jueves, 9 de abril de 2009

De porqué Platón fue un aristócrata del espíritu

"La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco." Platón.

Aristocracia cultural

Cuando todo el mundo lee, incluso se vanagloria de ser lector, el no leer es un privilegio ¡Y uno de los más altos, distinguidos y raros! Puesto que, como todo lo bueno, el no leer también perjudica...

Hay que andar muy sobrado para aceptar y amar lo que perjudica.

lunes, 6 de abril de 2009

Montaigne

Después de leerme a Schrödinger he retomado los ensayos de Montaigne, especialmente su ensayo 'Apología a Raimundo Sabunde' en donde expone de forma profunda su visión de la ciencia.

Montaigne siempre me hace disfrutar intelectualmente ¡Incluso cuando defiende a Dios y al cristianismo me parece agradable y digno! Y aunque es muy raro que yo trate positivamente algo, ante Montaigne digo decididamente - Sí-.

"¿Son nuestros sentidos los que prestan al objeto esas diversas características mientras que sin embargo los objetos sólo tienen una? Como sabemos que ocurre con el pan que comemos; no es más que pan, mas nuestras funciones lo transforman en huesos, carne, pelo y uñas 'Repartido por el cuerpo y los miembros, el alimento desaparece creando una nueva sustancia' [Lucrecio] El líquido que chupa la raíz de un árbol se hace tronco, hoja y fruto; y el aire, aun siendo sólo uno, se diversifica al pasar por una trompeta en mil classes de sonidos: ¿Son, digo, nuestros sentidos los que dotan igualmente de distintas cualidades a los objetos, o las tienen ellos así? Y con esta duda, ¿Qué podemos resolver acerca de su verdadera esencia? Además, puesto que cuando estamos enfermos, cuando soñamos y cuando dormimos, nos parecen las cosas distintas que a los sanos, a los juiciosos y a los que velan, ¿no es posible que nuestro estado normal y nuestros sentimientos naturales doten también a las cosas de un ser a su medida y adoptado a ellos como hacen los sentimientos desordenados? ¿Por qué el equilibrado no ha de dar una forma a las cosas relativas a sí mismo, al igual que el desequilibrado, y no ha de imprimirles asimismo su carácter?
El que no tiene gusto achaca la falta de sabor al vino; el sano, el sabor; el ebrio, la embriaguez.
Y resulta que si nuestro estado adapta las cosas a sí mismo y las transforma según él, no sabemos entonces cómo son las cosas de verdad; pues todo llega a nosotros falsificado y alterado por nuestros sentidos. Cuando el compás, la escuadra y la regla están torcidos, todas las proporciones que con ellos se sacan, todos los edificios que se erigen con sus medidas, tienen a su vez e irremediablemente defectos y fallos. La inseguridad de nuestros sentidos hace que todo lo que transmiten sea incierto: 'Si en una construcción la primera regla es mala, si la escuadra engañosa se aleja de la línea recta, si el nivel cojea de un lado, todo necesariamente estará mal, torcido, hundido, inclinado hacia delante, hacia atrás sin proporción; amenazando con derrumbarse y derribándose en parte, traicionando por error de los primeros cálculos. De igual modo, si tus sentidos te engañan, todos tus juicios estarán equivocados.' [Lucrecio] POr otra parte, ¿quien podrá juzgar de esas diferencias? Lo que decimos de las disputas religiosas, que necesitamos de un juez que no pertenezca ni a un bando ni a otro, sin ideas preconcebidas ni simpatías, cosa imposible entre los cristianos, ocurre igualmente en esto; pues, si es viejo, no puede opinar sobre la manera de sentir de la vejez por ser él mismo parte integrante en este debate; si es joven, lo mismo; si sano, tampoco; o si está enfermo, si duerme o si vela. Precisaríamos de alguien exento de todas esas cualidades para que sin prejuicios juzgase de las percepciones, que le serían indiferentes; y para ello precisaríamos de un juez que no existe.
Para juzgar las apariencias de los objetos que recibimos, necesitaríamos de un instrumento atinado; para comprobar ese instrumento precisaríamos de la demostración; para comprobar la demostración, de un instrumento: henos en un círculo vicioso. Puesto que los sentidos no pueden cortar nuestra disputa por ser ellos mismos grandemente inseguros, es menester que lo haga la razón; ninguna razón se establecerá sin otra razón: henos aquí retrocediendo hasta el infinito. Nuestro pensamiento no se aplica a las cosas objetivas sino que surge mediante la intervención de los sentidos; y los sentidos no comprenden el objeto tal y como es, sino sólo sus propias sensaciones; y por tanto la idea y apariencia no son del objeto sino sólo de la sensación padecida por el sentido, y sensación y objeto son cosas distintas; por lo cual quien juzga por las apariencias juzga por cosa distinta al objeto. Y cuando dicen que las sensaciones transmiten al espíritu la cualidad de los objetos en sí mismos por el parecido, ¿Cómo pueden estar el alma y el entendimiento seguros de este parecido, si no tienen relación alguna con las cosas objetivas? Al igual que quien no conoce a Sócrates no puede decir al ver su retrato si se le parece o no. Y quien quisiera, a pesar de todo, juzgar por las apariencias no podría hacerlo por todas, pues se contradicen con sus diferencias y discrepancias, como por experiencia sabemos; ¿será que algunas apariencias mandan sobre otras? Será menester comprobar la elegida mediante otra elegida, la segunda mediante la tercera; y así nunca se llegará al final.
POr último, no hay ninguna existencia constante, ni de nuestro ser, ni del de los objetos. Nosotros, y nuestro juicio, y todas las cosas mortales, vamos fluyendo y rodando sin cesar. Así nada seguro puede establecerse del uno al otro, pues tanto el que juzga como el juzgado están en contínua mutación y en continuo cambio.
No tenemos comunicación alguna con el ser, porque toda naturaleza humana está siempre en medio entre el nacer y el morir sin dar de sí más que una sombra, una oscura apariencia y una incierta y débil idea. Y si por fortuna, dedicáis vuestro pensamiento a querer atrapar su ser, ocurrirá lo mismo que si quisiérais atrapar el agua: pues cuanto más apretéis y agarréis lo que por naturaleza fluye por todas partes, tanto más perderéis lo que queríais atrapar y retener."

