba la botella A y la C, y de inmediato apreciaban como la lógica saltaba en mil pedazos porque sus sentidos sí detectaban una diferencia de 2 sorbos de agua.

Acabado el experimento psicológico me iba al físico. Cogía la balanza romana, incapaz de detectar una diferencia de 50g, pero si de 100g, y hacía lo mismo. La balanza no "percibía" diferencia entre la botella A y la B, ni entre la B y la C, pero sí notaba la diferencia entre A y C, demostrando con ello que los sistemas físicos también tienen umbrales de percepción.



Y llegados aquí tropezamos con algo curioso: normalmente a este umbral de "percepción" de los sistemas físicos se le llama precisión o margen de error. Pero no es más que una interpretación. Esta interpretación presupone que los sistemas físicos, y sus componentes (que son también sistemas físicos), poseen internamente ciertas cualidades y que los sistemas de medida o detección (como una balanza o un termómetro por ejemplo), sirven para descubrir dicho valor ideal ¡Presupone la existencia de cualidades ocultas en la naturaleza! Y dado que los sistemas de medida siempre son "materiales" el valor que nos darán de dichas cualidades ocultas en los sistemas siempre serán imprecisos... con errores. 

De aquí la faena de elaborar instrumentos de medida cada vez más precisos: se persigue el supuesto valor ideal de las cualidades ocultas que se supone que tendrían realmente las cosas. Sin embargo esta interpretación  del mundo físico, evidentemente dogmática y por ello metafísica, puede ser desechada por otra distinta y eminentemente nihilista (perspectivista): que los sistemas físicos carecen de cualidades ocultas ideales que debamos descubrir. Por tanto, tan cierto es decir que la botella A y B pesan lo mismo como decir que no pesan lo mismo y, por tanto, no estarán en equilibrio si las ponemos en una balanza "más precisa" que la que traje en clase para el experimento.   


Bajo esta interpretación no dogmática ni metafísica -perspectivista- obtenemos ciertas ideas inquietantes:

-Múltiples objetos físicos pueden y no pueden estar en equilibrio entre sí (adquirir propiedades iguales o similares), eso dependerá de la "capacidad de percepción" del sistema físico que los contenga; de "su punto de apoyo", de su umbral perceptivo.

-Percibir no es más que ponderar/juzgar, mesurar, contraponer, valorar gradientes y equilibrios.

-El cuerpo humano, y por ende la psique, no es más que una compleja balanza.

-La ley de Weber (Percepción=k·ln(E/E0), donde k es una constante característica de cada sentido perceptivo y E0 es el estímulo mínimo perceptible (umbral), resulta ser clavada a la ley de la entropía de Boltzmann S=k·ln(W), donde S es la entropía de un sistema físico, k la constante de boltzman y W el número de microestados posibles del sistema. No resulta descabellado pensar que aquí hay una conexión íntima.