domingo, 5 de abril de 2009

Orígen de la vida

La ciencia moderna, o sea, actual, es puro mecanicismo; entendiendo, por supuesto, que las ideas de "probabilidad" y "Azar" sólo tienen cabida dentro de una visión mecánica de la naturaleza.

Claro está, que la naturaleza se halla muy lejos de ser mecánica, sin embargo, parece ser que son muchos quienes no saben comprenderla si no es mecanizándola: imponiéndole tiránicamente conceptos tales como el de espacio-tiempo, de causalidad, de fuerza, de graduación, de igualdad y por tanto, diferencia, etc. Y casi todos, además, 'sacan' de su incapacidad por interpretar la naturaleza fuera de cierto orden lógico-mecánico la ridícula y absurda idea de que la Naturaleza, o sea la vida, es realmente mecánica. Eh aquí la poca honestidad intelectual de los científicos, por ejemplo, de Schröndiger cuando intenta hablarnos sobre "qué es la vida".

Me sorprende la mediocridad intelectual de los científicos en general, por no decir los camuflados intereses que esconden muchas ecuaciones supuestamente neutras y objetivas (como la de la relatividad general) ¡Qué me digan que las leyes que nos inventamos para comprender cuanto nos acontece son constitutivas de la naturaleza, como nos predican Hawking o Penrose o Vilenkin o...! Para mí no son más que intentos de los "operarios técnicos" de justificar socialmente su tarea... y a poder ser, granjearse cierta reputación ¡Eh aquí la vanidad de los mecánicos!

Me río para no llorar cuando veo, sorprendido, cómo creen ciegamente, tal si fueran niñitas adolescentes, que con un telescopio o un microscopio van a 'ver' el origen de la vida o del Universo ¡Cuando esta pregunta es absurda! Pero eh aquí un planteamiento digno de simios ¿Queréis que demuestre lo que digo? La verdad, me da palo y que cada cual indague por su cuenta lo que cuento ¡No querréis que os lo pase todo por el comedero!

A mi entender hay que replantear a fondo, desde sus principios básicos, toda la ciencia moderna y contemporánea, y sacarle toda esa teologia y ese dogmatismo enquistado que arrastra. Pero, ¿quien tiene la fuerza y el vigor intelectual suficiente para ello?



viernes, 3 de abril de 2009

Vanidad

Sólo se alaba y se aplaude aquello que uno reconoce y entiende, acaso porque, de algún modo, se siente partícipe ¿Serán vanos toda crítica y aplauso? Quizás, pero gracias a ello nos sentimos vivos.

A nadie le molesta su propia vanidad, en todo caso es la de los demás la que incordia. A fin de cuentas, nadie "tiene" un criterio y un gusto tan detestable como aquellos quienes ensalzan y vitorean cuanto nosotros detestamos, aburrimos, rechazamos.

miércoles, 1 de abril de 2009

Mentiras y ciencia

Nos resulta inevitable vivir con mentiras o si más no, con engaños y fantasías. La verdad raramente resulta útil, ¡sin embargo solemos llamar verdad a lo que nos sabe útil y exitoso para nuestros intereses!

Por ejemplo, la mecánica moderna y contemporánea, fundamentada en el cálculo o el análisis y el empirismo para nada nos cuenta la verdad del mundo, pero nos resulta sumamente útil para controlar, predecir y en este sentido, comprender cuanto experimentmos. Y es precisamente porque nos resulta útil para potenciar nuestra vida, para proporcionarnos cierto éxito y dominio sobre la naturaleza y nosotros mismos que la llamamos, inocentemente, ciencia, o sea, opinión verdadera.

Hasta que los "científicos" no se den cuenta de esto, la ciencia no podrá superarse a sí misma.

Y damos gracias a las religiones

Nosotros, los ateos... Los que no creemos en Dios simplemente porque no sentimos ni notamos nada que habite dentro de nuestros corazones ni por encima de nuestras cabezas; nosotros que apenas nos preocupamos por dar razones inapelables que demuestren de forma irrefutable la no existencia de Dios, ya que tenemos otras cosas con que 'perder nuestro tiempo' y nuestro ingenio; nosotros, digo, agradecemos la existencia de estas religiones místicas que llevan ya tiempo dominando a las masas con sus preceptos, sus espectáculos y sus fiestas. Gracias a ellas tenemos un motivo más para reirnos del hombre y menospreciarlo ¡Qué sería de esa magnífica y cruel película de Monty Python "La vida de Brian" sin conocer el cristianismo, el judaísmo, incluso, los revolucionarios! No la entenderíamos... nos parecería absolutamente absurda.

Nosotros, los más radicalmente ateos, tan ateos que incluso pasamos de ser laicos porque también olemos allí una teología y 'pienso' para masas, admitimos tener cierto aprecio hacia estas miserias espirituales humanas, las religiones místicas, por el grotesco espectáculo que nos brindan. Gracias a ellas, casi que conocemos mejor la verdad y a nosotros mismos... ¡Por puro contraste!

Gracias a ellas sabemos que los hombres no son iguales.